Norma Duval cumple 70 años y nos invita a recorrer su vida de leyenda a través de sus 10 vestidos más icónicos: "El escenario es muy cruel"


La 'vedette' más espectacular de todos los tiempos hace balance, en exclusiva, de siete décadas marcadas por el éxito, la moda, la pérdida y la fuerza como matriarca de la familia


Norma Duval posando junto a un piano© PABLO ROBLES
Luis NemolatoDirector especiales ¡HOLA!
1 de abril de 2026 a las 6:06 CEST

Norma Duval fue (es) una adelantada a su tiempo. Antes que Beyoncé, Jennifer López o Shakira… ella ya lo hizo. Antes que Alessandro Michelle para Valentino, que Demna para Gucci, que Pierpaolo Piccioli para Balenciaga o Rousteing para Balmain… Ella ya se lo puso. Es más, el mismísimo Paco Rabanne se lo cosía a medida aguja en mano (o con alicates, que ya saben cómo se las traía él con los metales…). Pero es que, antes de que Cristina Pedroche jugara a las transparencias y a los mensajes encriptados entre paillettes y gasas desde la Puerta del Sol con las doce campanadas, ella ya también jugaba. Con una copa de cava, para brindar con la audiencia, enfundada en un vestido confeccionado con burbujas doradas de cristal.

Norma Duval fotografiada al cumplir 70 años© PABLO ROBLES
"Cuando me presenté al concurso de “Miss Madrid”, pisé una figurita que había en el suelo. Era la Virgen de Fátima. Había llovido, la saqué del barro y entonces lo supe: “Esta noche gano”. Aún guardo aquella imagen. Así fue cómo empecé"

Y desde la Gran Manzana y con Sharon Stone, que, quién no se acuerda de la de Instinto básico y su cruce de piernas con esta mujer al lado. Un bellezón que no solo tenía piernas, sino unos abdominales que harían palidecer a Margaret Quaelley en La sustancia, por no hablar de una mirada felina solo equiparable a la de Sophia Loren… Norma Duval fue "La mujer del año", pero podía haber sido la del lustro, la de la década o la del siglo. Ella podía con todo lo que se le pusiera por delante. Pero cuando no había llegado a los 50 (47 para ser exactos), decidió bajar las escaleras por última vez (y cómo bajaba las escaleras, señores…). 

Decía "adiós" entonces a los escenarios y "hola" a la vida. A una vida más tranquila, o más sosegada si quieren, o, también, más centrada en lo esencial y lo doloroso. Cómo obviarlo cuando la vida no es solo la ligereza de las plumas o el brillo de las lentejuelas… Ahora, hoy, este mismo fin de semana, Norma cumple 70 años. Sí, 70. Les dejamos que aparten por unos instantes los ojos del texto y se asombren debidamente con las fotos. No se lo tendremos en cuenta, no se preocupen.

Norma Duval, con uno de sus emblemáticos vestidos de pedrería © PABLO ROBLES
Norma Duval, con uno de sus emblemáticos vestidos de pedrería con los que bajó las escaleras del Follies Berger. Una obra de arte, nos dice, a juego con una impresionante capa de volantes. Cuarenta años después, vuelve a enfundárselo para los lectores de ¡HOLA! en la escalinata 'art nouveau' del Real Casino de Madrid. "Si te empezara a sacar vestidos de las cajas, no acabábamos en semanas", nos dice entre risas

¿Ya? Pues están en lo cierto: Norma está (es) espectacular. Y es (está) espléndida. Se lo contamos, y miren que en ¡HOLA! no somos mucho de revelar los vericuetos de nuestras portadas, pero aquí lo vamos a hacer para que nos (y la) entiendan. Porque, en un principio, Norma no estaba en el mood. Queríamos recordar lo que han dado de sí estas siete décadas de triunfos, de sueños, de amores y, también, de lágrimas, pero ¿recordar? ¿Norma? Ella no mira jamás atrás. 

Como mucho, como mucho, para recoger un zapato arrojado con fiereza —¿se acuerdan de aquello?—. Porque Norma es de pisar con determinación el presente. ¿Subida a un tacón afilado como un estilete? Por supuesto, pero siempre con los ojos al frente. Fue entonces cuando pensamos en viajar al pasado a través de las joyas que encierra en sus armarios, esas fantasías de strass, marabú y alta costura que solo ella, primera ve­dette del Folies Bergere y cuatro años musa de Rabanne, podría guardar en casa, que aún se puede calzar (sí, sí, los mismos de cuando tenía 17 años… Alucinen, están en su derecho) y que, obviamente, tienen un incalculable valor sentimental. 

"He sido siempre muy echada pa’lante. No me ha dado miedo en la vida. Siempre he saltado todas las vallas. Sin herir a nadie, sin hacer daño, pero midiéndome a mí misma siempre. Y en cuanto a lo de guapa, me considero más atractiva que guapa"

Por cierto, ¿han visto ya esa película noruega? ¿La del Oscar a la mejor película extranjera? En ella, habla la casa. Es un personaje más, como el testigo que guarda los secretos de la familia protagonista. Y habla de las grietas que abrieron las risas, pero también los gritos; de las oquedades de las ausencias, de los silencios y de los secretos; de la luz que entraba por las ventanas, pero también de la oscuridad de las puertas cerradas. Los vestidos de Norma, si pudieran hablar, seguro que nos lo contarían todo. 

