Descubrimos a Manuela de Arenzana, nieta de Raphael: "Mis amigos, cuando conocen a mis padres y mis abuelos nunca esperan que seamos una familia tan normal"


Hija de Alejandra Martos y el empresario Álvaro Arenzana, esta joven diseñadora de interiores nos demuestra el difícil arte de ser joven


Manuela de Arenzana, hija de Alejandra Martos, posando para ¡HOLA!© JESÚS ISNARD
Luis NemolatoDirector especiales ¡HOLA!
4 de agosto de 2026 a las 6:00 CEST

En el centro del salón, una gran mesa de roble cubierta por un mantel de hilo bordado, una lámpara de araña de cristal y, alrededor, decenas de recuerdos: unas matrioskas de cuando el abuelo estuvo en Moscú; la foto de la abuela, en un marco mid century, en donde aparece, con unos profundos ojos verdes delineados, entrevistando a Mick Jagger; un cartel del teatro Olympia, de París, en el que se puede leer "Billets épuisés: Le Grand Succês de la Star Espagnole"; algún lienzo de factura barroca con angelotes de carnes prietas de color pastel; trofeos, muchos, por todas partes, y discos. De oro, de platino… 

¿La chimenea? Al fondo. Y en el otro extremo, un enorme pavo real de bronce dorado pendiendo del techo, con la cola desplegada en millones de cristales multicolores, como recién salido de una película de los 70, De Acapulco o de El golfo… Y en torno a esa mesa de patas torneadas, una familia. 

Manuela de Arenzana enfundada en un 'total look' de Fendi y joyas de Aristocrazy© JESÚS ISNARD
Hacer este reportaje ha sido como un viaje. Un viaje a lugares de ella misma que desconocía. Vistiéndose con un 'total look' de Fendi y joyas de Aristocrazy, como vemos en esta imagen. Especialmente, porque gran parte de la sesión la ha hecho descalza, en el césped, en la piscina, cuando ella es una enamorada de las botas: "Botas de tacón. Creo que podría tener armarios y armarios llenos de botas"

Una familia que habla de sus cosas, solo que "sus cosas" son el arte, el cine, el periodismo, la pintura, la fotografía, la música… Porque los abuelos, y vamos a lo más "corriente" que han hecho, se casaron en San Zaccaria de Venecia; porque su madre restaura obras maestras de Carpaccio, de Degas...; porque sus tíos dirigen: uno, a actores, y el otro, la carrera artística de ídolos del rock. Perdonen la expresión, pero imaginar esta escena mientras la entrevistamos es… "muy guay". 

Es como entrar en Call me by your name, en donde los personajes, de repente, comen uvas y rajas de sandía mientras charlan acaloradamente. Y ríen. Y se miran y se escuchan… Al tiempo que suena la banda sonora Une barque sur l’ocean, de Ravel. Esta "ensoñación" viene por lo que nos cuenta la protagonista de esta pieza. 

"Siempre he sido demasiado autoexigente y perfeccionista. Ha sido mi madre la que me ha tenido que decir: “Oye, Manuela, tranquila, no tiene que ser todo perfecto"

Sobre esos momentos íntimos, sencillos, casi sin importancia, que, sin embargo, tienen toda la trascendencia. En la forma de ver y entender el mundo; en lo que uno aprende; en lo que uno es. Porque esa familia es la familia Martos. La que construyeron Raphael, ese coloso de uranio al que debemos himnos como Yo soy aquel o Hablemos del amor, y Natalia Figueroa, la Oriana Fallaci del periodismo español, con sus tres hijos: Jacobo, director de cine; Manuel, músico y productor ejecutivo en Universal, y Alejandra, responsable del área de Restauración del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza. Ella, Alejandra, es su madre. La madre de Manuela de Arenzana Martos, y ambas son como dos gotas de agua. 

Y la metáfora no por evidente deja de ser menos audaz, porque aquí no la hemos elegido al azar. Porque ambas son cristalinas, refrescantes… naturales. Manuela es, con una juventud insultante, arrolladora como un torrente. Llena de ilusiones, de ambiciones, de cosas que la fascinan y la arrebatan. Desde el rosa mexicano a la fotografía en blanco y negro, de Mies van der Rohe a la naturaleza salvaje, de las tablas de surf a las pistas de atletismo. Está dispuesta a comerse el mundo, y el mundo, gracias a las personas que se sientan a su lado en esas reuniones pantagruélicas, es mucho mejor porque viven en él.

