Hay ausencias que duelen en la distancia, pero existen presencias que queman por dentro. Puede que te haya pasado: has vivido una relación a distancia, y aunque no ha sido fácil, mucho más difícil te ha parecido superar el desamor (o la falta del mismo) de alguien a quién tenías cerca. Es posible que si lo has sentido entiendas, entonces, una de las frases atribuidas a Gabriel García Márquez que más han logrado definir con tanta precisión el abismo del amor no correspondido o imposible: "La peor forma de extrañar a alguien es estar sentado a su lado y saber que nunca lo podrás tener".
¿Quién fue Gabriel García Márquez?
Conocido como Gabo, Gabriel García Márquez (1927-2014) fue uno de los escritores más reconocidos del siglo XX y comienzos del XXI, autor de las principales obras del realismo mágico, como Cien años de soledad o Crónica de una muerta anunciada. Periodista antes que novelista, el trabajo del colombiano se caracteriza por una ambientación y un detalle exquisitos, además de una mezcla perfecta entre realidad y fantasía.
En 1982 recibió el Premio Nobel de la Literatura, tres años antes de escribir El amor en los tiempos del cólera, obra en la que relata la historia de sus padres y da muestra de un romanticismo absoluto. Tal vez por ello, siempre se ha creído que la frase que hoy analizamos pertenecía a Gabriel García Márquez. Sin embargo, como reveló el Centro Gabo, estas palabras no pertenecen al escritor, sino que forman parte de un texto apócrifo que circuló a comienzos de los 2000 en internet.
¿Qué significa esta frase?
A pesar de no pertenecer a Gabo, la frase "la peor forma de extrañar a alguien es estar sentado a su lado y saber que nunca lo podrás tener" tiene una potente carga emocional. Para comprenderla y averiguar cómo sanar cuando nos encontramos en esta encrucijada, hemos hablado con Beatriz Gil Bóveda, psicóloga especialista en autoestima, liderazgo y bienestar emocional, además de CEO & fundadora de Psique Cambio (www.psiquecambio.com). Antes de analizarla profundamente y desentrañar todo lo que se esconde detrás de este sentimiento, la especialista señala: "Hay pocos sentimientos tan difíciles como querer a alguien y saber que esa relación no puede ser".
Si bien, todo el que no lo haya sentido, podría interpretar la frase como una sentencia carente de sentido, conviene, según la experta, entender primero el concepto de distancia: "A veces pensamos que solo echamos de menos a quien está lejos, pero también podemos sentir una profunda soledad cuando esa persona está cerca y sabemos que nunca podremos compartir con ella el vínculo que deseamos", señala.
En el fondo de este sufrimiento late un choque directo contra nuestros propios límites: "Lo que más duele no es solo la ausencia, sino la impotencia. Descubrir que, por mucho que queramos a alguien, no siempre podemos cambiar la realidad. Hay sentimientos que no son correspondidos, momentos que no llegan o circunstancias vitales que hacen imposible una relación. Aceptar que no todo depende de nosotros suele ser una de las partes más difíciles del proceso", añade la terapeuta.
Por qué cuesta tanto distanciarse de alguien
Estar atrapados en un amor irrealizable desencadena un auténtico terremoto emocional. El no poder estar con alguien a quien amamos o queremos mucho genera multitud de reacciones que, aunque no siempre son comunes, pueden provocarnos gran malestar. Como explica Beatriz Gil, ""cuando no podemos estar con alguien a quien queremos, es normal sentir tristeza, frustración, rabia o incluso ansiedad. También es frecuente quedarse enganchado a la idea de lo que podría haber sido, imaginando una historia que nunca llegó a ocurrir. Esa esperanza puede hacer que nos cueste mucho cerrar esa etapa y seguir adelante".
Pero la experta va incluso más allá y señala que este bloqueo puede llegar a minar la percepción que tenemos de nosotros mismos: "Además, esta situación puede afectar a nuestra autoestima si interpretamos que no ser correspondidos significa que no somos suficientes. Sin embargo, en la mayoría de los casos no tiene que ver con nuestro valor personal, sino con circunstancias, momentos vitales o sentimientos que simplemente no coinciden", matiza la psicóloga.
Por eso, una de las claves principales pasa por validar la pérdida, aunque esta nunca haya llegado a materializarse en el plano real: "Es importante entender que también necesitamos hacer un duelo por aquello que no ha podido ser. Aunque nunca haya existido una relación, perdemos una ilusión, unas expectativas y un futuro que habíamos imaginado. Y, como cualquier pérdida, necesitamos tiempo para elaborar ese duelo y recolocarnos emocionalmente", advierte la CEO de Psique Cambio.
Guía práctica: estrategias para sanar y pasar página
Superar un afecto que no puede florecer requiere paciencia, autocompasión y reajustar la mirada. Y, aunque la teoría parece fácil, lo cierto es que llevarla a la práctica puede ser una tarea bastante ardua si no se dispone de las herramientas emocionales suficientes para hacerlo.
Aunque cada caso se debe tratar de manera personalizad, Beatriz Gil Bóveda comparte las pautas básicas para transitar esta etapa con madurez emocional:
- Permítete sentir: "Lo primero es permitirnos sentir. Muchas veces intentamos convencernos de que 'no debería afectarnos tanto', pero el dolor no entiende de etiquetas. Aunque nunca haya existido una relación, también necesitamos hacer un duelo por esa ilusión o por ese futuro que habíamos imaginado".
- Acepta los límites de tu control: "Después, es importante aceptar que no todo está en nuestras manos. No podemos obligar a alguien a sentir lo mismo ni cambiar determinadas circunstancias. Aceptar la realidad no significa dejar de querer a esa persona, sino dejar de luchar contra algo que no podemos controlar".
- Desmonta la idealización: "También ayuda dejar de idealizar. Cuando estamos enamorados tendemos a quedarnos con la versión que hemos construido de esa persona o de la relación, olvidando que la realidad suele ser mucho más compleja."
- Vuelve a ser tu propio centro: "Es fundamental volver a dirigir la atención hacia nosotros mismos. Recuperar nuestras rutinas, cuidar nuestras relaciones, hacer aquello que nos hace sentir bien y recordar que nuestra felicidad no puede depender exclusivamente de una persona. Poco a poco, el dolor deja de ocupar todo el espacio y empezamos a construir nuevas experiencias".
Al final, como nos recuerda la especialista, la célebre cita atribuida a García Márquez no tiene por qué ser una condena a la melancolía, sino una valiosa lección de vida: "Nos recuerda que no siempre sufrimos por la distancia, sino por aquello que deseamos y no puede ser. Y aunque aceptar esa realidad lleva tiempo, también puede convertirse en una oportunidad para aprender a soltar, cuidarnos más y construir relaciones donde el amor y el compromiso sea recíproco y posible", concluye Beatriz Gil Bóveda.











