La historia de la boda de Nieves Álvarez y Bill Saad se desplegó como un cuento dividido en dos actos. El primero sucedió el 12 de junio pasado, la pareja unió sus vidas en una íntima ceremonia ortodoxa en la catedral griega de Saint-Étienne, París. En medio de la solemnidad de los cantos litúrgicos y la presencia de sus hijos, fruto de sus matrimonios anteriores, pusieron el broche de oro a su relación en un ambiente espiritual, lejos de los focos mediáticos pero cargado de simbolismo.
Un mes después, en el fin de semana del 11 y 12 de julio, París volvió a ser escenario de su amor, esta vez con un despliegue majestuoso en el Château de Ferrières, un castillo a casi 20 millas de distancia de la capital francesa. La modelo española apareció el sábado con dos vestidos de Alta Costura, uno firmado por Elie Saab, de quien acudieron a su desfile en la Paris Fashion Week hace algunos días. La fiesta reunió a un selecto grupo de amigos, no más de 200, entre artistas y personalidades, como Laura Ponte, Marta Sánchez e Isabel Valdecasas o el reconocido joyero mexicano, heredero de la tradición de la casa Berger Joyeros; quienes se dieron cita en el castillo con un ambiente decorado con música en vivo, flores blancas y rojas que transformaron el lugar en un escenario de ensueño.
Más allá del glamour, la pareja quiso dar un sentido profundo a su celebración, y pidieron a sus invitados evitar los obsequios propios de una boda; en su lugar, ofrecieron la alternativa de hacer una donación para la fundación Tara For Women, creada en memoria de la hija fallecida de Bill Saad. Un gesto solidario que, unido a la bendición católica, complementó la ceremonia ortodoxa y convirtió la boda en un símbolo de unión no solo entre dos personas, sino también entre tradiciones, familias y causas que trascienden lo personal.
Un look rojo que contrastó con el cielo parisino
Antes de la gran fiesta, la novia lució un look rojo que cautivó por las calles de París. Se trató de una pieza de Alta Costura, diseñado por Redondo Brand con 400 metros de seda y 150 horas de trabajo artesanal. El diseño por sí mismo ya era hermoso, pero al lucirlo Nieves con el cielo contrastando, le dio un toque extra de glamour.
El diseño de esta vibrante pieza resaltó la sofisticación natural de la modelo de 52 años, con un movimiento imponente a cada paso que daba. La pieza se convirtió en un homenaje al talento de la moda española, pero también en un reflejo fiel de la esencia de la modelo que, gracias a su currículum en pasarelas para Christian Dior, Hermès, Armani, Óscar de la Renta, Carolina Herrera, Prada, Vivienne Westwood o Jean-Paul Gaultier, se mostraba fresca y dichosa por este nuevo paso en su vida sentimental.