Las alegrías, y también los sacrificios de esta mujer que, a los 16 ya lo daba todo por un sueño; que a los 22 tenía su propia compañía; que a los 24 descubría París, y, en un chasquido de dedos, se convertía en su reina; que vivió noches de gloria y días de ensayos y acrobacias; que venció prejuicios callando bocas con su trabajo y enseñando sus clavículas infinitas; que fue madre, pero también estrella; que amó como quiso y a quien quiso, que cuidó de sus niños, que cuidó de su hermana, que cuidó de su madre; que es… una leona. 

Por eso queríamos que estuvieran en la producción —al menos unos pocos, que lo que guarda es ingente—, que nos vieran, que nos escucharan, porque forman parte del relato y porque construyeron el mito, la leyenda. Y no, no sufrimos de Stendhal. O sí. ¿Quién puede permanecer impasible ante un abrigo de zorros rosa chicle cubriendo, sin conseguirlo, las curvas de una mujer como las del circuito de Montecarlo? Quien sea, no tiene corazón. Por cierto, dice Norma que, llegado el momento, se despojaría de todo. De todo, excepto de una cosa: lo que le late en el pecho. Pero no es verdad. Aquí lo tienen. Por su 70 cumpleaños, nos lo ha regalado ella a nosotros.

Entre sus plumas de marabú, Norma nos recuerda cómo eran aquellas primeras veces en las que, incluido su padre, remendaba y ajustaba las lentejuelas. "Recuerdo que estando yo en el Calderón, llevaba un traje todo de lentejuelas blanco, con un pantalón precioso… Y del roce del baile se me desprendían los cristales. Así que, el día que tenía libre, mi padre (que era el que no quería que fuera yo artista), mi madre y yo nos lo pasábamos con el dichoso pantalón encima de una mesa, cosiendo las lentejuelas. Mi padre gritaba algunas veces… pero siempre con la aguja"© PABLO ROBLES
Entre sus plumas de marabú, Norma nos recuerda cómo eran aquellas primeras veces en las que, incluido su padre, remendaba y ajustaba las lentejuelas. "Recuerdo que estando yo en el Calderón, llevaba un traje todo de lentejuelas blanco, con un pantalón precioso… Y del roce del baile se me desprendían los cristales. Así que, el día que tenía libre, mi padre (que era el que no quería que fuera yo artista), mi madre y yo nos lo pasábamos con el dichoso pantalón encima de una mesa, cosiendo las lentejuelas. Mi padre gritaba algunas veces… pero siempre con la aguja"
Norma Duval subida en los escenarios © ÁLBUM PERSONAL

Norma... ¡Que nos has abierto tu armario! Con todas estas maravillas delante, dime, por favor, cuál sería la que encierra la historia más bonita de tu vida.

(Risas). Todos son importantes, porque cada uno de ellos ha tenido su momento en mi historia, pero para mí, quizá, los más importantes serían los que pertenecen a la etapa francesa... Te diría, por ejemplo, los de Paco Rabanne y el vestido con el que hice la audición en el Folies, que fue cuando me contrataron: un traje que me hizo Amparo Coll (ella y Amparo Chordá fueron mis diseñadoras mucho tiempo), cuando yo tenía 18 años, y que llevé luego al Folies a los 24. Tenía el mismo cuerpo: ni un centímetro de más ni de menos. Para mí, estos vestidos forman parte de mi vida, porque yo con Paco… Fui su musa cuatro años. Los que estuve en Francia. Solo me vestía de Paco. Pero no para las fiestas. De la mañana a la noche, yo iba vestida de Rabanne.

"La belleza no me ha cerrado ninguna puerta. Fui consciente de mis posibilidades y hasta dónde podía desarrollar mi trabajo con mi físico y mi talento. Decidí explotarlo. Bien explotado. Elegantemente. Nunca me ha gustado la vulgaridad"

Era tu uniforme de trabajo.

Casi (risas). Yo adoraba a Paco y me sentía muy identificada con su ropa. Tan vanguardista, tan moderna, tan actual... Cuando nosotros estábamos saliendo de una dictadura, que aún no habíamos madurado la Democracia… Paco ya estaba rompiendo moldes haciendo trajes metálicos. Mira, cuando yo rodé para Freixenet, me hizo un traje increíble con burbujas doradas para el spot… 

Me fascina, pero vayamos al principio de los tiempos, Norma. A ese instante en el que te conviertes en Miss Madrid. ¿Cómo es ese momento en el que Purificación se convierte en Norma Duval? 