Manuela de Arenzana, nieta de Raphael, posa para HOLA© JESÚS ISNARD
La moda le gusta. De hecho, todo lo que tenga que ver con el diseño, el dibujo (los patrones), el color… diríamos más: le chifla. "Podría estar horas viendo fotos… y dibujando. Me encanta. ¿Y sabes qué? Dibujar y fotografiar a mis amigas todo el rato es un 'hobby'". No obstante, es ahora cuando, en su ropa, se está reconciliando con otras lineas fuera de las puras y una paleta de color alternativa al blanco, negro y beis. "Supongo que no estaba inspirada, y ahora, no es broma, 'quiero color'". Un ejemplo, con un vestido de Silvia Tcherassi y joyas de Rabat

Conocemos a toda tu familia, pero ¿quién es Manuela Arenzana Martos?

Uf, una persona bastante normal, para empezar. A ver, ahora mismo… todavía… yo no soy nadie.

¡Eso no es cierto!

Quiero decir, que soy una persona muy normal. Una persona de 20 años como cualquier otra. Aunque, eso sí, con una familia a la que le ha ido muy bien en el trabajo, pero muy normal también.

Aunque con unos apellidos que son historia de la cultura y la memoria sentimental colectiva, Manuela. ¿Pesa mucho? Para crear tu propia identidad, ¿no es un poco rollo?

Mi familia nunca ha hecho que eso pese, ¿sabes? Nos han enseñado siempre que tú eres tú y que eso es lo que importa. Y que tú te tienes que presentar como tú misma y no como "nieta de" o "hija de"... A mí, eso me gusta. De hecho, amigos míos, cuando me he cambiado de colegio y tal, se han enfadado conmigo cuando se han enterado de quién era: "¿Cómo no me lo has dicho, tía?". (Risas). Pero es que yo no me presento de ninguna manera. Soy Manuela Martos. ¿Que el apellido pesa? Claro. O no (risas). Yo intento que no pese…

"La psicología siempre me llamó la atención. Sobre todo, el comportamiento humano y la criminología, pero ese no era mi camino"

Yo creo que sería tontísimo… Entiendo que eso de que no se te suba a la cabeza el 'ser famosos' se aprende...

(Risas). A ver, sí. Si mis padres, mis abuelos o mis tíos no hubiesen puesto tanto empeño y esfuerzo en normalizar todo y que creciéramos como gente sencilla, no seríamos "sencillos". Es una cuestión de educación.

Pero ¿cómo es ese momento en el que una se da cuenta de que, por ejemplo, su abuelo es una estrella?

A mí me hace gracia. En mi cabeza está mi abuelo, pero, luego, también está el cantante, y es como si ambas cosas se toparan pero no se toparan a la vez. Es raro. Mi abuelo es el que está en casa, con el que vamos a comer… Y luego está ese hombre que se sube al escenario y... ¡Buah! Y piensas: "Pero si hace diez minutos estaba en el camerino ejerciendo de abuelo y... ¿ahora? ¡No entiendo!". (Risas). Porque, sí, es ese monstruo que hace cosas impresionantes pero es que… es MI abuelo.

Y por si tuviéramos poco, luego está tu abuela...

(Risas), Tengo la suerte de poder decir que en mi familia, absolutamente todos, son admirables. Gente de la que aprendes mucho…

Vestida de Etro© JESÚS ISNARD
Vestida de Etro

¿Y de los que dan consejos o de los que te dicen: 'Up to you, guapa'?

(Risas). No es tanto eso, porque cuando he tenido algún problema, ahí han estado todos, pero sí que, en mi familia, te dan la oportunidad de que seas tú quien decida. Es más, hay veces que no necesitas pedirles ayuda sobre cómo actuar, porque basta con prestar atención a cómo ellos actúan para que te enteres (risas). Te ayudan a crecer. Y si te has equivocado, no pasa nada, cambia. Y mejora.

