PRIMICIA

Las espectaculares fotos de la fiesta de boda de Nieves Álvarez y Bill Saad en un castillo de París al estilo 'Gran Gatsby'


La 'preparty' fue en París y la ceremonia, en el Chateau de Ferrières, al este de la ciudad, ante más de 250 invitados


Bill Saad y Nieves Álvarez en su boda en París© MARIO SIERRA
Luis NemolatoDirector especiales ¡HOLA!
15 de julio de 2026 a las 6:06 CEST

Las grandes historias de amor, como las superproducciones de Hollywood, exigen de su propia trilogía para pasar a la posteridad bajo el título de "legendarias". Por eso, tras la solemne ceremonia ortodoxa y el inexcusable trámite civil, la suya necesitaba también de un tercer acto. O sea, de una fiesta mítica. Y de París, para que ardiera, como en la canción de Ana Belén, porque una folie d’amour de este calibre no se ve todos los días… En definitiva, nos faltaba la celebración, y si podía ser como recién salida de una novela de Scott Fitzgerald y, por supuesto, filmada por Baz Luhrmann, tanto mejor... Y ya que nos poníamos, ¿por qué no un castillo? ¿Y un lago? ¿Y gansos? ¿Y praderas con césped recién cortado, hayedos, columnata y unas grandes puertas de hierro forjado? Todo eso, los novios lo tuvieron. 

Y gracias a estas imágenes, que ya son históricas, nosotros y ustedes, también. Este fin de semana, por tercera vez, el empresario libanés Bill Saad volvía a coger la mano de Nieves Álvarez y, con el mismo fervor que en la primera, volvía también prometerle amor eterno con un anillo en su dedo corazón. Lo hacía ante cerca de 250 invitados, provenientes de todo el mundo. Y al pie de las escalinatas del Château de Ferrières, como escenario, el último, dicen, de los castillos franceses, donde un día Audrey Hepburn se puso una jaula en la cabeza por obra de Dalí, y hoy, más de medio siglo después, la gran modelo española de todos los tiempos ha proclamado su "sí, quiero" convertida en una orquídea mecida por la brisa de verano gracias a Stéphane Rolland.

Nieves Álvarez y Bill Saad en la sesión fotográfica de su tercera boda nupcial© Mario Sierra
Nieves Álvarez con su vestido nupcial de cola kilométrica© Mario Sierra

"A mí me gustan las fiestas con mucha gente. Son muy íntimas. En las fiestas con poca gente la intimidad es nula". La frase es de Jordan Baker, de El gran Gatsby, pero podría haber sido escrita este fin de semana cuando Nieves y Bill sellaron su compromiso con su familia más allegada, sus hijos, pero también con la gran familia elegida, la que han logrado fraguar a lo largo de toda una vida: sus amigos, aquellos que no pudieron estar presentes cuando este periplo, tal y como contábamos en estas páginas hace unos días, arrancaba, el pasado 12 de junio, bajo la imponente cúpula bizantina de la catedral griega de Saint-Etienne (Agios Stefanos), de París, y el rito ortodoxo como lenguaje para convertirse solemnemente en marido y mujer. 

Ahora, exactamente un mes después, tocaba relajarse y dar vía libre a las emociones, a la alegría… o a la locura, porque ya saben que, si bien París es la capital del amor, el amor, la mayoría de las veces, es muy pero que muy fou (loco).

Estuvieron los hijos de Bill, los hijos de Nieves y también más 250 invitados llegados de todos los puntos del planeta, desde Cristina Yanes a Laura Ponte, pasando por Adriana Abascal y Marta Sánchez 

Un retrato de Nieves con su diseño nupcial © Mario Sierra

Y así las cosas, con las emociones a flor de piel, el pasado viernes, un día antes de la gran fiesta, tenía lugar el rendez-vous de bienvenida. Ocurría en el hotel Plaza Athénée, y Nieves se enfundaba en un espectacular diseño rojo de Jorge Redondo. Un vestido que revivía a aquel Claude Montana de sus comienzos, que evocaba a Lacroix, y que, sobre todo, recordaba la época españolista de YSL, del que Nieves fue musa. Un diseño en el que tomaban forma las 150 horas de trabajo del taller de Redondo Brand y los 400 metros de bieses de tafetán y organza de seda para esculpir una oda a los capotes, a los abanicos y a los claveles encarnados. 