A ver si te lo logro resumir (risas). Mi madre estaba empeñada en que fuera artista, y mi padre, todo lo contrario. Había ahí una divergencia tremenda... Con 16 años, mi madre me llevó a la calle Goya y me presentó para Miss Madrid. Y dijeron: "Está impecable de medidas, todo perfecto, pero ¿edad?". "Dieciséis". "No, que vuelva el año que viene". Y así fue. Yo empecé a trabajar como modelo y, a los 17, un día, me llamó mi madre al trabajo y me dijo: "Deja ahora mismo lo que estás haciendo y vente a la calle Goya, que te estoy esperando". "Mamá, estoy trabajando". "Pues tú dejas el trabajo y te vienes inmediatamente, que hoy es el concurso de Miss Madrid y quedan dos horas para cerrar". Cogí mi bolso y me largué. Llegué a la calle Goya y, en aquella época, existían las Galerías Preciados. Entramos. Mi madre me compró un bañador muy avanzado, con dos tiras en el pecho, verde, muy bonito, y unos zapatos blancos. Me metió en un autobús y me dijo: "Tú tira, que a la noche llegaremos nosotros". Y… no es que sea yo muy religiosa, pero cuando llegamos a Los Ángeles de San Rafael y bajé del bus, pisé una figurita que había en el suelo. Era la Virgen. Había llovido, la saqué del barro, y vi que era la Virgen de Fátima. Entonces lo supe: "Esta noche gano Miss Madrid". Aún guardo aquella imagen. Así fue cómo empecé. 

"Nunca he sido un objeto sexual. Ni lo he sentido así jamás. Yo hacía lo que me daba la gana con mi cuerpo. Me desnudé unas cuantas veces y de muy joven. Después, ya no. Lo hice sin cobrar un duro, y luego, cuando me ofrecieron una fortuna, no quise"

Norma, posando junto a un piano© PABLO ROBLES
Norma fue pionera en muchísimas cosas. Y no solo a la hora de mostrar más centímetros de piel de los que estábamos acostumbrados en España, sino también a ofrecer lo que en materia de 'burlesque' se hacía más allá de los Pirineos. Fue la primera en llevar ligueros, por ejemplo. Lo hizo, precisamente, con esta piel cubriendo sus hombros

Bella con alma

Y, Norma, ¿tú sabías que eras tan espectacularmente guapa?

No, no, no. Mira, yo no sabía ni qué eran los abdominales… Yo le decía a mi madre: "Ay, mamá, todas mis amigas tienen la tripa plana y yo tengo aquí unas cosas horribles". Y mi madre me contestaba: "Pues hija, has nacido así. Tendrás que aguantarte". Porque ¡no sabíamos lo que eran los abdominales! Hoy en día digo: "Qué suerte que tenía... Qué cuerpo tenía yo, qué elasticidad...". Pero en aquel momento, tú no eres consciente. Tú solo quieres trabajar, avanzar, y tu meta es triunfar, no mirarte al espejo. Aparte, que yo tampoco me considero guapa. Me considero más atractiva que guapa.

Vale. Pero ser así de 'atractiva'... ¿te ha cerrado alguna puerta? Ya sabes, eso del 'amargo don de la belleza'... 

Absolutamente ninguna. Yo fui consciente de mis posibilidades, de dónde podía llegar y hasta dónde podía desarrollar mi trabajo con mi físico y con mi talento. En mi caso, tenía que tener un buen físico para mi profesión. Y decidí explotar mi físico. Bien explotado, ¿eh? Elegantemente. Nunca me ha gustado la vulgaridad. Si ves mi ropa, tiene un toque de elegancia; todo es costura. Y luego, he tenido la suerte de tener grandes maestros: Valerio Lazarov, que me enseñó muchísimo de cómo funcionaban las cámaras, de cómo funcionaba la luz...; Carmen Sevilla, que fue como una hermana para mí; Sara Montiel… Y he tenido muy buenos coreógrafos. El primero de ellos fue Nacho Arrieta. Él me enseñó a bajar la escalera y a caminar. Importantísimo.

Norma Duval, siempre recordada como una diva © ÁLBUM PERSONAL
Norma Duval posa con su hermana Carla Duval© Victor Cucart
Con Carla, su hermana y alma gemela, pintora, artista… y creadora de 'looks', números e incluso letras de canciones para Norma

Tú, cuando llegas a París, ¿ya sabías caminar y bajar la escalera?

¡Vamos! De hecho, ya había sido empresaria, ya tenía espectáculo, ya había contratado a Giorgio Aresu, ya había hecho de primera figura en el Calderón, ya había rodado películas de protagonista… Cuando llego a París, con 24 años, ya iba muy bien preparada.

Pero siendo tan joven y en una España que no era la de ahora, debías de ser una mujer de arrestos para que te tomaran en serio, ¿no?

Yo soy hija de militar, hermana de militar, sobrina de militar, prima de militar y criada con un cierto toque castrense (risas). Para aguantar, para sufrir, para avanzar, me ha venido fenomenal esa disciplina. Y, luego, yo creía en mí. Yo quería ser mi propia empresaria. Lo conseguí en el 77.

"Yo soy hija de militar, hermana de militar, sobrina de militar, prima de militar y criada con un cierto toque castrense (risas). Para aguantar, para sufrir, para avanzar, me ha venido fenomenal esa disciplina"

Pero ¡qué barbaridad! Y Norma, disculpa, pero ¿cómo casaba eso de pertenecer a una familia militar y que tú enseñaras… tanta piel?