¿Cómo es vivir en un ambiente con tanta sensibilidad artística?

No sabes lo que es sentarse un domingo a comer. O sea, tienes a uno hablando de cine, los otros de música, de arte, de fotografía... Te nutres tanto de tantas cosas…

No sabes qué suerte tienes...

Sí lo sé. Inmensa.

"Mis vivencias en México se reflejan en mi carrera. Sus colores y su arquitectura. Es parte de mi crecimiento personal"

A ti, el mundo del escenario, ¿nada? Porque empezaste Psicología...

Tú lo has dicho, "empecé"... Pero no era mi camino. Fue mi madre quien me abrió los ojos porque, para que te hagas una idea, yo en cuarentena reorganicé mi cuarto a lo mejor ¿50 veces? (Risas). Y todo el día me lo podía pasar viendo fotos de casas, hoteles… Era mi vena artística que…

Por algún lado te tenía que salir.

(Risas). Supongo. Y ha sido en el interiorismo, en el diseño. Porque toda mi vida me ha gustado dibujar, pero nunca pensé que pudiera ser algo a lo que me pudiera dedicar para ganarme la vida. Y fue una suerte porque…

Te diste cuenta de que tu arte está en ver un espacio y cubrirlo o descubrirlo.

Exacto.

Manuela de Arenzana posa dentro de una piscina para numero veraniego de moda© JESÚS ISNARD
Le encantan las piezas con historia… O mejor dicho, las prendas que, de repente, redescubre con ojos nuevos —y adultos— en el vestidor de su madre. "No sabes las veces que me meto en su habitación a robarle la ropa (risas). Está harta, pero le digo: 'Mamá, es ley de vida' (risas). A ver, que luego va todo de vuelta al armario perfectamente colocado, no te vayas a creer...". En esta imagen, no ha hecho falta que lo "ratoneara" de ninguna parte. Con un 'look' de Desigual y pulseras de Aristocrazy

Me ha divertido que, en un momento en el que te estábamos haciendo fotos, has dicho: 'Uf, me siento como en el centro de atención'. Y me has recordado a tu madre, para quien el arte se vive desde la retaguardia.

¿Sabes lo que pasa? Que tampoco estoy acostumbrada a ser el centro de atención, y entonces, sí, estar detrás es más mi zona de confort. Una zona que, también a veces, hay que romper, claro. Aun así, actuar fíjate que… no podría. Me da mucha vergüenza, no podría. 

Pero posar es una forma de actuar en realidad… 

Sí... pero no. Eso se lo voy a dejar a mi hermano, que está estudiando interpretación. 

¡Anda!

Y se le da superbién. O sea, es muy "crack". 

"A los nueve años, me diagnosticaron diabetes, y si te cuidas, lo controlas, haces deporte, puedes vivir genial. No puedes abandonarlo porque, a la larga, puede no haber a la larga"

¿Cómo os lleváis?

Ahora bien, pero hace unos años… (Risas). A matar. Porque él era muy pequeño y yo, una adolescente tonta. Luego él se volvió adolescente y yo seguía siendo tonta (risas). Pero ahora muy bien…

¿Eso pasaba cuando os fuisteis a vivir a México? ¿Cómo viviste aquellos años de 'teenager' y cómo fue el regreso a España?

Para mí, México significa los mejores años de mi vida. Me encantó. Fíjate que yo estaba negada a irme en un principio. Tenía doce años y de repente: "Te vas a México". Y yo: "¿Qué?". Pero recuerdo que mi padre me dijo: "El día que tengamos que volver a Madrid, llorarás". Y efectivamente. Fueron los mejores tres años de mi vida.

¿Cómo transformó tu forma de ver el mundo?

Para cualquier persona, vivir fuera de tu burbuja digamos que te abre la cabeza. Si tú estás en el mismo sitio siempre, hay veces que no ves otras realidades. A mí me cambió. O mejor dicho, ha hecho que me desarrolle de manera distinta a si me hubiera quedado en España. Y mi madre dice que, cuando hablo con mis amigas de México, cambio el acento automáticamente (risas).

