Sigfrido Serra, interiorista, advierte sobre los errores que hacen que tu casa parezca más barata: "Un gran presupuesto no va ligado al buen gusto"


Una casa pierde categoría cuando se decora sin concepto ni coherencia, no cuando el presupuesto es ajustado


Retrato del interiorista Sigfrido Serra© Sonia Sabnani
5 de noviembre de 2026 a las 6:59 CET

Hay decisiones aparentemente pequeñas que ‘elevan’ de inmediato la percepción de calidad de una casa sin necesidad de grandes inversiones. El interiorista Sigfrido Serra (www.sigfridoserra.com) las encuentra desde la iluminación hasta la selección textil.

“Otra cuestión fundamental es el color. A veces, simplemente pintando una estancia con una tonalidad bien elegida conseguimos transformarla por completo”, comparte.

Y existe otro gesto al alcance de cualquiera: “Me sorprende la cantidad de veces que podemos mejorar una habitación simplemente cambiando la posición de algunos elementos de mobiliario”, añade Sigfrido, quien nos revelará los errores que hacen parecer barata una vivienda.

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Un comedor de piezas voluminosas pero que muestra la falta de relación entre sus elementos© Clay Banks / Unsplash

Mobiliario caro, resultado pobre: lo que decide es la relación entre las piezas

El error que más abarata una casa, en opinión de Sigfrido, es no cuidar los detalles. Una idea que enlaza con la célebre sentencia de Mies van der Rohe: ‘Dios está en los detalles’.

Lo explica con una imagen muy gráfica el interiorista: “Puedes tener un sofá maravilloso, una lámpara de diseño y una mesa carísima, pero si no existe una relación entre ellos, y el espacio no está cuidado al detalle en sus formas, concepto y sobre todo en la materialización, el resultado puede ser un auténtico desastre”.

También empobrece visualmente un espacio la falta de criterio, que se traduce en proporciones equivocadas, una iluminación mal resuelta, materiales que intentan aparentar lo que no son o una mezcla de elementos sin hilo conductor. Frente a ello, Sigfrido defiende que una vivienda necesita un concepto y una historia detrás de cada decisión. “No se trata de cuánto cuesta lo que ponemos, sino de cómo lo ponemos y, sobre todo, por qué lo ponemos”, resume.

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Dormitorio con un cuadro en tamaño ‘XXL’ que concentra la atención sin que nada compita con él© FHE para Sigfrido Serra Studio

Mucho dinero y poca elegancia: la paradoja de las casas más caras

Hay viviendas en las que se ha invertido mucho dinero y, sin embargo, el resultado no transmite elegancia ni sofisticación. Sigfrido lo ve con bastante frecuencia: se destinan cantidades enormes a materiales, mobiliario o elementos decorativos, pero se olvida construir una identidad propia para el espacio. “¡Un gran presupuesto no va ligado al buen gusto!”, sentencia.

El problema lo ha tenido delante en más de una ocasión. “Me he encontrado con viviendas en las que todo quería ser protagonista. La piedra más espectacular, la lámpara más grande, el sofá más exclusivo, los revestimientos más llamativos... ¡Y claro, cuando todo quiere hablar al mismo tiempo, al final no escuchamos nada!”, relata.

En su estudio trabaja mucho las jerarquías visuales o ‘capas’: elementos de muchísimo carácter que conviven con otros que acompañan y permiten respirar al espacio. Así ocurre en este dormitorio, donde el foco recae en un cuadro de tamaño XXL del valenciano Manolo Valdés, una reinterpretación muy actual de Las Meninas despojadas de su solemnidad barroca, mientras la bañera exenta y la butaca quedan en un segundo plano. “La sofisticación tiene mucho que ver con saber cuándo intervenir y cuándo no hacerlo”, subraya.