Como te contaba, mi padre no quería que fuera artista, y era una época dura, la de la transición... Políticamente hablando, fueron años de apertura, de salir de un régimen para ser una Democracia y ahí, las grandes actrices —ya la mayoría desaparecidas, tristemente— y las que llegábamos después, dimos un paso adelante. Y... sí, nos bajamos las vestiduras. Con esto te lo digo todo (risas). Hasta para eso fuimos rompedoras. Supermodernas, feministas a reventar. Y no de hablarlo, de ejercerlo. Defendimos a la mujer. Todas. Lola Flores era feminista, Rocío Jurado era feminista... Éramos feministas todas.

Porque tú mostrabas tu cuerpo porque era tuyo. Fin. ¿Es así, no?

Yo hacía lo que me daba la gana con mi cuerpo. Me desnudé unas cuantas veces y de muy joven. Después, ya no. Es más, lo hice sin cobrar un duro, y luego, cuando me ofrecieron una fortuna, no quise (risas). El show era una forma de reivindicar "aquí estamos nosotras; España es así y rompemos moldes".

Norma Duval enfundada en uno de sus icónicos atuendos© PABLO ROBLES

"Cuando salí de París, no quise volver. Estaba en otra onda. Y regresar significaba revivir al pasado. Y yo nunca he querido volver al pasado. En ningún aspecto de mi vida, ni emocional, ni sentimental, ni profesional"

'Paris, la nuit' 

¿Cómo llegas a París? 

Es una historia increíble. Un representante que se llamaba Pascaller, me vio en el Calderón, donde yo había tenido un éxito tremendo. Me empezó a buscar por todo Madrid y, a través de Hugo Ferrer, un gran amigo mío, me localizó: "Su nombre es Norma Duval". "¡Norma Duval, pero si tiene un nombre francés!". Pascaller me llevó a París. Me hicieron la prueba y yo tenía que bajar una escalera… y fue impresionante. Era de una altura tremenda y lo hice al ritmo de la orquesta, sin mirar. Me cambié varias veces de vestido y, al final, les dije: "Oye, que ya, que estoy cansada. Que no me cambio más, vaya". Me fui al camerino y, de repente, viene la señora que me ayudaba a vestirme: "Diríjase al despacho, que la están esperando". Que a todo esto me hicieron la prueba en un teatro fabuloso y estaban el director artístico, el director comercial, el director de no sé qué, el director de no sé cuántos, la propietaria y… una orquesta y yo. Sola. Así que me esperaba lo peor, que me iban a echar:"La he liado gorda". Pero no, todo lo contrario. Me dijeron: "Estamos muy contentos de que haya venido, ¿cuánto tiempo quiere quedarse?". Y yo, que en aquel momento vivía con mis padres todavía, digo: "Seis meses. Seis meses es suficiente". Y me montaron una revista espectacular para mí, pensada en mí y todo era para mí… Me contrataron y... ¡ya no hubo manera humana de irse! Es más, no había manera de salir del Folies.

¿Por? 

Porque yo quería ser madre Y llegó un punto en que dije: "Ha llegado el momento. Tengo que, quiero, ser madre". Encontré un hombre que era buena gente, por supuesto, y cuando lo dije en el Folies, yo estaba feliz, pero ellos se quedaron muertos con la noticia: estaba embarazada.

O sea, la maternidad fue lo que te hizo salir de París, pero, en realidad, eras tú la que sabía que París era algo pasajero en tu vida.

Eso es. Me fui y tuve mi segundo hijo, y fíjate las cosas que, cuando ya habían pasado algunos años, volvieron a buscarme… La dueña. Directamente. Fuerte, ¿eh? Estaba yo en Marbella trabajando. Pero yo ya… Ya no volví. Yo estaba haciendo muchísima televisión, tenía mi propio espectáculo, estaba construyendo mi casa de Madrid, la de Mallorca; tenía niños pequeños, y dije: "Qué locura irme a París otra vez, y dejarlo todo 'empantanao'…". 

Norma Duval en su hábitat natural: los escenarios © ÁLBUM PERSONAL
Norma Duval tocó el cielo con 24 años, el de la Cité de la Lumière, pero ella en España ya era una estrella. De hecho, cuando se alza con el título de Miss Madrid, lo hace ya delante de grandes del medio: Valerio Lazarov, Alfredo Amestoy o José Luis Uribarri. "Era una gran oportunidad. Si sabías aprovecharlo, los contratos llegaban", cuenta Norma, que poco después sustituía a Barbara Rey en El Lido y conseguía poner su nombre en el luminoso
Norma Duval en una icónica actuación© ÁLBUM PERSONAL
Norma Duval durante una sesión fotográfica© PABLO ROBLES
"Soy demasiado realista, tanto para cerrar las etapas de mi vida como para no tener nostalgia de lo que fue. El escenario es muy cruel, tremendamente cruel. O estás perfecto al cien por cien o no estés. No puedes estar al noventa por ciento"

"Made in spain" 

Norma, cuando llegas a España, te conviertes en la reina del prime time. Volviendo al universo ropa, tú te plantificas aquellas hombreras XXL y nos dices a todos: "He vuelto, vais a flipar". Hiciste los spots de Navidad… 

Para Freixenet. Del 82, del 92, del 50 aniversario...