Oye, y dicen que cuando uno viaja a México es cuando realmente aprende a saber qué es el color…

Y lo flipas.

En la imagen la familia entera de Raphael durante los Grammy© Getty Images
El linfoma que padeció su abuelo en las navidades de 2024 fue un zarpazo tremendo para toda la familia. "Había estado con él solo una semana antes y, de repente, nos llamaron y nos dijeron que se lo habían llevado a urgencias". Pero el susto, con una salud de hierro casi sobrehumana, quedó en eso, en susto. Y la familia entera se resarció con el Grammy a la Persona el Año. "Y no habían pasado ni once meses… De repente fue algo inexplicable. Él, subido otra vez al escenario de los Latin Grammy. Estaba emocionado, pero nosotros... no te lo sé ni describir"

¿Tanto? ¿Ha influido en tu paleta de color mental?

Completamente. Yo estoy obse­sionada con el rosa mexicano, ese rosa potente, pero rosa. Me encanta. Imagino espacios diáfanos, ¿no?, y de repente una alfombra rosa. O un azul vibrante. Fíjate que creo que mis vivencias en México, en un futuro, se reflejarán en todo mi trabajo. Es parte de mi crecimiento personal…

Como un amuleto. 

Sí, como los anillos que todos los veranos compro en la misma tienda de Ibiza. Forma parte de un ritual. Creo que me dan buena suerte

¿Y es real?

Claro. El del año pasado, mogollón. Me gradué, volví a hacer deporte, o sea, volví al atletismo....

Es verdad, tu faceta atlética... De ahí esos saltos y esas torsiones para la sesión de fotos.

(Risas). Se intenta, se intenta. Pero el atletismo, la verdad, me encanta y lo disfruto mucho, y los amigos que tengo en el deporte son lo más importante. 

"Miro a mi abuelo y veo que todo lo que hace es impresionante a más no poder. Es una superestrella, pero en mi cabeza no es una persona famosa, es solo mi abuelo", nos confiesa Manuela sobre el mítico Raphael

Entiendo que el atletismo te sirve también para descongestionar muchísimo.

Eso me lo dicen en casa. Si he tenido un día muy frustrante, con los proyectos finales de la carrera, me iba a entrenar y volvía como nueva. El atletismo es un deporte que he hecho desde pequeña… aunque luego, con la adolescencia, que es mala (risas), dejé, pero me quedó la espinita

¿Tan tremenda fuiste de quinceañera?

Un terremoto, porque el pavo me vino pronto y fuerte. Nunca he sido mala, pero sí traviesa con un puntito extra de rebeldía (risas). No hacía tanto de que me hubieran diagnosticado la diabetes... y eso me afectó.

La enfermedad cambió tu forma de ser…

Bastante. Empecé a padecer de diabetes con nueve, casi diez años, y era una niña pequeña. Entonces, por mucho que yo me inyectase la insulina y tal, eran mis padres los que se encargaban de mí… Pero vino la adolescencia y mis padres ya no podían estar tan encima, y fue ahí cuando tuve un par de visitas a la UCI... No me cuidaba.

Manuela de Arenzana en una sesión editorial de moda© JESÚS ISNARD
Con vestido de Victoria Cimadevilla y joyas de Rabat

Centraste ahí toda tu rabia…

Sí, porque me rebelaba contra lo que me pasaba... Lamentablemente. Pero una crece, a Dios gracias (risas), y como te las pegas bastante, dices: "Si no me cuido, a la larga voy a tener problemas". Porque de verdad te digo, con la diabetes, si la llevas bien, con apoyo, trabajo, cuidados… vives genial. 

Hay que ser disciplinado, constante… Porque no todos somos de 'uranio', como tu abuelo, y él es un ejemplo.

¿Y sabes qué? No te puedes imaginar cuánto.

Texto

LUIS NEMOLATO

Fotos

JESÚS ISNARD

Producción

THE CREW

Estilismo

SAM SANZ

Maquillaje y Peluquería

MARIO RUBIO 

Foto adicional

GETTY IMAGES 

Look 2 y 3

PULSERAS Y PENDIENTES DE SINGULARU

Look 4

COLLAR DE SINGULARU