A los pies, stilettos fucsias de Aquazzura, y al cuello, joyas de Bvlgari. El aperitivo perfecto para que los casi 180 invitados, entre los que se encontraban Juanjo Oliva y su marido, Jeff Bargues; la restauradora Bárbara Pérez Manzarbeitia, o su estilista de cabecera, Fran Marco, empezaran a intuir que lo que estaba por llegar no iba a ser una boda cualquiera, sino algo memorable.

El Château

Al día siguiente, a media tarde, una flota de autobuses fletados por los novios trasladaba a la comitiva (que ya alcanzaba los 250 invitados) a unos 29 kilómetros al este de París. El destino era una sorpresa hasta que comenzaron a dibujarse los torreones del Château de Ferrières en el cielo. Un coloso de estilo neorrenacentista que levantó el barón James de Rothschild, a mediados del siglo XIX, y que guarda la memoria de Europa y la guerra, pero también la excentricidad más exquisita. 

Stéphane Rolland junto a Nieves, momentos previos a la ceremonia© Mario Sierra
Stéphane Rolland y su equipo poniendo a punto el vestido nupcial de Nieves, de cuyo escote salía un volumen envolvente que simulaba los pétalos de una flor

Stéphane Rolland no solo fue el artífice del diseño de la fiesta, también del que utilizó Nieves para su boda en la catedral ortodoxa de Saint-Etienne, en París, donde además ejercicio de testigo, junto Almudena Roca de Togores

Y es que no solo fue el lugar donde los alemanes plantaron su destacamento parisino durante las dos grandes contiendas mundiales, sino que donde, un 12 de diciembre de 1972, la baronesa Marie-Hélène y otro barón Rothschild, Guy, orquestaron la celebérrima Diner de Têtes Surrealiste. Una noche que pasaría a los libros de Historia del Arte porque Salvador Dalí diseñó algunos de los tocados de las damas de entonces, como el de la propia anfitriona, con una impresionante osamenta de ciervo que derramaba lágrimas de diamante.

Bill Saad junto a sus dos hijos, Julian y Jamie, en una fotografía © Mario Sierra
Bill Saad, impecable de esmoquin, junto a sus dos hijos, Julian y Jamie

Los novios pidieron a sus invitados que no les hicieran regalos, sino un donativo a Tara For Woman, la fundación que lleva el nombre de la hija desaparecida de Bill, que apoya económicamente a mujeres emprendedoras

Al pie de la escalinata trasera del castillo, se disponía al altar, entre calas blancas y columnas de espejo y cristal. Y para combatir la enésima ola de calor que azota París, los invitados podían resguardarse bajo parasoles a la espera de que los novios hicieran su aparición y poder inmortalizarlos con sus teléfonos mó… No, no, perdón. Rebobinemos. Eso, lo de los móviles, no ocurrió. No hubo móviles. Nada de pantallas interpuestas. Nada de transmitir la vida en lugar de vivirla… Los novios pidieron a sus invitados que volvieran a vivir el momento como lo hacíamos antes, de la manera más real y también exclusiva. Es decir, disfrutándola para ellos mismos. 

En el retrato: Nieves con Stéphane Rolland; la pareja de este y socio, Pierre Martinez, y Phillippe Dellessard, mano derecha del diseñador francés© Mario Sierra
Nieves con Stéphane Rolland; la pareja de este y socio, Pierre Martinez, y Phillippe Dellessard, mano derecha del diseñador francés

Invitados y joyas

Y si tuviéramos que enumerar los invitados, podríamos decir que el sitting de la ceremonia describiría el Who’s Who del lifestyle internacional. Desde el diseñador Stéphane Rolland acompañado de su socio y pareja, Pierre Martinez, a la joyera Cristina Yanes y su marido, José Luis Santos; el también joyero Sergio Berger; Raphael Gantchoula-Kanoui, director de Bvlgari España; amigas de profesión, como la modelo Laura Ponte; amigas de toda la vida, como Almudena Roca de Togores con su marido, el fotógrafo Oleg Covian; la periodista y escritora Belén Junco; Nuria González y su hermana, Yolanda, acompañadas de Iván y Alma, los hijos de Nuria y Fernando Fernández-Tapias; compañeros de trabajo como Jesús Mari Montes, director de Nieves en RTVE; el empresario mexicano Javier Sordo Madaleno y su mujer, Ana Paula de Haro, o la empresaria y diseñadora mexicana Adriana Abascal, que acudió acompañada, sí, pero no del príncipe Emmanuel Filiberto de Saboya, con quien, dijo, guarda una excelente relación. 