España te acogió de par en par.

Y fue maravilloso. Y, además, la maternidad me aportó muchas cosas buenas y nuevas en mi vida. Tenía a mis padres, que me ayudaban mucho con mis hijos... Siempre he tenido ilusión por tener una familia, ilusión por viajar, ilusión por aprender, ilusión por construirme a mí misma. No me he visto nunca en el espejo de nadie. Yo puedo admirar mucho a una persona, pero nunca me miro en nadie. Me busqué muy buenos diseñadores. Y tuve a Carla, mi hermana. Todos los diseños de mi vuelta eran de mi hermana. Y las letras de mis canciones, también.

Espera, no te me adelantes. En aquel momento, eres madre y esposa de día, y 'vedette' de noche. Esa dualidad ¿cómo se conecta?

Se logra cuando tienes un sentido maternal y tienes un sentido profesional, pero fácil-fácil, no es. Que ¿cómo se consigue? Con mucha alegría, con muchas ganas, con mucha ilusión, disfrutando de lo que haces y ya está. Porque si disfrutas de lo que haces, no es un trabajo, es un disfrute. 

El vestido de tu boda...

He tenido tres bodas.

Norma Duval enfundada en un vestido blanco © PABLO ROBLES
El diseño que Carla Ruiz le ha confeccionado para este reportaje y que muestra, mejor que ninguno, la calma con la que llega a los 70 años

La primera, que luego vamos a las siguientes. ¿Era un vestido de una Norma que quería tener una vida convencional, clásica?

Vas a reírte: todos los trajes con los que me he casado los he elegido en el último momento.

¿Cómo?

(Risas). Lo que has oído. Nunca tengo tiempo para nada en mi vida, y mucho menos para estar dedicada a buscarme la ropa. Eso me aburre mucho. Yo lo quiero todo ya y en el momento. Y con mi primera boda, pues eso. Que nos casábamos en París y yo me voy sin traje. Sin nada.

"La vida te pone a prueba en muchas cosas que tú quizá no habías pensado y para las que no tenías un manual de aprendizaje. Pero tienes que ir para adelante, tienes que lucharlo, tienes que aceptarlo y tienes que hacerlo lo mejor que puedes" 

¿Sin nada?

Con un abrigo de visón de José Luis, que me hizo un abrigo brocado, sin forro, corto, precioso, espectacular: una belleza. Y me voy sin nada porque digo: "En París hay de todo". Pero, día antes de la boda, me recorro todas las casas de moda, desde Dior a Hermès, y nada.... Me casaba al día siguiente y solo me quedaba Chloé. Y allí encontré un traje de chaqueta con un cuello chimenea, perfecto para el abrigo. Me casé al día siguiente. Ese fue mi primer traje.

Marc se haría cargo como repre­sentante, compartíais amor y trabajo…

Como los espectáculos los montaba yo y había mucho mucho trabajo, él se hizo cargo de la representación, pero era mi hermano quien estaba al frente de todo lo demás: contratos, seguridad social… De todo. Y cuando decidimos romper Marc y yo, no hubo ningún problema entonces. Yo seguí siendo yo y seguí trabajando yo, hasta que me retiré. 

También de la vida pública...

Sí, bueno, pero eso forma parte de otra etapa de mi vida. Mi vida está llena de etapas.

Norma Duval, 'la mujer del año'© PABLO ROBLES
Fue 'La mujer del año' en el teatro, pero antes ya había roto la taquilla, con 'Préstame tu mujer' o 'Tres mujeres de hoy'. En esta doble página, la vemos con uno de los vestidos más emblemáticos de su carrera: el que le hizo Hannibal Laguna para aquella revista antológica. Y en la página anterior, el diseño que Carla Ruiz le ha confeccionado para este reportaje y que muestra, mejor que ninguno, la calma con la que llega a los 70 años
Norma junto a Matthias Kühn en portada© ARCHIVO ¡HOLA!

Marilyn y Dumas 

Oye, Norma, ¿y por qué 'Norma Duval'? 

Porque mi madre, que era la que me quería artista a toda costa (risas), me llevó a un representante, a Fernando Butragueño, y le dijo: "Señora, su hija tiene que cambiarse el nombre". Porque yo me llamo como mi madre y como mi abuela, que somos tres generaciones. Él fumaba mucho y yo estaba sentada con mi madre, con un humo en la habitación que no veas... Y de repente empezó a escribir en el paquete de tabaco. Un nombre en cada esquina. Y me dice: "Elige". Y en una esquina veo "Norma Duval" y le digo: "Me gusta este". "¿Y por qué te gusta Norma Duval?", me preguntó. Yo no sabía el porqué. Y él me lo explicó: "Norma es por Norma Jean Baker, que así se llamaba Marilyn Monroe. Y Duval por 'La dama de las camelias'".

Pero ¡qué bonito!

