Cuando se plantea una reforma integral, es fácil centrarse en lo que se quiere cambiar: una distribución poco práctica, unos acabados anticuados o una cocina que necesita actualizarse. Sin embargo, antes de demoler, conviene revisar lo que ya existe. Bajo un pavimento corriente puede aparecer un mosaico hidráulico; una puerta antigua quizá conserve una calidad difícil de encontrar hoy en día, y unas carpinterías que necesitan una puesta a punto pueden conservar más interés del que imaginamos
"Cada casa tiene su magia", dice Alejandro Cateto, del estudio Cateto Cateto. Su trabajo parte de esa idea: descubrir qué hace singular a una vivienda antes de decidir cómo transformarla. No se trata de conservarlo todo por sistema ni de renunciar a una casa contemporánea, sino de distinguir qué merece una segunda oportunidad y qué conviene sustituir. Atenta a sus recomendaciones.
© Heidi CavazosAntes de demoler, investiga qué esconde tu casa
La primera visita a una vivienda que va a reformarse no debería convertirse en una lista de cosas que derribar. "Antes de pensar en lo que le falta, intento entender qué tiene: la luz, las proporciones, los materiales y otros rasgos que la vinculan a un lugar y a una época".
Esa inspección inicial también debe incluir elementos que pasan inadvertidos por estar demasiado vistos. "A veces, los propietarios están tan acostumbrados a ciertos detalles de su casa que dejan de reparar en ellos y no imaginan el valor que puedan tener", dice el interiorista que recomienda revisar los suelos, comprobar si existen revestimientos anteriores bajo los actuales, y examinar los falsos techos.
En este proyecto de Coblonal, al retirar el pavimento de corcho de la zona de día aparecieron dos suelos hidráulicos originales: baldosa tradicional en el salón y mosaico Nolla en el comedor. Ambos se conservaron y actualmente delimitan visualmente las dos estancias.
© Jordi CanosaLos suelos originales
Terrazo, mosaico hidráulico, pavimentos cerámicos y piedra natural encabezan la lista de elementos que Alejandro revisaría antes de sustituirlos. Muchos de estos acabados se instalaron para durar y hoy cuesta encontrar piezas con una calidad o unas características similares. Además, ocupan una superficie considerable, de modo que su conservación influye mucho en el resultado final.
El estado del pavimento es determinante. Una superficie desgastada no tiene por qué estar perdida: puede necesitar una limpieza especializada, un pulido, la reposición de algunas piezas o la reparación de juntas. En los suelos hidráulicos, por ejemplo, conviene comprobar si las baldosas están sueltas, si faltan piezas y qué tratamientos admite el material. Estas, de un proyecto de Pia Capdevila, lucen perfectas.
© Enric BadrinasDetalles que identifican una época
Entre los materiales que más interesan a Alejandro figuran los vidrios texturados o de color. También las cerámicas en relieve y las maderas con vetas marcadas. Son recursos que aparecen en muchas viviendas de mediados del siglo XX y que, bien conservados, aportan un carácter difícil de reproducir con acabados nuevos.
"Me interesan mucho ese tipo de materiales por su carácter y por su capacidad para dar profundidad a un interior", explica.
Esta cocina, en una vivienda del siglo XVIII rehabilitada por Júlia Brunet, presume de sus techos artesonados originales pintados de blanco y grandes vidrieras artesanales de coloridos cristales y marcos de madera.
Pero según Alejandro, también conviene ampliar la mirada más allá de las viviendas señoriales. Una casa de los años sesenta o setenta puede conservar detalles modestos, como unos azulejos de cocina, una reja particular o un vidrio ámbar, que cuentan mucho sobre su época.
El interiorista cita incluso el gotelé, un acabado que suele asociarse a las paredes de muchas viviendas de otras décadas. Su interés depende del contexto y de cómo se utilice: no se trata de conservarlo indiscriminadamente, sino de valorar si tiene sentido dentro de una propuesta concreta.
© Enric Badrinas¿Qué perderíamos al retirarlo o qué gana el espacio con él?
En este caso, un palacio barroco del siglo XVII que Trenchs Studio ha transformado en el hotel boutique Palacio de los Ángeles, no hay duda. Se optó por recuperar y dejar a la vista el muro de piedra, que suma textura y autenticidad histórica al espacio. Pero según Alejandro, la respuesta no siempre está en una pieza aislada, sino que el interés aparece al observar cómo se relacionan los distintos elementos de una entrada, una escalera o un espacio común. Un revestimiento de madera puede parecer corriente por sí solo, pero adquiere otra dimensión junto a unas rejas decorativas, un pavimento original y unos vidrios de color.
La antigüedad tampoco basta para justificar una restauración. Hay que tener en cuenta las proporciones, la calidad de los materiales, la relación con la arquitectura y el efecto que tendría su eliminación. "No hace falta que algo sea monumental o esté firmado para que merezca atención", recuerda el interiorista.
Ese criterio resulta especialmente útil en viviendas sin grandes elementos ornamentales, donde los detalles más discretos pueden ser precisamente los que definen su personalidad.
© Pia CapdevilaSi está deteriorado, primero hay que saber qué se puede recuperar
El aspecto exterior no siempre refleja el estado real de una pieza. "Lo primero es distinguir entre un deterioro superficial y un daño que comprometa la seguridad o la estabilidad del elemento", explica Alejandro.
En el caso de las molduras del techo, por ejemplo, algunas presentan desconchones o grietas que se pueden reparar, mientras que otras tienen partes rotas o desaparecidas que obligan a reconstruirlas o reproducir los tramos que faltan. En este proyecto de Pia Capdevila, las molduras de escayola son originales.
