Sostiene Alejandra Cortina que la literatura siempre ha formado parte de su vida: "No recuerdo realmente un momento en el que no leía o en el que no escribía, porque de pequeña también escribía mucho. Es parte de mí". La única hija del empresario Alberto Cortina y de la experta en arte Elena Cué no es ajena a estas páginas, en las que suele aparecer acompañando a su madre en actos sociales o culturales.
Ahora se asoma por sí misma, en solitario y sin red, para hablarnos de su primera obra literaria, Siete maneras de arder (Editorial Cántico), un poemario que surgió a borbotones de su pluma experta y herida. A pesar de su juventud —lo escribió con 19 años y cumplió los 20 el pasado 1 de marzo—, Alejandra es una "rara avis" en estos tiempos dominados por la dictadura del contenido y el scroll. Sus ojos marrones, muy vivos, arrojan esa mirada curiosa y ávida de conocimiento, capaz también de excavar en los sentimientos más profundos del alma en pos del arte. Un prodigio.
En Siete maneras de arder la autora plantea "un descenso poético a los rincones más oscuros que todos tenemos dentro, donde los siete pecados capitales no son condenas morales sino territorios del deseo". Si sorprendente es la temática, más impactante es que lo escribió en inglés (aunque estudió en un colegio francés) para traducirlo después ella misma al español. "La verdad es que siempre he leído mucho en inglés, por algún motivo siempre me ha atraído más. Incluso con 14 años ya escribía historias en inglés; las sigo conservando y, sin darme cuenta, se convirtió en mi forma más natural de expresarme", aclara, antes de añadir: "Ahora sí que estoy intentando acercarme más al español, porque al final es mi lengua, la de Cervantes… y me gustaría hacerle justicia. Pero el inglés sigue siendo el idioma en el que me siento más cómoda a la hora de escribir".
Estudiante de Filología Inglesa, además de las letras, le apasionan el arte, la fotografía, la música, el cine y el campo, a los que se acerca con espíritu inquieto y diseccionador, pero también como distracción.
"Mi obra es profundamente personal; nace de un momento de crisis existencial que, de alguna manera, impulsó toda la escritura. No cuento mi vida sino que escribo desde estados reales"
"Siempre me ha intrigado el deseo y la pregunta incómoda que lo acompaña: por qué ciertos impulsos, que nacen de manera tan natural, deben ser castigados"
¿Por qué los siete pecados capitales?
Desde siempre la religión me ha fascinado, no tanto desde la fe como desde su arquitectura moral. En particular, la idea de pecado: qué se considera incorrecto a los ojos de Dios y por qué. Siempre me ha intrigado el deseo y la pregunta incómoda que lo acompaña: por qué ciertos impulsos, que nacen de manera tan natural, deben ser castigados. Ahí es donde empecé a escribir. En ese proceso, la influencia de El Bosco fue inevitable. La mesa de los siete pecados capitales siempre ha sido una de mis obras favoritas, no solo por su estética, sino también por la precisión con la que representa el pecado como algo cotidiano, humano y cercano.
¿Qué te atrae de El Bosco, de su mirada?
El Bosco es un pintor profundamente singular, casi adelantado a su tiempo. Aunque el surrealismo surge siglos después, hay en su obra una imaginación que rompe con toda lógica evidente, y que artistas como Dalí supieron reconocer. Lo que más me atrae es que nada en sus pinturas es gratuito: cada figura, cada animal, cada gesto contiene un significado. No solo pinta, sino que narra historias. Hay un nivel de detalle casi obsesivo como en La adoración de los Reyes Magos, donde los propios tejidos están cargados de escenas, lo que convierte su obra en un lenguaje que hay que descifrar. Esa forma de mirar el mundo, donde lo simbólico y lo humano se entrelazan, ha sido una gran influencia en mi escritura.
"Soy muy sensible. Lo malo lo vivo fatal y me recreo bastante en la tristeza… pero lo bueno también lo vivo casi como un éxtasis. Eso a veces vuelve un poco locos a mis padres"
¿Qué mensaje tiene el libro? ¿Qué crees que quedará después de su lectura?
El libro no tiene un mensaje universal ni pretende ofrecer respuestas cerradas. Desde el principio propone una única vía: contemplar. No está escrito para moralizar, sino para incomodar, para hacernos cuestionar nuestros propios deseos, nuestra forma de vivir e incluso nuestra relación con la fe. Me gustaría que se leyera con cierta apertura, sin demasiado dogma pero tampoco desde el exceso de libertad interpretativa, porque ahí es donde puede perderse su equilibrio. Si algo quiero que quede después de la lectura es el lector enfrentado, de manera íntima, a sí mismo.
¿Qué tiene de personal tu obra?
Mi obra es profundamente personal; nace de un momento de crisis existencial que, de alguna manera, impulsó toda la escritura. Hay algo muy directo en cómo están abordados ciertos pecados. Por ejemplo, la acedia fue quizá el que menos investigación requirió, porque en ese momento no lo estaba estudiando, sino viviendo. Creo que ahí está lo personal: no cuento mi vida sino que escribo desde estados reales.