Nieves Álvarez en un retrato con su espectacular diseño © Mario Sierra
Nieves Álvarez, espectacular, descendió la escalinata de piedra que se hunde en el jardín. En su camino al altar, la modelo estuvo flanqueada por sus hijos, Adriano y Brando, mientras Bianca —hermana melliza de Brando—, bellísima con un vestido rojo de escote palabra de honor, de Jorge Redondo, sostenía la cola del traje de su madre

Considerado el último de los castillos franceses, el Château de Ferrières perteneció al barón James Rothschild, fue dos veces ocupado por las tropas alemanas en las guerras mundiales y albergó algunas de las fiestas más excéntricas de los años 60 y 70

Con el sol acariciándoles aún el perfil izquierdo, la ceremonia daba comienzo. Una bendición católica esta vez, que Nieves quería también rubricar la fortaleza de su unión con Bill a través de sus creencias. Lo hacía con música de Mozart, de Schuber… y las voces de una mezzo y una soprano. Y, por supuesto, con Bill Saad, impecablemente vestido de esmoquin, esperando a la novia en el altar junto a sus dos hijos varones, Julian (que acudió a la celebración con su "chica", Hannah) y Jamie, quienes también lucían esmoquin a juego. Dos minutos después, era la novia quien emergió del castillo. Y decimos bien, porque Nieves, como una orquídea, descendió la escalinata flanqueada por sus hijos, Adriano y Brando, mientras Bianca, bellísima con un vestido rojo de escote palabra de honor, de Jorge Redondo, sostenía la cola del traje de su madre

Nieves Álvarez en París© Mario Sierra
Nieves Álvarez luce su espectacular diseño nupcial© Mario Sierra

La bendición

El párroco se convertía de improviso en una de las grandes sorpresas de la celebración. A simple vista, era un impoluto sacerdote vestido con la alba blanca, pero en realidad se trataba del titular de La Madeleine de París, de origen libanés y amigo cercano de Bill. Tras las lecturas, a cargo de los hijos del novio, en inglés y francés, y de las peticiones, a cargo de los hijos de Nieves en castellano —y emocionando a su abuela, vestida por Tot-Hom—, se procedió al intercambio de anillos. 

Una vez que los novios volvieron a intercambiar sus alianzas, Bill, mirando a Nieves, pronunció una frase que arrancó las sonrisas de los invitados: "Por fin, ¡la tercera vez que nos casamos…!"

Fue entonces cuando Bill, mirando a su esposa, pronunció la frase que arrancó las sonrisas del público: "Por fin, ¡la tercera vez que nos casamos…!". Para concluir el acto por todo lo alto, tras la interpretación del Ave María y del tema religioso Pescador de hombres en español, el sacerdote ejecutó un plot twist que bien podría haber sido un fragmento de celuloide de Fellini: miró a los presentes, se despojó del alba y advirtió divertido: "Bueno, pues ahora ya no soy cura", y se arrancó a cantar O Sole Mio con la misma voz portentosa de un tenor profesional.

