Norma Duval, una adelantada a su tiempo que rompió tabúes y reivindica el desnudo en la época del destape: "Hacía lo que me daba la gana con mi cuerpo"


Ni objeto sexual ni provocación gratuita: recordamos cómo la artista hizo de su perfecta anatomía un soplo de aire fresco y hablamos con ella en exclusiva


Norma Duval, espectacular a sus 70 años© PABLO ROBLES
Luis NemolatoDirector especiales ¡HOLA!
Actualizado 3 de abril de 2026 a las 8:30 CEST

Norma Duval acaba de cumplir 70 años y lo suyo salta a los ojos y hasta sonroja: tiene un cuerpo escultural. Un espectáculo. De belleza, de proporciones, de elegancia, de elasticidad… Y no, no la reducimos a un cuerpo. Todo lo contrario. Para Norma su cuerpo, su rostro, sus ojos felinos fueron su instrumento de trabajo en su momento. Afinado y curvilíneo como un Stradivarius. Pero, también, su piel desnuda fue un manifiesto, una reivindicación. Hoy —y todo el equipo de HOLA somos testigos de ello—, se enfunda con la misma gracia en los vestidos de alta costura que se ponía entonces en sus espectáculos.

Modelazos que dejaban ver —y ocultaban, al mismo tiempo— lo justo y necesario para, por un lado, pintar de fucsia el nacimiento de la cabellera de los señores, al tiempo que, por otro, conducía a sus esposas a registrar mentalmente aquellos movimientos para llevarlos acabo en su vida íntima y a localizar en su boutique de referencia ese body perfecto que recordara a… Norma. Y sí, ya lo estás viendo, esas mallas y esas lentejuelas le caben perfectamente. Norma no tiene ni un gramo más ni un gramo de menos. 

Ahora bien, imagínate cuando se los calzaba cuando solo tenía 17 años… Era apoteósico. Una fascinación. Increíble. Por eso, porque además contaba con un talento inconmensurable, triunfó sobre los escenarios españoles pero ¿que conquistara también París a golpe de cadera y se convirtiera en la primera española en ser la primera super vedette del Folies Bergere? Eso, chica, fue ya casi casi un milagro.

Porque en la Cité de la Lumiere, la ciudad del último tango, del can can, del burlesque, convertirse en la primera vedette de la sala de fiestas más importante del continente no era fácil. En absoluto. El Folies Bergere era (es) LA institución del género, la competencia era feroz (y planetaria… olvídate de Las Vegas) y el grado de exigencia, supino. Solo las mujeres de cuerpo más perfecto, sensualidad más hiperbólica y actitudes para el baile, la canción y la acrobacia eran las elegidas. Norma, todo eso, lo tenía. Ahora, piel, lo que se dice piel desnuda era algo para lo que el público del Folies estaba más que acostumbrado.Pero ¿la de una española (una española de aquella época, se entiende)? 

Eso sí que era harina de otro costal. Porque así fue. Como en una epifania, la madrileña fue una revelación en Paris. Y es que, Norma no solo fue un cuerpo y una cara preciosa, o una artista de cualidades excepcionales, Norma fue una adelantada a su tiempo. Rompió moldes en un momento en el que lo que ella hacía era inaudito y en el que su forma de entender su cuerpo era casi casi una cuestión política.

Norma Duval enfundada en un vestido blanco © PABLO ROBLES
El diseño que Carla Ruiz le ha confeccionado para este reportaje y que muestra, mejor que ninguno, la calma con la que llega a los 70 años

Porque Norma, tal y como nos cuenta en el número de esta semana, triunfó en un momento en el que España estaba dejando de ser una dictadura y se precipitaba dubitativamente en la democracia. Eran muchas cosas las que estaban cambiando y eran muchas las barreras que había que solventar. Para que lo entiendas, mientras que en Europa iban en MGs descapotables color mantequilla, España iba en 600. Y los primeros obstáculos, Norma los tenía en su propia casa. “Mi madre estaba empeñada en que fuera artista y mi padre todo lo contrario. Entonces había ahí una divergencia tremenda porque mi madre decía que sí y mi padre que no”, nos relata en la entrevista. Máxime, cuando su familia era castrense y el ejército y el espectáculo nunca han sido dos ámbitos que se hayan llevado especialmente bien. Norma, sin embargo, consiguió conjugarlos. Otro logro que apuntarle.

Yo soy hija de militar, hermana de militar, sobrina de militar, prima de militar y criada con un cierto toque castrense (risas). Para aguantar, para sufrir, para avanzar, para todo, me ha venido fenomenal esa disciplina. Me ha ayudado muchísimo. Y luego yo creía en mí. Yo decía: "Creo en mí y ¿por qué no voy a explotarme a mí misma? Yo quiero ser mi propia empresaria”. Y lo consiguió. Quizás porque como ella misma narra siempre fue “muy echada pa’lante. No me ha dado miedo en la vida. Siempre he saltado todas las vallas y todo lo que tenía que saltar lo he saltado. Sin herir a nadie, sin hacer daño a nadie, pero midiéndome a mí misma siempre”.

