Desde hace unos días, un nuevo nombre acapara titulares en la escena social: Alejandra Cortina Cué. Famosa desde la cuna por ser la única hija de dos personalidades tan conocidas como el empresario Alberto Cortina y la experta en arte Elena Cué, sin embargo, hasta ahora había mantenido un perfil bajo, alejada del foco mediático. Sus apariciones en público eran escasas y contadas: un estreno en el Teatro Real, una visita a ARCO, un premio de poesía... Y siempre en compañía de su madre.Pero todo lo relacionado con Alejandra genera un gran interés. Se ha convertido, quizá sin pretenderlo, en una it girl de la Generación Z. Especialmente desde su reciente debut en el universo literario con el libro de poesía Siete maneras de arder.
La joven escribió la obra con 19 años y la ha publicado y presentado con 20 recién cumplidos. Gracias a sus entrevistas —como la que concedió hace unos días a ¡HOLA!— y a la disertación que hizo durante la puesta de largo de su poemario —el pasado 29 de abril en el hotel Santo Mauro de Madrid—, sabemos que la autora es muy curiosa, inquieta, ávida lectora y escritora desde su más tierna infancia, y que tiene un gran interés por la literatura gótica y por el cine.
También sabemos que, seguramente como herencia de su madre, que está considerada una de las mujeres más elegantes de nuestro panorama social, Alejandra presta especial cuidado a su imagen, con la que transmite un gran interés por la estética. En conversación con ella, nos desvela que si tuviera que escoger tres palabras para definir su manera de vestir serían: “Clásica, cambiante y abierta”.
Una definición que también valdría para su madre, Elena Cué, que ha hecho de la elegancia funcional y sofisticada su sello personal. La mujer de Alberto Cortina suele apostar por looks compuestos por chaquetas, blusas ligeras y pantalones rectos de pinzas; casi siempre opta por los colores neutros y no renuncia a los detalles modernos, aunando comodidad y sofisticación. Su armario lo componen prendas de calidad, accesorios escogidos y toques de tendencia, que son las bases de su estilo clásico, refinado y versátil.
En la presentación del libro de su hija, la empresaria y experta en arte volvió a dar una lección de buen gusto con un vestido de color azul ceniza de Altuzarra, de largo midi, con escote en V y detalle joya en la cintura, formando un elegante drapeado y resaltando su espectacular figura. Alejandra, por su parte, optó por un mono de color marfil de la colección para esta primavera de la firma francesa Barbara Bui, un diseño fluido y muy acorde a su edad, que combinó con unas sandalias marrones de tacón.
“La moda siempre ha sido más que nada una extensión natural de mí, pero me interesa muchísimo”, nos dice la escritora. “Tengo muchas amigas que trabajan en la moda y es un sector también extremadamente creativo. Se puede jugar mucho y tiene mucha libertad, y eso es siempre lo que me ha atraído de ella”, añade.
Alejandra es sobre todo una persona muy creativa, que por el momento ha encontrado en la literatura su principal vía de expresión, pero que no descarta hacer cine en el futuro tras la cámara. Apasionada de la fotografía, del arte—“creo que el Museo del Prado es increíblemente completo. Siempre me ha atraído más el arte clásico que el moderno, y la colección que tiene es realmente magna. Es uno de esos sitios a los que puedes volver muchas veces y siempre encuentras algo nuevo”— y de la música en todos sus géneros —“me puede gustar tanto un buen flamenco en un tablao como cualquier otra cosa, según el momento”—, confiesa que entre sus aficiones también se encuentra mirar a la gente: “Me divierte mucho. Conocerla, observarla, intentar descifrarla... es casi un deporte”. “En el fondo —admite—, todo lo que me interesa tiene que ver con crear o entender. Me gusta moverme entre distintas formas de expresión; no quiero que mi creatividad se monopolice en un solo sitio”.