Nieves y Bill recibiendo la bendición ante el Château de Ferrières durante su ceremonia nupcial© Mario Sierra
Nieves y Bill recibiendo la bendición ante el Château de Ferrières, construido entre 1855 y 1859 por el arquitecto británico Joseph Paxton, por orden del barón James de Rothschild
Nieves junto a sus tres hijos de camino al altar© Mario Sierra
Nieves junto a sus tres hijos: Adriano, de 23 años, y los mellizos Brando y Bianca, de 18
Panorámica del castillo para la ceremonia © @CHATEAUDEFERRIERES

Con las últimas luces del día daba comienzo el cóctel, servido en los jardines que se abren al poniente del castillo; un aperitivo que fusionaba la elegancia y el savoir faire parisino con el carácter y la opulencia españoles, en el que no faltaron el corte de jamón ibérico regado con vinos de Marqués de Murrieta, pero tampoco las jarras de agua fresca con hielo, menta y limón para refrescar las altísimas temperaturas. Y de ahí los invitados pasaron al interior del château para la cena nupcial

Los hijos de Bill, Julian y Jamie, fueron los encargados de hacer las lecturas litúrgicas, en inglés y francés, mientras que las peticiones corrieron a cargo de los hijos de Nieves, Adriano, Brando y Bianca, en castellano 

Bill con sus dos hijos, Julian y Jamie© Mario Sierra
El empresario libanés con sus dos hijos, Julian y Jamie, modelo profesional

El escenario cortaba el hipo: un grandioso salón de paredes enteladas en rojo bermellón, con los muros repletos de retratos, bodegones y arcadias pastoriles de los siglos XVII y XVIII y unas maravillosas cariátides de Charles Cordier, un espacio que se abría a su vez al hall central del castillo, desde el que se puede ver el cielo gracias a la gran claraboya de cristal que convierte en famoso al edificio. En el centro, una inmensa mesa imperial, y a los lados, una docena de mesas adicionales bautizadas con títulos de la chanson francesa, desde C’est la vie, de Maurice Chevalier hasta el ineludible La vie en rose, de la Piaf.

Nieves Álvarez y Bill Saad durante su ceremonía© Mario Sierra

El párroco que bendijo la unión de la pareja fue uno de los grandes protagonistas de la jornada cuando, tras el 'Ave María' de Schubert, se quitó el alba y cantó 'O Sole Mio'

Nieves y Bill durante la ceremonia© Mario Sierra
El sacerdote que dio la bendición católica a los novios —párroco titular de la imponente iglesia de La Madeleine, de París, de origen libanés y amigo cercano de Bill— protagonizó uno de los mejores momentos de la celebración: se arrancó a cantar 'O Sole Mio' con la misma voz portentosa de un tenor profesional

I Will Survive 

Pero, de repente, cuando los comensales apenas comenzaban a dar cuenta del primer plato —un risotto al azafrán con setas silvestres, tomates confitados y parmesano—, la etiqueta palaciega saltó por los aires. Las puertas del salón se abrieron para dar paso a una banda de diez músicos, uniformados con chaquetas militares al más puro estilo Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, de The Beatles. Armados con sus instrumentos, desataron la fiesta. Durante casi dos horas ininterrumpidas, las formalidades y los protocolos desaparecieron para dar rienda suelta al disfrute: los novios e invitados se abandonaron al baile, las risas, las charlas distendidas… 

Nieves y Bill en los recuerdos de su boda parisina© Mario Sierra
Más recuerdos de la boda de Nieves Álvarez y Bill Saad en Château de Ferrières© Mario Sierra
Nieves Álvarez y Bill Saad, radiantes de felicidad, mientras pasean de la mano por los 1,25 kilómetros cuadrados de jardines que tiene el Château de Ferrières, entre pétalos blancos. La edificación, ubicada a 29 kilómetros de París, cuenta con una floresta circundante de 30 kilómetros cuadrados

No hubo móviles. Los novios pidieron a sus invitados que volvieran a vivir el momento como lo hacíamos antes. Es decir, disfrutando sin pantallas inter­puestas

Mientras que la cena seguía su curso: lomos de dorada a la parrilla con puré de boniato, guisantes con mantequilla, brotes tiernos y la salsa al champán… Y el clímax de este primer golpe de fiesta llegaba con una mujer que, paradójicamente, un día cantó a Lili Marlén, Marta Sánchez. La cantante, vestida de rojo por Lorenzo Caprile, tomaba prestado el micrófono y se marcaba una antológica versión de I Will Survive. Su chorro de voz fue tan abrumador que los propios músicos del grupo terminaron haciéndole reverencias en mitad del salón, el mismo que un día también se rendía a las notas aguardientosas de la Dietrich.

