Hay amistades que el tiempo no logra borrar, y la de Silvia Abascal y Leonor Watling es el mejor ejemplo. Veinticuatro años después de haber interpretado a dos alocadas hermanas en la mítica comedia A mi madre le gustan las mujeres, el destino —y las cámaras de Cabeza alta— las ha vuelto a reunir. En ¡HOLA! hablamos con Silvia sobre el inmenso regalo que ha supuesto este reencuentro profesional, cómo ha cambiado la forma de rodar las escenas íntimas desde sus inicios en la mítica Pepa y Pepe y el valor de "estar presente" en un mundo empeñado en grabarlo todo a través de una pantalla.
Su personaje, el mejor apoyo de Leonor Watling
Silvia, cuéntanos, ¿cómo es Julia, tu personaje en 'Cabeza alta'?
Julia es la jefa de estudios del instituto y el gran apoyo de Verónica, el personaje de Leonor Watling. Además de compañeras de trabajo desde hace muchos años, son grandísimas amigas. Julia siente una admiración muy real por Verónica, tanto en lo profesional, por cómo protege a los adolescentes del peligro de las pantallas, como en lo personal, por su dignidad. Aunque la situación empieza fuerte y luego se les va muchísimo de las manos, ella siempre estará ahí.
En esta serie os habéis reunido una gran generación de actrices. ¿Cómo ha sido el reencuentro?
¡Me hace una ilusión tremenda! Con Leonor, por ejemplo, trabajé hace veinticuatro años en A mi madre le gustan las mujeres, donde hacíamos de hermanas y nos lo pasamos espectacular. El otro día, haciéndonos las fotos promocionales las cuatro juntas, sentimos la fuerza de pertenecer a una misma generación de actrices. Nos apetece muchísimo trabajar juntas.
“La presión para los actores era tremenda”
Llevas toda la vida en esta profesión. ¿Notas que ha cambiado mucho la forma de rodar desde tus inicios en series como 'Pepa y Pepe'?
Ha cambiado muchísimo, a todos los niveles. Con Pepa y Pepe hacíamos capítulos de media hora en una semana; no salíamos de plató, éramos cinco actores y había tiempo para trabajar. Ahora la velocidad a la que se rueda es otra. También ha cambiado, afortunadamente a mejor, el cuidado y el respeto en las escenas íntimas. Antes, en esas escenas, subían al set hasta los del catering; la presión para los actores era tremenda. Ahora se cuida y se protege mucho más esa intimidad.
Tus compañeras nos confesaban que marcan mucha distancia con las redes sociales. ¿Cómo es tu relación con ellas?
Tengo Instagram y lo utilizo únicamente para promocionar mis proyectos profesionales. No tengo ninguna necesidad de compartir mi día a día, dónde estoy de vacaciones o qué como. Quizás sea una cuestión generacional, pero nosotros venimos de una época en la que ibas a un concierto o veías una puesta de sol para disfrutar del momento presente, no para grabarlo. Ahora los jóvenes sienten que si no suben una foto de la hamburguesa que se están comiendo, es como si no la hubieran vivido.
La presión de las redes sociales
¿Te han presionado alguna vez para que seas más activa en el universo digital?
Sí, claro, te lo dicen mucho en la profesión: que tienes que alimentar las redes para que te lleguen proyectos o campañas. Pero a mí, en mitad de los rodajes, se me olvida por completo hacer fotos o vídeos. No tengo ese chip integrado. ¡Y un selfie con "morritos" es algo que jamás me verás hacer, a no ser que lo exija un personaje! (risas). Quiero pensar que, dentro de unos años, lo más cool del mundo será no estar en ninguna red social.
¿De qué manera crees que puede ayudar una ficción como 'Cabeza alta' a las familias?
Absolutamente en todo. Ayuda a abrir los ojos tanto a adultos como a adolescentes. Imagina lo que supone para un alumno ver un vídeo íntimo de su directora en el instituto... El debate sobre lo que te juegas al difundir ese contenido es vital. Y hay otra parte de educación muy importante: yo, de todos los vídeos íntimos de famosos que se han filtrado a lo largo de los años, no he visto ninguno. No me interesa. Este tipo de delitos existen porque hay gente que consume ese morbo. Si educamos en no consumir ni compartir, el problema se frena.
Si te vieses envuelta en una situación tan terrible como la que sufre la protagonista, ¿cómo reaccionarías?
¡Ay, qué pereza, no me quiero ni imaginar en esa situación! Es muy difícil saberlo hasta que no te ves ahí, pero creo que la mejor manera de afrontarlo es, en vez de hacerte pequeña y esconderte en casa, dar la cara, poner el problema en una pantalla gigante delante de todos para pasar el trago cuanto antes y, por supuesto, denunciar por la vía legal. Cuanto más te escondes, más poder le concedes al agresor y más daño te permites que te hagan. Aunque claro, luego a lo mejor me pasa a mí y no salgo de debajo de la manta en dos años.
¿Qué diferencias principales vamos a ver entre el apoyo que tú le das a Verónica y el que le da su hermana (Paz Vega)?
Son apoyos completamente distintos. El personaje de Paz es su hermana, es policía y la invade un poco más, le mete mucha caña para que reaccione. Mi personaje, Julia, es mucho más observadora. Escucha, aconseja y no juzga; acompaña a su amiga respetando sus decisiones. Además, al ser la jefa de estudios, Julia se enfrenta a un dilema laboral y moral muy complejo cuando se plantea retirar de la dirección a Verónica. Ese conflicto profesional es sumamente interesante.








