En toda boda memorable, el amor y la unión son los hilos conductores, pero son los seres queridos que acompañan a los novios quienes verdaderamente dan sentido a la celebración. En la gran fiesta que Nieves Álvarez y Bill Saad ofrecieron en un castillo a las afueras de París para celebrar su “sí, quiero”, las miradas no solo se posaron en la feliz pareja, sino también en el papel tan especial que jugaron sus respectivos hijos. Por parte de Nieves, Adriano y los mellizos Bianca y Brando, y por la de Bill, Julian y Jamie.
Todos ellos compartieron protagonismo acompañando a sus padres en la ceremonia de la bendición católica, en la que, los hijos del empresario libanés realizaron las lecturas, en inglés y en francés, y los de la modelo se encargaron de las peticiones.
Debido a la popularidad de Nieves, sus hijos no son unos completos desconocidos para el gran público, a pesar de su deseo de mantenerse alejados del foco mediático. En cuanto a los hijos de Bill, que desde hace unos años viven en Madrid como su padre, podemos decir que son dos jóvenes que destacan por su evidente atractivo y carisma, además de llevar consigo una conmovedora historia familiar marcada por la superación, la filantropía y una profunda admiración hacia su padre.
Julian: El regreso a Madrid y la pasión por el modelaje y el coaching
Julian, el mayor de los hermanos, personifica una rica mezcla cultural. Nacido en Montreal (Canadá), a los cuatro años se trasladó a España debido a los negocios de su progenitor. Criarse en Madrid hasta los 18 años dejó una huella imborrable en él, ya que, en una ocasión confesó a ¡HOLA! que considera la capital una de las ciudades más bonitas del mundo. Aunque regresó a Montreal a los 18 para estudiar —graduándose hace dos años en Comercio y Psicología en la McGill University—, su corazón siempre perteneció a Madrid.
De vuelta en España, el joven de 24 años, que mide 1,90 metros de estatura y posee una simpatía desbordante y un físico imponente, decidió abrirse camino en el mundo de la moda —en Canadá ya había hecho sus pinitos— de la mano de la agencia Francina Models.
Sin embargo, el modelaje es solo una faceta de su polifacética vida. Julian también se desempeña como coach internacional, una profesión que compagina con una profunda devoción por el trabajo de su padre. Desde muy temprana edad, Julian supo que quería seguir los pasos de Bill. Recuerda con especial cariño cómo, con tan solo 11 años, su padre lo llevó a Perú para experimentar lo que era vender puerta a puerta un producto de telecomunicaciones. Aquella lección de vida y esfuerzo forjó en él una admiración ciega: "Ya solo mirándole y estando a su lado, era trabajar con él", nos confesó con orgullo.
Jamie: Arte, comunicación y nuevos horizontes
Por su parte, Jamie, de 20 años, nació en España y representa el lado más artístico de la familia. Además de estar terminando sus estudios, posee un espíritu sumamente creativo; actúa y toca la batería. Con su dominio de varios idiomas, Jamie se prepara para dar un paso importante dentro de los proyectos familiares, asumiendo la creación de una serie de pódcast destinados a amplificar el mensaje de sus iniciativas conjuntas. Al igual que su hermano, Jamie también se está abriendo camino como modelo de la manos de la agencia UnoModels.
El motor de la solidaridad: El recuerdo de Tara
Detrás del éxito de esta familia existe un motor invisible pero sumamente poderoso: la memoria de Tara, la hija mediana de Bill, quien falleció hace veinticuatro años. “Tuve un shock, fue una gran tragedia. Es lo peor que te puede pasar en la vida”, confesó Bill en Vanity Fair. Esta dolorosa pérdida transformó por completo la visión empresarial y personal del libanés, que convirtió la filantropía en el núcleo de su vida.
En 2021, el empresario decidió crear la fundación Tara For Women, que trabaja para proporcionar recursos económicos y humanos a proyectos liderados por mujeres emprendedoras, y lleva el nombre de su hija, Tara.
En esta organización tanto Julian como Jamie participan activamente de manera voluntaria. Julian apoya con su labor de coaching, creyendo firmemente en el empoderamiento femenino, mientras que Jamie se sumará pronto con su talento para la comunicación.
Para Bill, ver a sus hijos involucrados en este proyecto es un orgullo inmenso, especialmente porque nació de ellos de forma natural. A través de la fundación, la familia promueve una filosofía de vida muy clara: "Tú vienes con nada, y te vas con nada", recordando que la ayuda mutua, por pequeña que parezca, genera un efecto multiplicador capaz de transformar vidas.