Y así me llamé (risas). "Si algún día tienes éxito fuera —me dijo—, es un nombre internacional que no tiene traducción. Siempre serás Norma Duval". Luego se lo cedí a mi hermana cuando yo ya era famosa...

Hablábamos antes de etapas. De tu etapa más privada...

Coincidió con mi segundo marido. Fue una etapa mucho más íntima, que coincidió con el momento en que me retiré de los escenarios… Luego me han ofrecido muchas cosas para volver a ellos, pero yo ya no he querido regresar nunca más. 

"De mis parejas solo guardo buenos sentimientos. Tengo muchísimo cariño a mi segundo marido. El primero es el padre de mis hijos y son maravillosos. Y de Matthias, ¿qué decirte? Estamos hechos el uno para el otro"

Norma Duval, espectacular a sus 70 años© PABLO ROBLES

¿Y por qué? 

Porque no. Cuando hubo la oportunidad, Carla falleció y ya no quise… Pero aquella posible vuelta no habría sido en el mundo del musical: iba a volver con alta comedia. Habían escrito una obra para mí muy bonita, se llamaba "La diva". La estaba empezando a preparar con Enrique Cornejo, pero se murió Carla y se me quitaron las ganas de todo. 

¿Y no te duele el escenario?

No me duele. Creo que le di mucho de mí. Muchísimo. Giras, Navidades, vacaciones... No tenía verano... Yo trabajaba 24 horas de 24, el año entero. Solo me reservaba diez días y me iba con mis hijos. El resto del año era trabajo, trabajo, trabajo.

Y te compensaba hasta que te dejó de compensar...

Es que llega un momento en el que tienes que vivir también. Y, aparte, yo pienso que lo que hacía en el escenario hoy no podría ni loca. Que yo era como un atleta, porque era una loca de la gimnasia, de la puesta en forma… Hice acrobacias, trabajé con los coreógrafos más importantes y aprendí y bailé muchísimo. Que normalmente entonces una vedette no bailaba, pero yo bailé. Hoy en día reivindico a la vedette, porque no ha muerto. Cuántas artistas siguen usando ropa como la que yo llevaba… 

Te entiendo, pero me llama la atención que tú, que llevas el espectáculo en las ventas, que te he visto cómo controlabas la luz, los encuadres, el maquillaje… todo en esta sesión de fotos, no digas: '¡Qué ganas de subirme a las tablas!'.

Soy demasiado realista, tanto para cerrar las etapas de mi vida y cerrar las puertas que tengo que cerrar (para abrir otras) como para no tener nostalgia de lo que fue. Pero eso no significa que no esté al corriente del espectáculo y me encante. Me encantan Rosalía, Aitana, Ana Mena… Las sigo, escucho su música. Es su momento. Cada una el suyo. El escenario es muy cruel, tremendamente cruel. O estás perfecto al cien por cien o no estés. No puedes estar al noventa por ciento.

El dolor 

Nos hemos acordado de Carla. Cuando se fue, te vimos vestida de negro. Pero, después, volviste al color, por tus sobrinas. Fue un 'la vida no da tregua y yo no puedo dármela, por ellas', ¿no?

La vida te pone a prueba en muchas cosas que tú quizá no habías pensado y para las que no tenías un manual de aprendizaje. Pero, de repente, tienes que ir para adelante, tienes que lucharlo, tienes que aceptarlo y tienes que hacerlo lo mejor que puedes. Yo he hecho lo que he podido, pero supongo que habrá cosas que las habré hecho mejor y otras no tan bien. 

Eres una mujer fuerte...

Sí, eso es verdad. Pero es muy duro, porque mis sobrinas han perdido a su madre, han perdido a su padre y, posteriormente, han perdido al único hermano que tenían. Es muy tremendo. Nosotros teníamos un matriarcado con mi madre, y cuando mi madre desapareció, ese matriarcado lo heredé yo. El día que yo falte, alguien lo heredará. Siempre en la familia tiene que haber algún pilar donde sujetarse.

Norma Duval enfundada en uno de sus míticos atuendos© PABLO ROBLES
Norma Duval, en su momento profesional más álgido © ÁLBUM PERSONAL
"Yo me vestía de Paco Rabanne todo el rato. Aparte de admirar a Paco, es que yo lo adoraba y me sentía muy identificada con su ropa, tan vanguardista, tan moderna, tan actual…", nos cuenta Norma, que posa con el modelo con el que hizo el 'casting' en París (con casquete de brillantes) y algunos de sus Rabanne (porque tiene más), aunque también se haya vestido de Claude Montana, de Thierry Mugler… Tanto de 'haute couture' como de 'prêt-à-porter'. En España, Amparo Coll fue su modista muchos años, y luego, Amparo Chordá también: "Las Amparos han sido muy importantes para mí"

¿Pesa ese matriarcado?

No es un camino de rosas. Yo tengo ahora tres hijos, cuatro nietos, dos sobrinas, un marido, un hermano… Quieras o no, la familia crece, y cuando suena el teléfono digo: "¿Qué ha pasado?" "¿Quién es?". Siempre vives en una alerta continua. 

A mí es algo que siempre me conmueve y sorprende: cómo las madres (o abuelas) podéis soportar vivir en alerta, con el corazón en vilo...