A partir de ahí, hay que valorar el coste de la intervención, la disponibilidad de profesionales especializados y la cantidad de material original que se conservaría
© Cateto CatetoUna reforma contemporánea no necesita borrar las huellas del pasado
Una vivienda puede actualizar sus instalaciones, ganar luz y adaptarse a las necesidades actuales sin perder todo lo que la hacía singular. La cuestión está en decidir qué se mantiene y cómo se incorpora al nuevo proyecto.
Alejandro pone como ejemplo Casa Capirote (sobre estas líneas), donde conservaron las vigas mientras demolían los tabiques para replantear la distribución mediante un sistema de cortinaje. El resultado parte de una organización distinta, pero mantiene una referencia material a la construcción existente.
El mismo criterio sirve para otros elementos. Un pavimento antiguo puede orientar la elección de los colores de paredes y carpinterías; unas puertas recuperadas pueden acompañar muebles actuales, y una escalera original puede mantenerse mientras se renuevan la iluminación y los acabados. Una selección meditada permite actualizar la casa sin convertirla en un decorado histórico ni eliminar todo rastro de su pasado.
© Meritxell ArjalaguerEl terrazo y las baldosas hidráulicas no tienen por qué desaparecer
A veces, basta con que el propietario asocie el terrazo o los mosaicos a una vivienda anticuada para que quiera sustituirlos por madera, un pavimento continuo o un acabado más neutro. En este caso, un proyecto firmado por Bombí+Gomez, un pavimento de trencadís de pizarra recorre toda la planta.
Alejandro intenta que esa decisión se tome después de estudiar las posibilidades del material. Una forma de hacerlo consiste en reunir muestras de pintura, textiles, carpinterías y nuevos acabados junto al suelo existente. Verlo en relación con las elecciones previstas para la reforma puede cambiar la percepción que se tiene de él.
También recomienda comprobar qué resultado tendría una limpieza o una recuperación profesional. En un terrazo, por ejemplo, eliminar la suciedad acumulada y recuperar el brillo puede transformar su aspecto. En un pavimento hidráulico, reparar las piezas dañadas y limpiar la superficie permite apreciar de nuevo sus colores.
La idea no es convencer al propietario de que conserve algo que no le gusta, sino evitar que descarte una opción interesante antes de conocer su potencial. Si después de estudiarlo sigue sin encajar, la sustitución tendrá una razón más sólida que la simple asociación con otra época.
© Viu EmpordàAntes de comprar muebles nuevos, revisa los que tienes
La misma mirada que se aplica a los elementos arquitectónicos sirve para el mobiliario. Una mesa de madera, una cómoda, una vitrina o una butaca pueden conservar una buena estructura aunque su acabado o su tapicería hayan quedado desfasados.
Alejandro nos cuenta que para que una pieza recuperada tenga sentido, necesita encontrar un uso real dentro de la vivienda. Si ocupa demasiado espacio, resulta incómoda o no responde a las necesidades actuales, mejor valorar otras alternativas. En este salón, diseñado por el equipo de Viu Empordà, vemos una cuidada selección de piezas antiguas.
Y recuerda: "Recuperar muebles no consiste en llenar la casa de objetos antiguos, sino en escoger aquellos que merecen seguir formando parte de la vida cotidiana", afirma.
© Claudia MauriñoConservar también ayuda a controlar el presupuesto
Mantener elementos existentes puede liberar una parte del presupuesto para otras necesidades de la reforma, especialmente cuando se decide desde el principio. Un suelo que se encuentra en buen estado, por ejemplo, no necesita demolición, retirada de escombros, preparación del soporte y colocación de un pavimento nuevo. En este caso, una casa de finales del siglo XIX reformada por h3o architects, el mosaico es original.
Aprovechar determinadas puertas o muebles también puede reducir algunas partidas. Eso no significa que restaurar sea siempre la opción más económica. Una carpintería muy deteriorada puede requerir muchas horas de trabajo especializado; un pavimento con daños importantes quizá necesite una intervención costosa, y algunas piezas presentan problemas que no se aprecian a simple vista.
Alejandro recomienda comparar presupuestos completos y tener en cuenta las adaptaciones que exige cada alternativa. No basta con enfrentar el precio de restaurar una pieza con el de comprar otra: hay que incluir la instalación, los acabados, el mantenimiento y los trabajos auxiliares.
© Tiago Patricio Rodrigues ArquitecturaLos interiores de los años 60 y 70
Si Alejandro tuviera que recomendar tres revisiones antes de autorizar una demolición, empezaría por los suelos, seguiría con las carpinterías y sus herrajes (puertas, ventanas, contraventanas y armarios) y terminaría con los elementos vinculados a la construcción, como vigas, molduras, escaleras, barandillas o celosías como las de esta vivienda, un proyecto de Tiago Patricio Rodrigues Arquitectura.
Su preocupación va más allá de las viviendas particulares. "Me preocupa especialmente la pérdida de los interiores de los edificios de los años cincuenta, sesenta y setenta en general, pero en particular de la Costa del Sol", explica. El interiorista se declara enamorado del "estilo del relax", una arquitectura ligada al ocio vacacional cuyos portales y zonas comunes considera parte de un patrimonio que todavía merece mayor reconocimiento.
Vive en un edificio de los años sesenta en Benalmádena cuyo vestíbulo reúne revestimientos de madera, cerámicas en relieve, rejas decorativas, vidrios ámbar y espejos. "Esa combinación tiene una personalidad extraordinaria", señala. En esos espacios, el cuidado de las puertas, los buzones, las luminarias y los materiales forma parte de una manera de entender la arquitectura que va más allá de la fachada. "Me daría mucha pena que termináramos buscando en fotografías antiguas el carácter que hoy todavía tenemos delante", comenta.




