La fascinante historia del castillo de París donde se ha casado Nieves Álvarez: de la ocupación nazi a las fiestas más excéntricas de los Rothschild


Considerado el último de los castillos franceses y escenario de su espectacular fiesta de boda


Nieves Álvarez en uno de los salones del castillo donde se ha casado© MARIO SIERRA
16 de julio de 2026 a las 6:30 CEST

"Por fin, ¡la tercera vez que nos casamos…! ", exclamó Bill Saad mirando a Nieves Álvarez y arrancando las sonrisas de todos los presentes el pasado 11 de julio en París. El empresario libanés pronunció esta frase durante la bendición católica que sirvió para rubricar su boda con la top model madrileña, después del obligatorio trámite civil ante notario y la posterior ceremonia por el rito ortodoxo que los contrayentes celebraron un mes antes en la catedral griega de St. Étienne, también en la capital francesa.

Nieves Álvarez y Bill Saad en la sesión fotográfica de su tercera boda nupcial© Mario Sierra
Panorámica del castillo para la ceremonia © @CHATEAUDEFERRIERES
Vistas del castillo

A imagen y semejanza de una ‘manor’ inglesa

Esta tercera celebración tuvo lugar en el Château de Ferrières, a las afueras de París, que está considerado el último castillo francés y que ha sido escenario de legendarios acontecimientos. 

Nieves y Bill recibiendo la bendición ante el Château de Ferrières, construido entre 1855 y 1859 por el arquitecto británico Joseph Paxton, por orden del barón James de Rothschild© Mario Sierra
El Château de Ferrières, construido entre 1855 y 1859 por el arquitecto británico Joseph Paxton, por orden del barón James de Rothschild

Construido entre 1855 y 1859 por el arquitecto británico Joseph Paxton por orden del barón James de Rothschild —de la dinastía de banqueros vitales para la historia económica de Europa de los últimos tres siglos—, se diseñó a imagen y semejanza de las Torres Mentmore, la casa de campo que Paxton levantó para un primo del barón en Inglaterra. Se dice que al contemplar el edificio de la campiña de Buckinghamshire, el poderoso banquero ordenó al arquitecto: “Constrúyame un Mentmore, pero dos veces mayor”. 

Nieves, en el llamado 'le salon blanc', adornado con frescos de Eugène Lami. Las estancias del castillo recibieron a Napoleón III y su mujer, Eugenia de Montijo, así como acogió grandes fiestas del diseñador Yves Saint-Laurent, a las que asistieron Grace Kelly, Audrey Hepburn y Brigitte Bardot. Tambien fueron escenario de películas como 'La novena puerta', de Polanski, o los videoclips de 'Partition' y 'Jealous', de Beyoncé© Mario Sierra
Nieves, en el llamado 'le salon blanc', adornado con frescos de Eugène Lami.

Un tren subterráneo para la comida

Y, desde luego, se lo hizo a lo grande. Rodeado por 30 kilómetros cuadrados de bosques, el edificio cuenta con 80 habitaciones para invitados, además de alojamiento para 100 trabajadores. El techo artesonado de la sala principal está sostenido por unas maravillosas columnas de atlas y cariátides esculpidas por Charles Cordier y, como detalle de su sofisticación, la cocina estaba separada del edificio principal; para que la comida llegara caliente al comedor, había un tren subterráneo que la transportaba hasta el château.

 
El salón donde se sirvió la cena, decorado con paredes enteladas y pinturas de los siglos XVII y XVIII© Mario Sierra
El salón donde se sirvió la cena, decorado con paredes enteladas y pinturas de los siglos XVII y XVIII

De Napoleón III a cuartel general de los nazis

El majestuoso château fue inaugurado en 1862 por Napoleón III y su esposa, Eugenia de Montijo, que pasearon por sus jardines de estilo inglés y por sus estancias, entre ellas el hall central, desde el que se puede ver el cielo gracias a la gran claraboya de cristal o el salon blanc, adornado con frescos de Eugène Lami y una formidable araña de cristal. 

En el segundo vestido que lució Nieves en la celebración: un elegantísimo diseño en tonos beis, de Saint Laurent —inspirado en uno de sus vestidos favoritos de alta costura, que ella misma llevó en la primavera-verano de 1999—.© Mario Sierra

Sede de grandes recepciones, también fue testigo de algunos dramas de la historia de Francia. En sus salones se celebró en 1870, en vísperas de la derrota francesa con Prusia, la famosa entrevista entre Bismarck  y el ministro de Exteriores francés Jules Favre, en la que el primero exigió la entrega de Alsacia y Lorena. Durante la Segunda Guerra Mundial, el castillo fue ocupado por los nazis. Un paréntesis que los herederos de Rothschild decidieron borrar tapiando tras la contienda el ala ocupada.

Vestido de novia de Nieves Álvarez creado por Stéphane Rolland© Mario Sierra

El Baile Proust

La baronesa Marie-Hélène, casada desde 1957 con Guy de Rothschild, recuperó el espíritu festivo de este coloso de estilo neorrenacentista con sonadas recepciones. En sus magníficos salones, como el grandioso espacio de paredes enteladas en rojo bermellón, con los muros repletos de retratos, bodegones y arcadias pastoriles de los siglos XVII y XVIII, celebró en 1971 una fiesta con motivo del centenario del famoso escritor francés Marcel Proust.

Nieves Álvarez con su vestido nupcial de cola kilométrica© Mario Sierra

El baile, al que acudieron invitados como la princesa Gracia de Mónaco, Audrey Hepburn, Brigitte Bardot, Marisa Berenson y Elisabeth Taylor con Richard Burton, encarnó a la perfección el glamour y la elegancia de la época, combinando el homenaje literario con la vida de la alta sociedad y de la aristocracia francesa. El fotógrafo de la velada no fue otro que Cecil Beaton, uno de los más célebres del siglo XX, ante cuya cámara desfilaron las asistentes vestidas de Yves Saint-Laurent, Dior y Valentino.

Cabezas surrealistas

Al año siguiente, el 12 de diciembre de 1972, la baronesa Marie-Hélène y el barón Guy de Rothschild orquestaron el celebérrimo Diner de Têtes Surrealiste (Cena de cabezas surrealistas). Una noche que pasaría a los libros de Historia del Arte porque Salvador Dalí diseñó algunos de los tocados de las damas de entonces, como Audrey Hepburn, que se puso una jaula en la cabeza, o el de la propia anfitriona, que recibió a sus invitados con una impresionante máscara de ciervo, de cuyos ojos manaban lágrimas hechas con diamantes.

Tres años después de realizada la fiesta, el matrimonio Rothschild donó el castillo a la Universidad de París y se fue a vivir a una casona que había construido en el bosque circundante. Pero los ecos de la celebración se prolongaron durante años y años y hoy se sigue recordando el baile Dalí como una de las reuniones más exquisitas y extravagantes de la alta sociedad.

Nieves posa en una escalera con su cola kilométrica del vestido nupcial© Mario Sierra