Y más cuando tú te has echado a la espalda la responsabilidad de que, si pasa algo, tú eres responsable de todo... 

Volviendo a cosas más livianas... Todos estos vestidos, ¿te han visto tus hijos, tus sobrinas o tus nietos vestida con ellos? 

Uy, pues no lo sé, es que yo para eso… Tampoco te creas que me he preocupado. Mira, los vídeos que hay en Google y en todos estos sitios los han subido los admiradores. Yo no he subido nada. No tengo esa nostalgia. Alguna vez me ha ocurrido que, viendo Instagram, me ha saltado un vídeo mío y ahí me sale un: "Uy, qué bonito esto".

Norma Duval enfundada en un Paco Rabanne© GTRES

¿Los ves como espectadora? 

Claro. Veo los bailarines, los trajes, la coreografía, escucho la música y digo: "Qué bonito".

¿Y se los enseñas a tus hijos o a tus nietos?

Es que ellos no me ven artísticamente, fíjate. La imagen que tienen de mí no es la de una artista; ven, imagino, a una madre.

Esposa, madre, amante

Y como madre, ¿cómo es Normal Duval?

Exigente, muchas veces. A veces blanda, a veces dura, depende. A ver, es que han sido cinco adolescencias, tres chicos y dos chicas. Nada fácil, porque son muy buenos los cinco, son buenísimos, pero la adolescencia… es la adolescencia. No nos engañemos. La hormona es la hormona, y el momento es el momento. No es nada fácil, pero para ningún padre, para ninguna madre. Pero bueno, ha salido bien la cosa.

Norma Duval, a sus 70 años, luciendo cuerpazo y vitalidad © PABLO ROBLES

Hemos hablado de una boda (con Marc Ostarcevic), hemos pasado de puntillas por otra (con José Frade), pero ¿y la tercera, con Matthias? Ahí, ¿¡HOLA! tuvo algo que ver?

Muchísimo. La revista ¡HOLA! forma parte de mi vida, pero no solo a nivel público, también a nivel privado. Yo con la revista ¡HOLA! tengo una relación muy especial. Primero porque, cuando yo era muy jovencita, conocí a doña Mercedes y a su esposo, siendo yo una cría. Ya de más mayor, cuando ya tenía un nombre, ¡HOLA! tuvo que ver en el final de una etapa y el comienzo de otra. Te hablo de dos reportajes: uno que no salió, con Punto Roma, que se portaron con mi hermana de una manera más allá de lo increíble, pero no pudo ser, y otro que, una vez rota mi relación con mi marido, que, por el contrario, sí pasó. Me llamó el director de ¡HOLA! para que hablara del nuevo comienzo, de la etapa diferente que comenzaba en mi vida, y me enseñó un catálogo, el de una isla: Tagomago. Pero empieza a llamar y a llamar y no localiza a la persona. "Norma, vamos a tener que cambiar el sitio porque este señor no me coge el teléfono y se nos echa el tiempo encima". Y le digo: "No, Eduardo, por favor, el sitio es precioso y no vamos a cambiarlo ahora". "Lo voy a intentar por última vez", me contestó. Y lo hizo. Matthias cogió el teléfono... y fue providencial.

Y un flechazo total. 

Pero total, total, total. Porque, además, tengo una amiga, que no es que sea bruja, pero tiene un sexto sentido, que me dijo, como un mes y pico antes de separarme de mi segundo marido: "Norma, tú te vas a separar, tú vas a conocer a un extranjero rubio, con el pelo del color de la cerveza". Y yo le contesté: "Anda ya". Pero así fue cómo ocurrió. 

"La receta del éxito de nuestro matrimonio es tener muchas cosas común y el respeto. Y eso que tenemos dos personalidades muy importantes. Somos dos cabezas de tren tan fuertes…"

Norma, en el amor, ¿te arrepientes de algo?

Yo solo guardo buenos sentimientos. Tengo muchísimo cariño a mi segundo marido, me llevo muy bien con él, tenemos muy buena relación y es una persona estupenda. Todo lo que te pueda hablar de José Frade es bueno. Y de mi primer marido, Marc, es el padre de mis hijos. Me ha dado tres hijos maravillosos, fantásticos. No tengo nada más que decir. De mi actual marido, ¿qué decirte? Es la horma de mi zapato. Matthias y yo estamos hechos el uno para el otro. Tenemos muchas cosas en común, nos lo pasamos muy bien, nos reímos, tenemos gustos muy parecidos, nos adaptamos muy bien.

Y cuando os enamorasteis, ambos teníais mochi­la...

Y tanto. Pero es que, al poco de empezar con Matthias, fallece mi hermana. Y me vienen dos niñas más. Y luego, mi madre entra en una fase de alzhéimer. Tres años de alzhéimer... No me casé con Matthias antes porque yo estaba en un proceso de atender a mi madre y no disponía de ese tiempo para estar con él.

Norma Duval en un retrato editorial© PABLO ROBLES
Norma Duval disfrutando del baile junto a un grupo de mujeres © ÁLBUM PERSONAL

Ahí hubo mucha generosidad por su parte.

