Alejandra Cortina Cué se ha convertido en uno de los descubrimientos literarios del año. Con Siete maneras de arder, el poemario que, como hemos informado, ha publicado con tan sólo 20 años, la hija del empresario Alberto Cortina y la experta en arte Elena Cué no sólo ha demostrado su talento para la escritura; también estar dotada de una cultura inusual a su edad, además de su pasión por la literatura inglesa, el arte, la filosofía, el latín…
En la presentación del libro —que plantea "un descenso poético a los rincones más oscuros que todos tenemos dentro, donde los siete pecados capitales no son condenas morales sino territorios del deseo", como explicó a ¡HOLA!—, los editores afirmaron que cuando se acercaron por primera vez a la obra, vieron que estaban ante un fenómeno editorial poco común, en especial por la edad de la autora.
Es precisamente esta mezcla que alberga Cortina en su persona, una mente inquieta e interesada por aspectos poco comunes en los centennials, lo que nos llevó a conversar con ella sobre el impacto de la Inteligencia Artificial y su relación con las nuevas tecnologías.
La IA: una segunda revolución
Para la escritora, aunque la IA genera incertidumbre por el desplazamiento del capital humano en algunos puestos de trabajo —un proceso que en su opinión se asemeja a la Revolución Industrial—, sus beneficios en campos como la ciencia ya son una realidad innegable. La clave, según Alejandra, no está en el miedo, sino en la adaptación. “Creo que la Inteligencia Artificial es una especie de segunda revolución. Nos guste o no, vamos a tener que aprender a convivir y trabajar con ella”, afirma con pragmatismo.
“En muchos ámbitos ya está siendo muy positiva, como en el médico o el científico —añade—. Es verdad que también está generando inquietud porque está sustituyendo ciertos trabajos, pero eso ya ha pasado antes. En la Revolución Industrial ocurrió algo parecido. Ahora estamos justo en ese momento de adaptación. Creo que puede ser muy beneficiosa si se usa bien, pero todavía estamos aprendiendo a hacerlo”.
Redes Sociales: ¿Entretenimiento o demonización?
Al ser consultada por su relación con plataformas como TikTok o Instagram, Alejandra huye de los discursos extremistas. A diferencia de quienes ven en las redes un peligro absoluto, ella destaca su capacidad para conectar con contenidos de valor y aportaciones diferenciadoras.
“Como todo el mundo, las uso como entretenimiento cuando tengo tiempo muerto y no sé qué hacer. Creo que las redes sociales se han demonizado bastante, pero también tienen cosas muy positivas. Hay gente y contenidos realmente interesantes, con puntos de vista diferentes que aportan mucho. Como todo en la vida, el problema está en el exceso”, confiesa.
Por tanto, el análisis de cómo interactúa Alejandra Cortina con las redes sería el siguiente:
- Uso consciente: Las utiliza como entretenimiento en tiempos muertos.
- Contenido de valor: Defiende que existen perfiles que "aportan mucho".
- El equilibrio: Según Alejandra, el problema no es la herramienta, sino el exceso.
El refugio del papel en la era digital
A pesar de su apertura mental hacia la cultura online, Alejandra Cortina mantiene un vínculo inquebrantable con lo analógico. Su defensa del libro en formato físico es una declaración de intenciones sobre cómo la tecnología no tiene por qué sustituir al placer sensorial.
“Yo soy totalmente de papel. Me gusta coger un libro, subrayarlo, escribir en los márgenes… hacerlo un poco mío”, confiesa. Aunque reconoce la practicidad del libro electrónico —especialmente para viajar—, prefiere cargar con mucho peso a cambio de la conexión íntima que le ofrece el papel. “No critico para nada el libro electrónico, es muy práctico. De hecho, me he dado cuenta de que yo no soy nada práctica, porque cuando viajo llevo el bolso que me pesa kilos solo por los libros en físico”.
Vinilos frente al streaming
Esa búsqueda de la autenticidad se extiende a su forma de escuchar música: frente al click rápido del streaming, el vinilo le aporta una pausa y una calidez que casan perfectamente con su forma de entender la escritura.
Cuando se enfrenta al folio —o a la pantalla de su portátil— en blanco, la autora reconoce que no tiene “un ritual como tal”, pero “sí una especie de momento. Me gusta mucho escribir por la noche, cuando todo está más callado. Tengo una pequeña colección de vinilos que voy ampliando en tiendas de segunda mano que hay en Caleido, y muchas veces me pongo uno, me fumo un cigarro y escribo tranquila en casa. Para mí, es un planazo”.
“No soy nada aburrida”
A pesar de esta defensa del papel y de lo analógico, lejos de ser una joven alejada de su tiempo y su generación, la hija de Alberto Cortina y Elena Cué no se considera diferente a sus contemporáneos: “Para nada. Que me guste la literatura y escribir no significa que sea aburrida, al contrario, me encanta salir y pasármelo bien. Vivir la vida plenamente nunca ha sido algo que me haya reprimido; de hecho, creo que, si lo hiciera, sería muy difícil hablar de pecado. Además, mucha gente de mi entorno tiene inquietudes similares. Igual una noche salimos de fiesta y al día siguiente estamos cenando con una botella de vino, hablando de todo y cuestionándolo todo. No son cosas incompatibles”.









