Tras la dimisión de Óscar Puente al frente de Transportes y Movilidad Sostenible, Pedro Sánchez ha anunciado que el vicepresidente primero, Carlos Cuerpo, de 46 años, asumirá la cartera de forma provisional. Pero ¿quién es el nuevo ministro más allá de Bruselas, el traje y los despachos? Detrás del perfil técnico hay un hombre marcado por sus orígenes como hijo de emigrantes y por un entorno familiar que protege con celo lejos de los focos.
Su mujer y una hija
En lo personal, Cuerpo siempre ha preferido mantener un perfil muy bajo. Comparte su vida con Marta Morano, funcionaria de carrera vinculada a la administración pública. Ambos entienden bien las exigencias del trabajo en el sector público, y quienes los conocen destacan que forman un equipo muy compenetrado, donde el apoyo mutuo es la norma. Se conocieron trabajando en la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF). Fue durante las sesiones de ejercicio al mediodía cuando surgió su relación. Marta ha confesado que él se levanta a las cinco de la mañana para trabajar y que por la noche, mientras ella intenta relajarse y desconectar viendo una serie, él no puede más y suele quedarse dormido.
El punto central de su día a día fuera del despacho es su hija, Cristina, de 11 años. Quienes trabajan con él saben que la paternidad es su principal desconexión frente a las jornadas interminables del ministerio. Pese a los viajes y las reuniones eternas, intenta blindar el tiempo que pasa con ella para mantener una rutina familiar normal, no estar pendiente del móvil cuando están juntos e intentar conciliar siempre que puede. Esa importancia que le da a la familia le viene directamente de lo que vio de pequeño en la suya propia.
El viaje a Suiza que cambió su vida
Para entender la forma de ser de Carlos Cuerpo hay que volver a su niñez. Nació en Badajoz, pero con solo nueve años su vida dio un giro radical: sus padres decidieron hacer las maletas e irse a trabajar a Suiza como profesores de español en la zona de Berna. El objetivo era claro: buscar mejores oportunidades para sus hijos y darles la posibilidad de formarse fuera y aprender idiomas.
Para un niño de nueve años, salir de Extremadura y llegar a un país tan diferente supuso un impacto importante. De repente, todo era nuevo: el clima, las costumbres y, sobre todo, el idioma. Sin embargo, aquella etapa acabó siendo clave en su vida. En Suiza aprendió a adaptarse a entornos distintos, a convivir con gente de orígenes muy variados y a desenvolverse con soltura en francés y en inglés, herramientas que con los años le resultarían decisivas en su carrera internacional.
Aquellos años también le sirvieron para entender de primera mano lo que significa empezar de cero lejos de casa. En su familia siempre estuvo muy presente el recuerdo de su abuelo minero, Pablo Caballero, conocido como 'El Pinche', quien más tarde regentó una tienda de ultramarinos con su abuela. Un negocio de barrio tradicional que sustentó el hogar antes y durante los procesos migratorios que marcaron a la familia. Sus abuelos pusieron todo su empeño en que sus hijos y nietos pudieran estudiar. La estancia en Suiza fue el reflejo de ese mismo esfuerzo: una familia trabajadora apostando todo a la educación de la siguiente generación.
La prematura muerte de su padre
Su padre falleció cuando tenía 50 años, sin llegar a verle convertido en ministro. Tras el duro golpe, su tío se convirtió en un pilar fundamental: un referente vital que arropó a la familia en el momento más difícil y cuya influencia fue determinante para moldear el carácter sereno y disciplinado del político extremeño.
Carlos mantiene una gran complicidad con su hermano mayor, Gregorio Cuerpo, Jefe del Servicio de Cirugía Cardiovascular en el Hospital General Univiersitario Gregorio Marañón de Madrid, y apenas dos años mayor que él. Además de compartir la pasión por el deporte desde la infancia, entre ambos no falta el sentido del humor: el ministro suele bromear con que Gregorio se llevó la mejor parte en el reparto de belleza y presume, entre risas, del curioso parecido físico que muchos le encuentran con el propio Pedro Sánchez.
Su vínculo con el deporte viene de lejos: en sus años de juventud militó dos temporadas como federado junto a su hermano en el Puerta Palmas. Con este humilde equipo pacense celebró el ascenso a Regional Preferente, una experiencia de vestuario y esfuerzo colectivo previa a su trayectoria en la función pública.
Así es el lado más íntimo del político que acaba de asumir los mandos de Transportes: un hombre marcado por la cultura del esfuerzo y por la memoria de sus orígenes.













