A sus 71 años, Ana Obregón volvía a dejar una de esas frases que resumen en gran medida el momento vital que atraviesa: "Mi deporte es mi niña, que no para, porque está todo el día andando, corriendo de aquí para allá. Y ese es". Y para muestra unas recientes imágenes que lo confirman, disfrutando de una divertida jornada de playa con la pequeña, que ya ha cumplido los tres años, en su adorada Mallorca, Ataviadas con sus bañadores rojos, abuela y nieta no dudaron en pasear por la playa, jugar con la arena y darse baños en las aguas del Mediterráneo.
Una escena que refleja una realidad que cada vez nos resulta más familiar: la de mujeres que, pasada la barrera de los 60 o los 70, despliegan una energía incombustible para seguir el ritmo vertiginoso de los más pequeños de la casa.
Todo parece indicar que la imagen tradicional de la abuela sentada en el sillón tejiendo o haciendo recetas a fuego lento convive con lo que podríamos llamar el ‘síndrome de la abuela incansable’: mujeres activas, en pleno rendimiento físico y mental, para quienes cuidar y jugar con sus nietos se ha convertido en el mejor entrenamiento y en el principal motor de rejuvenecimiento, tanto a nivel físico como mental.
Una madurez que rompe moldes
Ana Obregón encarna a la perfección esta nueva etapa. No es el único ejemplo, pues hace poco, Ana Boyer hablaba de cómo su madre, Isabel Preysler, jugaba al escondite cada noche con sus hijos.
Para muchas mujeres de esta generación, estar a tope con los pequeños no se vive como una carga pesada, sino como una dosis extra de vitalidad. Y todo esto tiene efectos positivos, pues el contacto entre las dos generaciones estimula la mente y no hay duda de que ayuda a los abuelos a mantenerse en movimiento continuo.
Todo esto tiene ventajas tanto para los abuelos como para los nietos. Alfonso Méndez, psicólogo del Instituto Centta, nos explica, por ejemplo, que “la actividad física moderada y sostenida en el tiempo, como la que exige perseguir a un nieto hiperactivado, tiene beneficios cardiovasculares y de movilidad bien documentados en personas mayores”.
Pero para el experto, el efecto más interesante es, sin duda, el psicológico. “El juego con nietos mantiene activo el propósito vital y la sensación de ser necesitado e importante, dos factores que la literatura gerontológica asocia directamente con menor riesgo de depresión y deterioro cognitivo. No es solo una expresión bonita decir que los nietos ‘rejuvenecen’, es que hay una base real en cómo la implicación social activa y con sentido protege el bienestar físico y mental en la vejez. Eso sí, conviene recordarles a los abuelos que el entusiasmo no sustituye al fisioterapeuta si algo cruje más de lo debido, porque aunque esté muy documentado el beneficio, no pueden detener el reloj”, nos comenta.
En el caso de los más pequeños, los beneficios también son evidentes. “Cuando el abuelo y el nieto corren juntos, se ríen, se agitan y se calman juntos, el sistema nervioso del niño aprende, en el cuerpo y no solo en la cabeza, que la activación intensa puede terminar en seguridad y risa compartida. Eso es oro puro para la regulación emocional futura”, añadía Alfonso Méndez.
Un nuevo modelo de madurez activa sin olvidar la necesidad de cuidarse
Sin embargo, detrás de esta energía incombustible también hay un debate necesario sobre el ritmo y los límites. Jugar con los nietos fomenta la movilidad articular, el equilibrio y la agilidad, actuando como un verdadero escudo contra el sedentarismo, y tener una rutina diaria con los pequeños aporta una motivación muy clara para levantarse con ilusión y una profunda sensación de utilidad y amor incondicional. Pero aunque la motivación sea infinita, el paso del tiempo también implica que se necesiten momentos de descanso y recuperación diferentes. Reconocer el cansancio no restará amor ni vitalidad, sino que forma parte del autocuidado indispensable para poder seguir estando presente.
Lo que parece evidente es que la abuela del siglo XXI no solo cuida. Corre, salta, se adapta a las nuevas dinámicas. Tener la energía de una abuela incansable es, en el fondo, una declaración de intenciones.