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Materiales, colores y detalles se disputan la atención en este salón amplio y luminoso© Gustavo Galeano Maz / Pexels

Lujo silencioso frente a ostentación: la línea que separa lo caro de lo vulgar

La línea que separa el lujo silencioso de la ostentación no tiene que ver con el presupuesto. Un interior sofisticado, explica Sigfrido, se reconoce por su equilibrio, su proporción y una buena selección de materiales, y no necesita estar lleno de piezas icónicas ni de acabados extraordinarios. De hecho, le encantan las viviendas que transmiten muchísimo con materiales sencillos utilizados de una manera inteligente.

“Creo que la vulgaridad aparece cuando intentamos aparentar algo que el espacio realmente no es”, sostiene, y la identifica con gestos como forzar materiales, exagerar determinados elementos o buscar impresionar de forma constante.

Eso sí, aclara: “¡Esto no significa que tengamos que hacer casas discretas! A mí me encanta el color, los contrastes y las decisiones atrevidas”.

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Un baño con dos duchas y una bañera que se asoma a un verde jardín© Atlas Concorde

Veteados exagerados y dibujos repetitivos delatan el artificio

Sigfrido se confiesa gran defensor de la honestidad de los materiales. “Me gusta que una madera parezca madera, que una piedra exprese su naturaleza y que un revestimiento tenga una razón de ser arquitectónica dentro del proyecto”, explica.

Uno de los errores que más me le llaman la atención es utilizar imitaciones que intentan reproducir materiales muy exclusivos sin conseguirlo. Los mármoles de veteado muy marcado o las maderas con dibujos excesivamente repetitivos pueden generar un efecto bastante artificial, y la solución pasa por seleccionar bien el producto y estudiar su formato, sus juntas, su textura y, sobre todo, cómo dialoga con el resto del espacio.

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Rosas, rojos y azules se combinan con elegancia en un salón de estilo moderno© FHE para Sigfrido Serra Studio

Blancos, grises y beiges no son el único camino hacia la elegancia

El color es una de las grandes pasiones de Sigfrido, y por eso identifica con claridad el error más habitual: utilizarlo sin entender cómo funciona dentro de un espacio. “Los colores no existen de manera aislada: cambian según la luz, los materiales que los acompañan y las proporciones en las que los utilizamos”, explica.

Tampoco comparte la idea de que la elegancia exija recurrir a los blancos, los grises o los beiges. “Hay combinaciones cromáticas maravillosas que pueden resultar tremendamente sofisticadas: un burdeos con un rosa empolvado, un verde profundo con tonos tierra o incluso determinados contrastes entre rojos y azules”, enumera. Lo importante, matiza, es construir una armonía y establecer jerarquías.

Lo demuestra en un salón firmado por su estudio, con tonos encendidos como el fucsia o el azul eléctrico, en una combinación que él mismo califica de elegante y optimista. En definitiva: un gran acierto cromático.

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Una cocina con ‘office’ donde la luz se reparte por capas© Simone Furiosi para Arnouva

Un mal proyecto lumínico arruina el resultado final

Una iluminación acertada transforma por completo una vivienda, y una equivocada es capaz de arruinar un proyecto maravilloso. “Siempre digo que la iluminación es un ‘material’ más de la obra. Podemos haber seleccionado materiales extraordinarios, trabajado una paleta cromática preciosa y diseñado una distribución impecable, pero si iluminamos mal el espacio, perdemos gran parte de su magia”, revela Sigfrido.

Uno de los fallos más habituales es pensar que iluminar consiste en colocar focos centrados en el techo y, cuantos más, mejor. Frente a esa idea, el interiorista propone trabajar con capas de luz (general, ambiental, puntual y decorativa) y aplicarlas sin sobreiluminar. Esta cocina es un buen ejemplo: combina el aplique con brazo ‘Lampe de Marseille’ junto al office y la lámpara de pie ‘Parliament’, dos diseños de Le Corbusier editados por Nemo Lighting.