En 1973, Norma consiguió un éxito que supo a saltar a la fama: Miss Madrid, que en aquella época, los concursos de belleza te cambiaban la vida y servían de escaparate para las aspirantes a actriz o a cantante. Ya entonces, mostró sus armas: llevó un bañador, que compró en Galerías Preciados, muy “avanzado” para la época, verde, con cuello halter y dos tiras que solo le cubrían el pecho. Tocaba romper con prejuicios, dobles morales, conservadurismos, y ataduras cuando soplaban otros aires de libertad. Y ella lo sabía. Pero de lo que Norma no era tan consciente era de su belleza pero sí que su cuerpo iba a cambiarle la vida. Obviamente, se lo preguntamos.

Norma, ¿tú eras consciente de que eras… tan espectacularmente guapa?.

No no no. Mira, yo no sabía ni qué eran los abdominales… Yo le decía a mi madre: “Ay, mamá, todas mis amigas tienen la tripa plana y yo tengo aquí unas cosas horribles”. Y mi madre me contestaba: “Pues hija, has nacido así, tendrás que aguantarte”. Porque ¡No sabíamos lo que eran los abdominales! Hoy en día digo: "Qué suerte que tenía yo, que tenía abdominales de manera natural…". Ahora, cuando veo cosas mías, digo:" Qué cuerpo tenía yo, madre mía, qué elasticidad...". Pero en aquel momento, tu no eres consciente. Tú sólo quieres trabajar, quieres avanzar, y tu meta es triunfar, no mirarte al espejo. Cuando te miras es para lo fundamental. Nada más. No para admirarte, para decirte: ¡Qué guapa soy!. Aparte, yo tampoco me considero una mujer guapa, guapa. Yo me considero más una mujer atractiva que guapa.

Norma Duval, a sus 70 años, luciendo cuerpazo y vitalidad © PABLO ROBLES

Vale. Pero ser así de guapa, así de espectacular o así de atractiva, ¿Te ha cerrado también alguna puerta? Ya sabes, eso del “amargo don de la belleza”....

Absolutamente ninguna. Yo fui consciente de mis posibilidades, de dónde yo podía llegar y hasta dónde yo podía desarrollar mi trabajo con mi físico y con mi talento. En mi caso, tenía que tener un buen físico para mi profesión. Y entonces yo decidí explotar mi físico. Bien explotado ¿eh? Elegantemente. Nunca me ha gustado la vulgaridad. Si ves mi ropa, tiene un toque de elegancia, todo es costura. Y luego, he tenido la suerte de tener grandes maestros. Muy buenos maestros, que han sido fundamentales. Valerio (Lazarov) me enseñó muchísimo. De cómo funcionaban las cámaras, de cómo funcionaba la luz. Después, Carmen Sevilla, que fue como una hermana para mí… Sara Montiel… He tenido grandes maestras. Al mismo tiempo, he tenido muy buenos coreógrafos. El primero de ellos fue Nacho Arrieta. Nacho me enseñó a bajar la escalera y a caminar. Importantísimo.Pero, claro, al igual que Sara o que Carmen, Norma también tuvo que luchar contra el qué dirán. Siendo tan joven y mujer, solo se podía tener carácter para poder combatir los convencionalismos (y el machismo). Ahora bien, como decíamos, el tiempo y los vientos iban a su favor.

.Eras una mujer modernísima, Norma pero ¿cómo casaba eso de pertenecer a una familia militar y castrense y… que tu enseñaras… tanta piel?

Como te contaba… Mi padre no quería que fuera artista y era una época dura, la de la transición, políticamente hablando, fueron años de apertura, de salir de un régimen para ser una democracia y ahí, las grandes grandes actrices, ya la mayoría desaparecidas tristemente, y las que llegábamos después, dimos un paso adelante y, sí, nos bajamos las vestiduras. Has leído bien: “nos bajamos las vestiduras”. Y es que, incluso en eso… Norma, como sus coetáneas, desde las más mayores como Lola flores, Rocío Jurado o Rocío Dúrcal a las estrellas de su generación como Ana Belén, Marisol, Agatha Lys o Barbara Rey, todas fueron “rompedoras”. “Súper modernas, feministas a reventar. Y no de hablarlo, de ejercerlo. Hemos defendido a la mujer. Para eso hemos trabajado todas, mi generación y las de antes. Todas éramos feministas”.

Norma Duval en un retrato editorial© PABLO ROBLES

Pero fíjate, Norma, que luego está esta otra visión, la de “mujer explosiva es igual amujer objeto"....

Yo nunca he sido un objeto sexual. Ni lo he sentido así ni en ningún momento..

Porque tú mostrabas tu cuerpo porque era tuyo. Fin. ¿no? 

Yo hacía lo que me daba la gana con mi cuerpo. Me desnudé unas cuantas veces y cuando era muy, muy joven. Después, ya no. Es más, lo hice sin cobrar un duro, y luego, cuando me ofrecieron una fortuna por hacerlo, no quise (risas) El show entonces era una forma de decir “aquí estamos nosotras; esta España es así y rompemos moldes de todo tipo”.

TEXTO

Luis Nemolato

VÍDEO

José A. Carrascoso