El melón es, junto a la sandía, una de las frutas imprescindibles del verano. Refrescante, muy rico en agua y con un sabor naturalmente dulce, su temporada alcanza su mejor momento entre los meses de junio y septiembre, cuando los ejemplares cultivados en España ofrecen la máxima calidad. Aunque su origen se sitúa en África y algunos estudios apuntan a la India como uno de los primeros lugares donde comenzó a cultivarse, en España los hay de fama casi mundial, en especial los de Villaconejos (Madrid), Castilla-La Mancha, Murcia y Almería.
Entre todas las variedades, la gran protagonista sigue siendo el melón piel de sapo, originario de España y que se reconoce por su piel verde jaspeada y rallada y su pulpa blanca y muy dulce. También encontramos en los mercados el galia, de forma redondeada, piel de color amarillo intenso, carne de tono verdoso y textura más cremosa; y el cantalupo, con pulpa anaranjada y un sabor especialmente intenso. Cada uno tiene sus características propias, pero todos comparten un mismo reto a la hora de comprarlos: saber si están realmente maduros antes de llevarlos a casa. Le hemos pedido a todo un experto, el frutero Javier Rizola del puesto Entre Col y Col, del mercado Barceló de Madrid, que nos aclare todas las dudas.
Color, rayado y la marca de la tierra: la vista no engaña
La primera impresión para saber que estamos ante un melón maduro y dulce nos la da su aspecto exterior. En el piel de sapo, "la piel debe perder el verde intenso y brillante para adquirir un tono ligeramente amarillento, dorado o incluso anaranjado", adelanta el frutero. Además, las estrías o la conocida escritura deben ser abundantes y bien marcadas, y de ese tono dorado.
Otro detalle importante es la llamada mancha de apoyo. Es la zona sobre la que el melón ha descansado en el suelo durante el cultivo. Si presenta un color amarillo cremoso o anaranjado, significa que el fruto ha madurado correctamente al sol. "Si, por el contrario, esa mancha sigue siendo blanca o verdosa, probablemente fue recolectado demasiado pronto y el melón esté 'pepino', que es como se conoce cuando les falta el punto de maduración", recalca el experto de Entre Col y Col.
El peso, la primera pista para elegir un buen melón
"Lo primero es cogerlo en la mano y palparlo suavemente, acariciarlo sin golpearlo", explica Javier Razola. Uno de los indicadores más fiables es comprobar "que el melón pese más de lo que aparenta". Ese mayor peso suele indicar que conserva una elevada cantidad de agua y que la pulpa será más jugosa.
Otro gesto sencillo consiste en presionar ligeramente el extremo opuesto al tallo; "es la parte donde ha estado la flor", explica Javier. Si cede un poco, significa que la fruta ha alcanzado su punto óptimo de maduración. Si permanece completamente duro, lo más probable es que todavía esté verde, mientras que si se hunde con facilidad, puede haber empezado a pasarse", concluye.
El falso mito de los melones macho y hembra
Existe una creencia muy extendida según la cual los melones 'hembra' son más dulces que los 'macho', diferenciándolos por la forma o por el tamaño del extremo opuesto al pedúnculo. Si la parte de la flor es más pequeña, es algo que se nota más en las sandías; dicen que es 'hembra' y suelen ser más dulces. Pero no hay frutas hembras y macho; la flor de una planta sí tiene sexo, explicó el frutero. La gente del campo y los fruteros coinciden en que se trata de un mito sin base científica.
Las diferencias externas entre unos frutos y otros responden a la variedad o a las condiciones de cultivo, pero no tienen relación con un supuesto sexo del melón ni permiten predecir su sabor o calidad.
¿Hay que darle golpecitos al melón?
Es uno de los gestos más populares en cualquier frutería, aunque no siempre se utiliza correctamente. Javier Razola explica que, a diferencia de la sandía (que debe sonar a hueco cuando está madura), el melón tiene que sonar compacto, como si estuviera completamente lleno. Pero para eso no hace falta golpearlo con palmadas fuertes; hay que acariciarlo y se nota.
Además, nos da otro pequeño truco que utilizan muchos profesionales: "Al palparlo o pasándolo de mano a otra, notaremos esa sensación de firmeza y la superficie ligeramente aterciopelada que se pega a la palma. "Pero, reclama el frutero, no hay que darle esos golpecitos al melón; basta con acariciarlo".
¿Es mejor comprar el melón entero o partido por la mitad?
Todo dependerá del consumo que vayamos a hacer. Cuando lo compramos ya partido, en una frutería siempre hay dos o tres piezas cortadas por la mitad que se venden en 20 minutos; se parten sandías y melones constantemente, explica Javier Razola.
Cualquier fruta empieza a oxidarse en el momento en que la pelamos o partimos. Una vez que lo tengamos en casa, hay que consumirlo cuanto antes, en uno o dos días. "Si lo compramos enteros, no hace falta guardarlo en la nevera; aguanta perfectamente fuera, a temperatura ambiente, y la sandía también, porque esta pierde sabor y aromas con el frío", señala el frutero.
Los melones de temporada suelen pesar entre 3 y 3,5 kilos. Al ver el melón ya partido, hay que comprobar que la tajada es de tres o cuatro dedos y las pipas están bien pegadas a la pulpa. Eso nos indica que son buenos. Por cierto, nos cuenta Javier que "la parte más dulce de la tajada es la que está pegada a la punta de la flor; la otra es más sosa e insípida".









