Noruega se detuvo a las doce del mediodía del 9 de septiembre para despedir a su querido Rey Harald V. Se hizo el silencio en todo el país, repicaron las campanas del reino y decenas de miles de personas llenaron las calles de Oslo para acompañarlo en su último viaje. El féretro de Harald V abandonaba palacio con salvas y honores militares. Detrás, caminando, el Rey Haakon; sus hijos, Ingrid Alexandra y Sverre; la princesa Marta Luisa, y, en un coche, las dos Reinas, Sonia y Mette-Marit. Cerrando el cortejo, una de las imágenes más extraordinarias del día: Reyes, Reinas y príncipes recorriendo el centro de Oslo junto a presidentes y primeros ministros al son de los tambores fúnebres del Cuerpo de Señales de la Guardia Real.
Carlos Gustavo de Suecia, con sus 53 años de reinado, encabezaba a los Bernadotte. Junto a él, la princesa heredera Victoria y Daniel, Carlos Felipe y Sofía y Magdalena y Chris O’Neill. Les seguían, por orden de antigüedad en el trono, Abdalá y Rania de Jordania; Alberto y Charlene de Mónaco; Guillermo Alejandro y Máxima de los Países Bajos, con la heredera Amalia; Felipe y Matilde de Bélgica; Felipe VI y doña Letizia; Federico y Mary de Dinamarca, con Christian, y los grandes duques Guillermo y Stéphanie de Luxemburgo, junto al gran duque Enrique. Y, finalmente, los representantes de Liechtenstein, Japón, Reino Unido, Grecia…
Felipe VI y doña Letizia, sangre y amistad
Los Reyes de España viajaron a Oslo acompañados por doña Sofía, muy amiga de Harald y la Reina Sonia desde hace décadas. Los lazos entre las Familias Reales española y noruega atraviesan generaciones. Las abuelas de Harald V y Juan Carlos I, Maud de Gales y Victoria Eugenia, eran nietas de la Reina Victoria. Además, Olav V era amigo del conde de Barcelona, y Harald, del Rey Juan Carlos, aunque su pasión por la vela los hizo rivales en el mar. La relación continuó con sus hijos: Felipe VI es, además, padrino de Ingrid Alexandra. La princesa Leonor e Ingrid representan a la siguiente generación.
Felipe VI llevó el uniforme de gala de la Armada, mientras que doña Letizia vistió de riguroso luto con un traje negro de tweed, que estrenó en 2024 para el funeral de Fernando Gómez-Acebo y volvió a llevar en el funeral de su tía la princesa Irene, en Grecia, en enero de 2026. Doña Sofía, también de luto, lució collar de perlas y un broche floral sobre el pecho.
Durante la ceremonia, oficiada por Olav Fykse Tveit, obispo presidente de la Iglesia de Noruega, y Sunniva Gylver, obispa de Oslo, en la catedral de la ciudad, los Reyes de España se sentaron detrás de los reyes Abdalá y Rania de Jordania, siguiendo el protocolo. Como contamos hace unos días, doña Letizia y Rania intercambiaron miradas de complicidad. Son amigas desde hace más de veinte años y su amistad continúa aun con el paso del tiempo, pero este no fue el único detalle que pasó desapercibido durante la solemne ceremonia.
En cada asiento, se había colocado un cartel para designar los lugares reservados; y a falta de abanico, parece que doña Letizia usó el suyo -en el que podía leerse "HM Queen of Spain", Su Alteza la Reina de España- para conseguir una ligera brisa mientras se celebraba el acto.
Normalmente, se recomienda usar el abanico con delicadeza -con movimientos muy suaves y sutiles- durante una ceremonia de estas características, si la temperatura en el interior del templo es alta -y se necesita-. Lo más apropiado es que sea de un color sobrio -negro o gris- y en los momentos centrales -minutos de silencio, discursos- debe cerrarse.