También considera fundamental estudiar la temperatura de color, para evitar mezclas incoherentes entre luces demasiado frías y cálidas, y aprovechar la luz natural: antes de decidir dónde colocar una lámpara, hay que entender cómo entra el sol en casa. “La buena iluminación no consiste en verlo todo, sino en saber qué queremos destacar y qué atmósfera queremos crear”, apunta el interiorista.

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Un salón vestido con cálidos textiles© Gancedo

Cortinas y alfombras: el último gasto en el que no conviene recortar

Para Sigfrido, los textiles son uno de los elementos que más pueden elevar o empobrecer visualmente una vivienda. Los define como “la corbata del traje de chaqueta”.

El fallo más repetido llega al final del proceso: se invierte muchísimo en mobiliario y, cuando toca elegir cortinas o alfombra, ya no queda presupuesto ni energía. Él prefiere telas con una caída bonita, una textura agradable y una relación cromática con el conjunto, sin olvidar su importancia acústica. “Los textiles no son el complemento final de un proyecto. Son parte de su interiorismo emocional”, recalca.

Es lo que se aprecia en este salón, con tapicerías, alfombras y cortinas del editor textil Gancedo y texturas muy agradables al tacto, como los terciopelos. 

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Mesitas de noche y lámparas desiguales dan personalidad a este estiloso dormitorio© Renato Navarro para Diego Revollo

Mesitas desconjuntadas y lámparas desiguales: asimetrías con mucho estilo

Las proporciones son fundamentales para Sigfrido. “Forman parte de los ‘valores estéticos’ y, para mí, son incluso más importantes que el precio de cualquier pieza de mobiliario”, afirma. Un sofá maravilloso deja de serlo si es demasiado grande para el salón, y una lámpara que es una obra de arte pierde toda su fuerza si no guarda relación de tamaño con la mesa.

En cuanto a la simetría, la considera una herramienta interesante cuando se busca transmitir orden, equilibrio o cierta solemnidad, pero no cree que la elegancia dependa de ella. “Me encanta romper determinadas reglas y trabajar con composiciones asimétricas”, reconoce. Un recurso habitual es desconjuntar las mesitas de noche, como en este proyecto en Brasil que firma Diego Revollo, donde incluso las lámparas son desiguales.

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Un dormitorio infantil con mobiliario de líneas sinuosas© Circu

Tendencias sí, pero sin que todas las casas acaben pareciéndose

Abusar de las tendencias puede hacer que una casa parezca menos exclusiva. “Creo que uno de los grandes riesgos actuales es que las viviendas terminen pareciéndose demasiado entre sí porque todos estamos consumiendo las mismas referencias”, advierte Sigfrido. De repente, añade, un material, una forma de sofá o un color aparece en todas partes.

Observar las tendencias forma parte de su profesión y le permite entender hacia dónde evoluciona el diseño, pero Sigfrido insiste en trabajar desde el concepto: si una tendencia encaja con la historia de la vivienda, bienvenida; si hay que forzarla, no es su lugar. Un ejemplo de estética muy actual es esta habitación infantil, con gran parte del mobiliario de líneas sinuosas de Circu.

Su invitación final es clara: “¡No nos dé miedo crear una tendencia nueva!”, anima.

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Un despacho en casa que reserva la pared tras el escritorio a un único cuadro© Juliettes Interiors Ltd

El fallo de ver las paredes como superficies que hay que adornar sin mesura

El principal error al decorar las paredes, a juicio de Sigfrido, es no entenderlas como parte de la arquitectura. “A veces las tratamos como superficies vacías que tenemos la obligación de llenar. Y no siempre es necesario”, lamenta.

Aunque le encanta trabajar con arte, defiende que una obra necesita espacio para respirar, una ubicación adecuada y una relación con el resto de los elementos (luz, cromática, relación de tamaños...). “Una pared vacía también puede ser una decisión de diseño. No tenemos que decorar hasta el último centímetro de nuestra casa”, recuerda. 

Este despacho lo demuestra: un solo cuadro tras el escritorio evita recargar el ambiente y deja todo el protagonismo a la luminaria colgante, una pieza escultural de Juliettes Interiors Ltd.

