Guillermo y Kate han recorrido ya algunas de las islas más conocidas de Escocia. En 2021 viajaron a Orkney, en el extremo norte del país, en la que fue su primera visita oficial conjunta a ese archipiélago. Ese mismo año, en septiembre, estuvieron en la isla de Skye, donde recorrieron Portree, escucharon música gaélica y hasta comieron pescado en el puerto. Y en abril del año pasado visitaron Mull, la cuarta isla más grande de Escocia, con sus paisajes, bosques y pequeñas comunidades, y la diminuta Iona, con apenas unos 170 habitantes, pero una historia que pesa mucho más que su tamaño.
Ahora le toca a Bute, una isla con una curiosidad añadida, pues Guillermo y Catherine son el duque y la duquesa de Rothesay cuando están en Escocia. Y Rothesay es precisamente la principal localidad de la isla. Será su primera visita oficial a este rincón escocés. Su agenda incluye una parada en el Anchor Tavern, en Port Bannatyne, un antiguo pub que los vecinos recuperaron y convirtieron también en espacio comunitario, además de encuentros relacionados con la conservación del entorno natural.
CÓMO LLEGAR A BUTE
Bute está en el Firth of Clyde, esa gran entrada de mar de la costa occidental de Escocia, y queda a poca distancia de Glasgow. Tiene unos 122 kilómetros cuadrados, una extensión perfecta para recorrerla sin prisas y enlazar pueblos, playas y caminos sin pasar media jornada al volante.
La forma más habitual de llegar es desde Wemyss Bay, donde se toma el ferri de CalMac que cruza hasta Rothesay en unos 35 minutos. Es un trayecto corto, pero ya pone en situación: el continente queda atrás, aparecen las colinas verdes de la isla y, a medida que el barco se acerca al puerto, Bute empieza a enseñar sus primeras casas junto al agua.
Hay otra entrada por el norte, desde Colintraive hasta Rhubodach, con una travesía de apenas unos minutos. Pero para una primera visita tiene más encanto llegar a Rothesay, desembarcar junto al puerto y empezar a descubrir la isla desde la localidad que da nombre al título escocés de Guillermo y Kate.
ROTHESAY, LA PUERTA DE ENTRADA A LA ISLA
El puerto de Rothesay queda a pocos pasos del centro y desde allí se entiende enseguida el carácter de esta antigua localidad de veraneo, con su paseo frente al agua y los edificios que recuerdan los tiempos en que la isla era un destino muy frecuentado por los viajeros que llegaban desde Glasgow.
Entre las casas de Rothesay aparece Rothesay Castle, la fortaleza medieval que domina el puerto. Se pueden recorrer sus muros y las cuatro torres que rodean una planta casi circular, una forma poco habitual entre los castillos escoceses. Hoy quedan las ruinas de aquel antiguo castillo que permiten hacerse una idea de cómo era la fortaleza levantada en el siglo XIII y reconstruida varias veces a lo largo de su historia.
Para conocer algo más de la isla, está el Bute Museum, con piezas de arqueología, historia natural e historia local. Y más curiosa es la visita a los Victorian Toilets, unos antiguos baños públicos de 1899 que conservan buena parte de su decoración original, incluidos los azulejos y el mármol. Esta pequeña rareza dice bastante de la importancia que llegó a tener Rothesay como lugar de vacaciones.
EL PUB QUE SALVARON LOS VECINOS
Al norte de Rothesay está Port Bannatyne, un pequeño pueblo junto al mar donde Guillermo y Kate harán una de las paradas de su visita. Es el Anchor Tavern, un pub que cerró en 2020 y que los vecinos no quisieron dejar morir.
En 2021, el Port Bannatyne Development Trust compró el edificio y se puso manos a la obra. Un año después, el pub volvía a abrir. El espacio que ocupaba el antiguo local contiguo también encontró una nueva vida como lugar para reuniones, actividades y asociaciones del pueblo. Los Príncipes de Gales conocerán allí a algunos de los vecinos que participaron en todo el proceso y a los grupos que hoy utilizan el espacio.
MOUNT STUART, UN PALACIO DE FANTASÍA
No figura en la agenda oficial de Guillermo y Kate, pero Mount Stuart, a unos 6 kilómetros al sur de Rothesay, en la costa este de Bute, merece una visita para descubrir la residencia de los marqueses de Bute y uno de los lugares más singulares de la isla. Desde fuera ya impresiona por su tamaño, pero es al entrar cuando se entiende la dimensión de gran mansión victoriana.
El interior está lleno de mármoles, vidrieras, esculturas y detalles inspirados en la astrología, la mitología y el arte. Hay salones enormes, una capilla y una decoración que poco tiene que ver con la imagen de la tranquila isla que queda al otro lado de las ventanas. Alrededor se extienden unos jardines que ocupan unas 120 hectáreas y llegan hasta la costa.
PLAYAS, FOCAS Y PAISAJES DE BUTE
Bute también tiene playas. Ettrick Bay, en la costa noroeste, es una larga lengua de arena dorada con vistas hacia Arran. En St Ninian's Bay hay una pequeña capilla del siglo VI y un paisaje de aves y marismas. Y en Scalpsie Bay, una playa de arena rojiza, es habitual ver focas descansando cerca de la orilla.
Más al sur está Kilchattan Bay, desde donde parte el West Island Way, un sendero que permite caminar por buena parte de la isla. Pero no hace falta seguirlo entero. Cerca queda St Blane’s Chapel, cuyos restos se levantan sobre el lugar de un antiguo monasterio del siglo VI. Y en este extremo de Bute también está el faro de Glencallum Bay, al que se llega siguiendo un tramo del sendero junto a la costa.
En Bute funciona mejor la filosofía de ir parando en una playa, entrando en un pueblo o desviándose por alguno de sus caminos para tomar un café y vuelta al coche. Si llueve, tampoco pasa nada. A fin de cuentas, estamos en Escocia.