Escribir con solo 19 años un libro es abrumador. ¿Cuándo surgió en ti esta afición tan precoz?
Mi amor por la literatura empezó desde temprana edad, recuerdo que cuando tenía nueve o diez años, mi madre y yo íbamos a un montón de librerías y comprábamos libros de diferentes lenguas. Siempre me atrajo el hecho de que te metes dentro de un mundo completamente diferente, puede ser fantasía, histórico… y poco a poco, cuando fui madurando, con 14 años me topé con un libro, El retrato de Dorian Gray, que ha marcado toda mi carrera como escritora, y de ahí empecé a estudiar muchísimo a los grandes autores ingleses y me interesé muchísimo por la literatura gótica.
¿A quién le agradeces tu amor por las letras? ¿Quiénes son tus referentes y tus inspiraciones?
Le debo mi amor por las letras, en primer lugar, a mi madre, que ha sido un ejemplo constante, y también a algunos profesores que lo han sabido alimentar con el tiempo. En especial, a mi profesor de literatura inglesa, Michael Cade-Stewart, que durante años fomentó esa curiosidad y ese vínculo con la escritura. En cuanto a influencias, han sido sobre todo los autores que he leído y que han dejado una huella directa en mi forma de escribir. Oscar Wilde, por ejemplo, cuyo prólogo de El retrato de Dorian Gray abre el libro; Kim Addonizio, por la crudeza y libertad de sus versos; o Nabokov, por esa prosa tan precisa y a la vez inquietante.
"La literatura siempre va a estar en el centro de mi vida y me gustaría, en un futuro, acercarme al mundo del cine. Siempre me han interesado mucho las adaptaciones de libros"
¿Te sientes diferente entre los de tu generación? La mayoría de las chicas de 20 años están más preocupadas por la ropa, el maquillaje, su plan de fin de semana…
Para nada. Que me guste la literatura y escribir no significa que sea aburrida, al contrario, me encanta salir y pasármelo bien. Vivir la vida plenamente nunca ha sido algo que me haya reprimido; de hecho, creo que, si lo hiciera, sería muy difícil hablar de pecado. Además, mucha gente de mi entorno tiene inquietudes similares. Igual una noche salimos de fiesta y al día siguiente estamos cenando con una botella de vino, hablando de todo y cuestionándolo todo. No son cosas incompatibles.
El amor por la poesía es una muestra de sensibilidad y puede provocar que todo te afecte más y más profundamente. ¿Lo sientes así?
Sí, soy una persona muy sensible. Lo malo lo vivo fatal; y me recreo bastante en la tristeza… pero lo bueno también lo vivo casi como un éxtasis. Estoy bastante en los extremos, y eso a veces vuelve un poco locos a mis padres. Pero también es una forma de vivir que no cambiaría, porque de ahí sale mucho de lo que luego escribo. Al final, esa intensidad tiene un precio, pero también es el motor de todo.
Una lista interminable
¿Cómo ha vivido tu entorno y tu familia esta vocación? ¿Te has sentido apoyada?
Al principio, cuando decía que quería ser escritora, no me sentí especialmente apoyada. Es normal, supongo: desde fuera puede parecer algo pasajero, casi como si fuese una etapa, o una cuentacuentos. Pero en cuanto empezaron a ver lo que escribía, el trabajo que había detrás, y ya con el poemario, la percepción cambió completamente. Ahora están encantados, porque ven que no es un capricho, sino algo que realmente me apasiona y me da vida.
¿Qué consejos has recibido? ¿Tienes miedo a equivocarte?
La lista de consejos es interminable, sobre todo por parte de mis padres. Mi madre, por ejemplo, todas las mañanas en el desayuno me da una charla… ya es un clásico (y sí, a veces se hace un poco larga, pero luego lo agradezco). Y no, no tengo miedo de equivocarme. No veo las decisiones como algo bueno o malo, sino como parte del proceso. Al final, como dice mi padre, en la vida hay que ser valiente.
"No tengo miedo de equivocarme. No veo las decisiones como algo bueno o malo, sino como parte del proceso. Al final, como dice mi padre, en la vida hay que ser valiente"
¿Hasta dónde te gustaría que te llevara tu carrera literaria? ¿Es una vocación muy clara, un mientras tanto…?
No lo veo como algo temporal. La literatura siempre va a estar en el centro de mi vida, aunque haga otras cosas a la vez. Sí que me gustaría, en un futuro, acercarme al mundo del cine. Siempre me han interesado mucho las adaptaciones de libros, y me haría mucha ilusión explorarlas e intentar hacer alguna con algún libro que escriba.
¿Qué tipo de cine te gusta, quiénes son tus directores favoritos?
