El melón con jamón es una mezcla que quizás pueda parecernos un poco 'viejuna' pero que en forma de ensaladas como esta ¡a nosotros nos chifla! Los juntamos con rúcula, menta, albahaca y queso mozzarella. En un momentín tendrás un plato muy refrescante, ligero ¡y delicioso!
El giro moderno del clásico melón con jamón en una ensalada completa
El melón con jamón es una mezcla histórica en España, aunque la idea de mezclar fruta con ingredientes salados era algo que ya hacían romanos y árabes. En nuestro país se popularizó como entrante veraniego en restaurantes y hoteles de costa.
Le damos formato de ensalada y convertimos la clásica receta en una opción mucho más ligera y actual. Esta es una ensalada que funciona por contraste: dulce + salado + cremoso + herbal + crujiente.
La rúcula aporta un toque amargo que equilibra el dulzor del melón, mientras que la mozzarella añade cremosidad, y la combinación de hierbas frescas (menta y albahaca) refresca, perfuma y nos ofrece aroma y ligereza.
Qué tipo de melón funciona mejor y cómo elegir uno en su punto óptimo de dulzor
Te sirve cualquier variedad de melón, pero nosotros le ponemos Cantaloup, que es especialmente aromático y jugoso gracias a su alto contenido en agua (más del 90%), ideal para tomar en verano. Su dulzor equilibrado combina muy bien con el jamón y el queso. El Galia es perfumado, dulce y de textura firme, por lo que también nos vale, y al Piel de sapo le pasa lo mismo y es, incluso, más firme.
Para elegir bien un melón, fíjate en que la piel no tenga abolladuras, hendiduras ni manchas marrones; que tenga peso, porque eso es sinónimo de que está cargado de agua y jugosidad; que huela dulce y afrutado por la parte del pedúnculo y que, al presionar ligeramente cerca de esa parte, debe ceder un poco para confirmar que está maduro.
El papel del jamón y cómo el corte influye en el resultado final
El papel del jamón en esta ensalada define el aroma, la textura, la intensidad del plato y hasta cómo se percibe el dulzor del melón. Cuanto mejor sea el jamón, mejor será el resultado final, así que nosotros nos quedamos con un buen ibérico, que tiene sabor, grasita y textura, aunque no es necesario que sea 100% de bellota. Y si quieres algo más económico, opta por un serrano, que tiene menos grasa y es más salino, o por un prosciutto de Parma, delicado, menos salado y con textura sedosa.
Puedes cortarlo en lonchas muy finas, que se funden con el queso y el melón, o en lonchas medianas, que aportan más textura y protagonismo del jamón en la ensalada. Y tampoco dan mal resultado las tiras de jamón.
Añade el jamón al final, para que no se humedezca. Si usas ibérico de bellota, sácalo 10 minutos antes de la nevera para que la grasa se funda ligeramente, y combina jamón fino con melón muy frío, porque el contraste de temperaturas es muy agradable.
La mozzarella adecuada para este plato
La mejor opción para esta ensalada es una mozzarella fresca de búfala, porque su cremosidad equilibra la sal del jamón, su acidez suave combina con el dulzor del melón y su textura es ideal en el conjunto de este plato. Si quieres una versión más ligera, puedes usar mozzarella fior di latte, hecha con leche de vaca: es menos grasa, más neutra y funciona muy bien cuando el melón es muy dulce.
Antes de usarla, escúrrela bien durante unos minutos, sécala con papel de cocina y colócala entera para que cada uno se sirva lo que quiera y se lo mezcle en su plato.