Nieves Álvarez posa con su diseño blanco nupcial© Mario Sierra

Para combatir la enésima ola de calor que azota París, los invitados pudieron resguardarse bajo parasoles blancos, Nieves no se separó de un precioso abanico de seda, también blanco

Rozando la 1:30 de la madrugada, cuando los pies empezaban a pedir tregua (o tiritas), la organización orquestó un cambio de escenario hacia otro gran salón. Esta vez, blanco imperio con enormes ventanales y vistas al jardín nocturno. Allí se desplegaba un bodegón de repostería francesa que orbitaba en torno a una monumental pirámide de macarons blancos a modo de pastel nupcial.

Nieves, en el llamado 'le salon blanc'© Mario Sierra
Nieves, en el llamado 'le salon blanc', adornado con frescos de Eugène Lami. Las estancias del castillo recibieron a Napoleón III y su mujer, Eugenia de Montijo, así como acogió grandes fiestas del diseñador Yves Saint-Laurent, a las que asistieron Grace Kelly, Audrey Hepburn y Brigitte Bardot. Tambien fueron escenario de películas como 'La novena puerta', de Polanski, o los videoclips de 'Partition' y 'Jealous', de Beyoncé
Un retrato de Nieves en su gran día © Mario Sierra

Nieves, que tantas veces ha posado como supermodelo para ¡HOLA!, nos ha regalado las instantáneas más bellas de uno de los los momentos más felices y emocionantes de su vida

Nieves, demostrando por qué es una de las grandes maniquíes de nuestra historia, ejecutó su esperado cambio de vestuario, reemplazando el volumen de Rolland para deslizarse con un elegantísimo y fluido vestido en tonos beis, firmado por Saint Laurent, inspirado en uno de sus favoritos sobre la pasarela de 1999. Porque la fiesta continuaba y la noche podía estirarse y estirarse, tanto como un nuevo día diseñado por Jay Gatsby. Y quizás ni él mismo habría hecho mejor. 

Nieves posa en una escalera con su cola kilométrica del vestido nupcial© Mario Sierra
El traje rojo de Redondo Brand, elaborado con 400 metros de bieses de tafetán y organza de seda, que la modelo llevó en la fiesta del día anterior © Oleg Covián
El traje rojo de Redondo Brand, elaborado con 400 metros de bieses de tafetán y organza de seda, que la modelo llevó en la fiesta del día anterior

Y como en toda buena obra de arte, no hay estética sin ética. Detrás de los cristales venecianos, las sedas y el champán, asomó también el espíritu filántropo de Bill Saad. Los novios pidieron que no hubiera regalos para ellos, sino ayudas para Tara For Women, la fundación benéfica que desde 2021 trabaja para proporcionar recursos económicos y humanos a proyectos liderados por mujeres emprendedoras y que lleva el nombre de su fallecida hija, Tara

Una invitación de la que ¡HOLA! también ha sido partícipe, porque este reportaje no es fruto de una exclusiva, sino de una amistad, una relación sólida forjada en años de confianza. Por eso, como amigos que somos y nos sentimos, para nosotros este reportaje es un regalo y, por supuesto, también una donación voluntaria a Tara. 

Entrada la noche, Nieves cambió de vestido. En esta ocasión, era un Saint Laurent en color beis, inspirado en uno de sus diseños favoritos del genio de Orán, perteneciente a la colección primera-verano de 1999

Nieves enfundada en un diseño de Saint Laurent © Mario Sierra
En el segundo vestido que lució Nieves en la celebración: un elegantísimo diseño en tonos beis, de Saint Laurent —inspirado en uno de sus vestidos favoritos de alta costura, que ella misma llevó en la primavera-verano de 1999—.

Una vez más, París fue la Ciudad de la Luz, pero este fin de semana, el destello era aún más cegador gracias a Nieves y Bill. Al fin y al cabo, el verdadero amor no es mirarse el uno al otro, sino mirar juntos en la misma dirección. Y si es desde las escalinatas de un palacio francés y a ritmo de Gloria Gaynor, muchísimo mejor.

El salón escogido por Nieves y Bill para celebrar la ceremonia © Apolo Contreras Ruz
El salón donde se sirvió la cena, decorado con paredes enteladas y pinturas de los siglos XVII y XVIII