Me gusta un cine bastante variado, pero sobre todo el que tiene una mirada clara detrás, el que crea un universo específico. Steven Spielberg me parece increíble por su capacidad para emocionar y contar historias que conectan con todo el mundo. Tiene algo muy limpio narrativamente, pero a la vez muy potente. Pedro Almodóvar me interesa muchísimo por su universo tan propio, el uso de los colores. Tiene una forma de tratar las emociones, los personajes y lo femenino que es muy intensa, muy estética y muy reconocible. Quentin Tarantino me encanta por los diálogos y por cómo juega con la violencia y la estética. Todo está muy estetizado, muy pensado, y tiene ese punto provocador que siempre funciona. Y Christopher Nolan me parece fascinante por cómo construye el tiempo y la narrativa. Sus películas te obligan a estar completamente dentro, a pensar mientras ves. Y los fotogramas son impresionantes. Al final, me gustan directores que no solo cuentan historias, sino que crean un mundo propio.
"Que me guste la literatura y escribir no significa que sea aburrida, al contrario, me encanta salir y pasármelo bien. Vivir la vida plenamente nunca ha sido algo que me haya reprimido; de hecho, creo que, si lo hiciera, sería muy difícil hablar de pecado"
La poesía es muchas veces tormentosa, reflejo de un alma sensible, inquieta, ¿cuál es tu momento de escribir cosas tan profundas y a veces difíciles? ¿Cómo te sientes cuando salen estos versos de ti?
Escribo cuando no me queda otra. No soy muy disciplinada en ese sentido: escribo cuando algo insiste lo suficiente como para no dejarme en paz. Cuando plasmo en el papel en blanco lo que quiero decir, me siento liberada y más ligera de alma.
¿Tienes algún ritual para escribir? ¿Algún lugar concreto, alguna pluma, algún momento?
No tengo un ritual como tal, pero sí una especie de momento. Me gusta mucho escribir por la noche, cuando todo está más callado. Tengo una pequeña colección de vinilos que voy ampliando en tiendas de segunda mano que hay en Caleido, y muchas veces me pongo uno, me fumo un cigarro y escribo tranquila en casa. Para mí, es un planazo.
"Llevo un par de años con una novela en mente que nunca he tenido tiempo de sentarme a escribir, pero que me apetecería muchísimo"
¿Cuánto tiempo seguido te puedes pasar escribiendo? ¿En qué te inspiras?
Cuando me llega la "musa" puedo pasarme horas escribiendo, sin darme cuenta. Suele aparecer en momentos bastante cotidianos, no en situaciones especiales. Muchas veces justo antes de dormir, cuando todo se calma un poco. Y me inspiro en casi todo: en una conversación, en una persona, en un sitio… no tengo una fuente concreta.
¿Cuáles han sido las primeras impresiones que ha recibido tu obra?
Las dos impresiones que más me han marcado han sido muy distintas. Por un lado, mi abuelo me dijo que estaba preocupadísimo porque se veía "la patita de Lucifer asomarse por todo el libro". Y, por otro lado, mi editor me comentó: "Paradójicamente, tu libro ha tenido un efecto sanador". Me hizo mucha gracia ese contraste. En general, lo que más he recibido es sorpresa.
Demasiados planes
¿Qué planes tienes ahora: ya estás pensando en un próximo libro, quizás será en prosa?
Tengo demasiados planes y ese es, en parte, el problema. Mi madre siempre me dice que quien mucho abarca, poco aprieta… y estoy justo en ese momento. Llevo un par de años con una novela en mente que nunca he tenido tiempo de sentarme a escribir, pero que me apetecería muchísimo. También me atrae la idea del teatro. Al final, lo bonito de escribir es que hay infinitas posibilidades, puedes hacer casi cualquier cosa que imagines… pero a veces eso también se vuelve un poco abrumador.
"Tengo dos ejemplos de vida: Mi madre, por su perseverancia, su magnetismo y su sentido común. Y mi padre, por su discreción, su inteligencia y ese sentido del humor tan suyo"
Más allá de la literatura, ¿qué aficiones tienes, cuáles son tus intereses?
La música siempre ha sido una de mis grandes pasiones y no soy nada fiel a un solo género. Me puede gustar tanto un buen flamenco en un tablao como cualquier otra cosa, según el momento. También me divierte mucho la gente. Conocerla, observarla, intentar descifrarla… es casi un deporte. Pintar me encanta, aunque se me dé fatal, así que lo hago más como una forma de evadirme que como una disciplina seria. La fotografía también me atrae mucho, tiene algo de capturar lo que normalmente se escapa. Y luego está el campo, que es otra parte importante de mi vida, algo completamente distinto pero muy necesario para mí. En el fondo, todo lo que me interesa tiene que ver con crear o entender. Me gusta moverme entre distintas formas de expresión; no quiero que mi creatividad se monopolice en un solo sitio.
¿Quién es tu referente, tu ejemplo de vida?
Tengo dos. Mi madre, por su perseverancia, su magnetismo y su sentido común. Y mi padre, por su discreción, su inteligencia y ese sentido del humor tan suyo, que es divertidísimo. Supongo que, de alguna forma, intento quedarme con un poco de los dos.