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Enchufes y pulsadores de aire retro en una cocina de estética industrial© Modelec

Los buenos profesionales, el ingrediente invisible de un interior exquisito

Si la coherencia de una vivienda se decide en el concepto, su calidad se juega después en la ejecución. Sigfrido detalla cómo la continuidad de un rodapié, el encuentro de una carpintería con la pared, la posición de los mecanismos eléctricos o la alineación de distintos elementos parecen decisiones insignificantes y, sin embargo, construyen la calidad global del proyecto.

Son cuestiones que el cliente quizá no sabe identificar técnicamente, pero que se perciben al entrar y que distinguen un proyecto bien ejecutado de otro que simplemente parece bonito. De ahí que un buen diseño necesite también buenos profesionales que sepan materializarlo. “El lujo muchas veces está precisamente en aquello que no llama la atención, porque está tan bien resuelto que parece que siempre debió ser así”, afirma.

Un ejemplo es esta cocina de estética industrial, con enchufes y pulsadores de la colección ‘M de Modelec’, de inspiración sesentera y diseñada por Valérie Mazerat para Modelec.

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Un comedor ecléctico en el que piezas de épocas y estilos distintos comparten un mismo lenguaje© Amador Toril para Raquel González Interiorismo

Mezclar estilos sin parecer improvisado: la conexión que sostiene el eclecticismo

Sigfrido confiesa que mezclar estilos es algo que no puede evitar: le fascina introducir mobiliario contemporáneo en arquitecturas clásicas, combinar elementos artesanales con materiales industriales o colocar piezas antiguas junto a diseños muy actuales. Pero hay una condición. “El eclecticismo no consiste en poner un poco de todo y esperar que funcione”, advierte. Tiene que existir una conexión, aunque no sea evidente a primera vista: cromática, material, formal o incluso conceptual. El fallo más habitual, insiste el interiorista, es mezclar estilos sin establecer ningún concepto que los relacione entre sí.

El comedor diseñado por la interiorista Raquel González lo ilustra bien. Reúne una mesa y unos sillones de Sovet con tejido de Alhambra, una alfombra de Gancedo, un cuadro de Marta Besada y una lámpara antigua de cristal de Murano. Todo se entiende porque comparte un mismo lenguaje, por distintas que sean la época y la tendencia de cada pieza.

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Un salón colorista de Casa Decor, pensado para el impacto de una exposición y no para vivir en él© Nacho Uribesalazar para Casa Decor

Decorar sin concepto, un desacierto que no debemos cometer

Tras su experiencia en proyectos de alto nivel y en varias ediciones de Casa Decor, Sigfrido insiste en el error que más le preocupa: empezar a decorar sin haber construido antes un concepto. “Muchas veces queremos elegir inmediatamente el sofá, el revestimiento de la cocina o el color de las paredes, cuando todavía no hemos entendido realmente qué necesita esa casa”, cuenta.

En su estudio, ese concepto nace de estudiar la arquitectura, la entrada de luz y, sobre todo, la personalidad de quienes van a habitar el espacio. Casa Decor, de la que se siente agradecido y orgulloso porque ha crecido con ella, le ha permitido además experimentar con materiales, colores y composiciones que en otros contextos parecerían arriesgadas. Y ha comprobado que un espacio puede ser expresivo, incluso teatral, y seguir transmitiendo sofisticación si existe una idea sólida detrás.

“Me gusta pensar que el interiorismo es una manera de contar historias a través de los espacios. Y creo que ese es precisamente el gran error: diseñar una casa pensando únicamente en cómo queremos que se vea, en lugar de pensar en cómo queremos que se viva”, concluye.

Parecer caro o barato depende menos de lo que se gasta que de la intención con la que se decide. Detalle, coherencia y un buen concepto sostienen cualquier interior, y sin ellos ni el presupuesto más generoso garantiza un buen resultado.