Matthias ha sido muy generoso. Muy pero que muy generoso. Por su comprensión, por estar a mi lado… Estando cuando ha faltado mi hermana, cuando ha faltado mi madre, cuando me ha faltado todo… Es un hombre muy abierto; él es alemán, habla muchos idiomas, ha estudiado dos carreras, es un hombre que viene de una familia con una educación muy completa... O sea, es un hombre de mundo.

¿Cómo es tu vida entre Mallorca, Suiza, Tagomago, Madrid…?

¡No estoy nunca quieta! Siempre tengo la maleta abierta. Viajamos muchísimo… Matthias no vive en España. A mí, cuando me casé, me dieron la residencia suiza. Pero al mes ya había renunciado a ella...

¿Y eso?

Porque vivir en Suiza suponía no pagar impuestos, pero me obligaba a estar seis meses allí. Y... yo no quiero obligaciones. ¿Tener que estar mirando el calendario? Yo quiero vivir tranquila. Pago mucho, sí, pero vivo en mi país tranquila. ¿Viajo? Sí, muchísimo. Pero cuando quiero, no por obligación. Que me estén obligando no lo soporto. Tengo que sentirme un pájaro libre. Eso me dijo mi segundo marido cuando me divorcié.

¿Frade? ¿El qué?

Una cosa muy bonita. Una carta: "Norma, eres un pájaro libre y tienes que volar".

"Veo la vida desde la perspectiva de lo que me queda por hacer, por vivir. No miro lo que he hecho; lo pasado, pasado está"

Y con Matthias, tú y él os dais espacio y tiempo.

Pero cuando estamos juntos estamos divinos. Pasamos diez o quince días juntos. Luego, yo me vengo a España y estoy cuatro o cinco días aquí. Hago mis cosas y, luego, volvemos y tenemos más ilusión de salir, de programar y de muchas cosas más.

¿Cómo es la Norma que cumple 70 años?

Es una Norma que ve la vida desde la perspectiva de lo que le queda por hacer, por vivir. No miro lo que ya he hecho; lo pasado, pasado está. Y en cuanto al futuro… Ves lo que pasa a tu alrededor, a gente joven que se muere por un infarto, en un accidente, con un ictus… y descubres que la vida es presente. Por eso, cuando piensas en programar, yo lo hago, pero relativamente. Quiero vivir el presente y lo quiero vivir a tope. Esa es mi situación actual.

Norma enfundada en un atuendo rojo 'chillón', el mismo que llevó hace casi 5 décadas © PABLO ROBLES
Quizá no lo sepan, aunque ahora ya se lo pueden estar imaginando, pero Norma ha sido el espejo en el que se han mirado otras muchas artistas. Especialmente, por sus puestas en escena. ¿Nostalgia? "Ninguna, pero eso no significa que no esté al corriente del espectáculo y me encante. Me encanta Rosalía, Aitana, Ana Mena… Las sigo, escucho su música. Es su momento. Tienen que vivirlo como yo lo hice en el mío"
Norma Duval, una de las artistas más queridas del nuestro país© ÁLBUM PERSONAL

Me ha gustado mucho que cuando te has puesto el vestido blanco de Carla Ruiz (que también confeccionó tu vestido de novia con Matthias) has dicho: "Así es como estoy ahora: el blanco es pureza y tranquilidad".

Es que es así como estoy, pero se han quedado muchas cosas en el camino. Porque en los caminos te cruzas con gente que entra y que sale…

Utilizando la metáfora que hemos usado para hacer este viaje por tu vida, ¿algún vestido que recuerdes y digas 'este no me sentaba bien'?

Mira, las cosas pasan porque pasan. ¿Para qué vamos ahora a pensar lo que hicimos bien o mal? Lo hicimos y ya está. Es que no somos perfectos. La perfección no existe. Los errores los tienes que cometer, porque se aprende más de ellos que de los éxitos. Los errores son necesarios. Con lo cual, no quitaría absolutamente nada.

Sé que algunas prendas maravillosas las has regalado ya, pero ¿qué no regalarías nunca? ¿Con qué te quedarías para siempre?

Con mi corazón. Con el sentimiento, con los recuerdos, con las personas que me quieren y he querido. Me quedaría con lo vivido.

Gracias, Norma. Feliz cumpleaños.

TEXTO

Luis Nemolato 

FOTOS

Pablo Robles 

ESTILISMO Y PRODUCCIÓN

María Parra 

LOCALIZACIÓN

Real Casino de Madrid

FOTOS ADICIONALES

Víctor Cucart, Álbum personal, GTRES, Archivo ¡HOLA!

AYUDANTE DE ESTILISMO

Victoria Izaguirre y Blanca Alés-Palop Cristina Moreno 

MAQUILLAJE Y PELUQUERÍA

Simeón

LOOK 1

Pendientes: Swarovski

LOOK 2

Pendientes y pulsera: Swarovski

LOOK 5

Pendientes, collar y pulsera: Swarovski

LOOK 8

Zapatos: Magrit / Pendientes: Swarovski

LOOK 9

Pendientes: Kiwipomelo / pulsera: Swarovski

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