Farah Pahlevi coloca flores en la tumba de su hija, flores que siempre la adornarán, al igual que los retratos que de ella guarda su madre en su casa de París
22 JUNIO 2001
LO QUE LE DIRIA A SU HIJA
—Majestad, hace casi una semana que usted
ha perdido a su hija menor. ¿Qué siente hoy?
—Pienso que en el corazón de una madre
nada puede llenar la pérdida de un hijo. Tengo
dos cosas que decir a los jóvenes. En toda la experiencia de mi vida ha habido altos y bajos;
nada ha podido colmarme tanto como la felicidad de mis hijos. La segunda cosa que quiero
transmitirles es que la vida es una lucha de todos
los días y que lo esencial no es perder la esperanza, pues la luz acaba siempre por vencer a las tinieblas. Esto es lo que los jóvenes deben tener siempre presente en el espíritu. Al expresarme
así pienso, en primer lugar, en los jóvenes de mi
país que sufren, y les digo que no pierdan la esperanza. El mañana será mejor. Lo esencial de la
vida es superar todas sus penas. La responsabilidad que tengo, el deber al que me dedico de
proteger la memoria de mi marido, me obligan a
permanecer fuerte. Debo curar mi pena y asumir
mi sufrimiento, y lo haré.
—Majestad, una última pregunta. Si usted pudiera ahora comunicarse con Leila, ¿qué le diría?
—Hay muchas señales que han sido dadas. Espero que veas todo este amor venido de todas
partes para ti y su país. Sabe que al marcharte tú
has entrado en la leyenda, pues has reunido el
corazón de todos los iraníes. Cada uno busca las
señales. Cuando llegaste a Bourget ,donde había
un salón aeronáutico, un avión hacía acrobacia
aérea por encima de ti. Esto me recordó a Irán.
Ayer habían previsto lluvia e hizo sol. Cuando tu
féretro fue bajado al panteón ,la placa de bronce
que estaba encima devolvió la luz del sol sobre
mi rostro. Cuando colocaron la losa hubo un
gran trueno y algunas gotas de lluvia. Eso sólo
pueden ser señales. La vela que yo había puesto
delante de tu foto en tu habitación se ha consumido hoy, siete días después de tu muerte. Tú
has elegido abandonarnos. Estás con tu padre y
has vuelto a encontrar su cariño.