Shannon: la escapada irlandesa con vuelo directo desde Madrid entre castillos, acantilados y un paisaje lunar


Un puente del siglo XVIII recuperado para los peatones, la tumba megalítica datada más antigua de Irlanda y una aldea diminuta que cada septiembre se convierte en la mayor cita de solteros de Europa.


castillo de Bunratty, Irlanda© Shutterstock
16 de septiembre de 2026 a las 19:33 CEST

En 1947, el encargado de la cafetería de un aeropuerto perdido en el oeste de Irlanda se dio cuenta de que por su sala de espera pasaban cada día cientos de pasajeros con tiempo muerto y divisas en el bolsillo. Brendan O'Regan convenció al Parlamento para que las compras de los viajeros en tránsito quedaran exentas de impuestos, montó un quiosco de unos pocos metros cuadrados y puso al frente a una vecina llamada Kitty Downes, que vendía encajes y recuerdos irlandeses. Aquel chiringuito fue el primer duty free del mundo y de él salió el modelo que hoy se repite en todos los aeropuertos del planeta. 

Casi 80 años después, ese mismo aeropuerto sigue siendo la mejor puerta de entrada al oeste irlandés, conectado con Madrid varios días a la semana en ambos sentidos y a precios muy asequibles, lo que evita aterrizar en Dublín y cruzar el país entero por carretera. 

castillo de Bunratty, Irlanda© Shutterstock
Castillo de Bunratty

El coche de alquiler se recoge a unos metros de la cinta de equipajes y en diez minutos el viajero está plantado delante de una torre del siglo XV. La ciudad, situada en el condado de Clare, es un punto de partida para conocer todo este territorio que cabe en un radio de hora y media, de modo que se puede desayunar junto a un lago interior, comer marisco frente al Atlántico y, el mismo día, volver a dormir a la misma habitación.

DESCUBRIENDO EL CONDADO DE CLARE CON SHANNON COMO PUNTO DE PARTIDA

Un castillo y su banquete medieval

Bunratty es la cuarta fortaleza levantada sobre el mismo emplazamiento. La actual la construyeron los MacNamara hacia 1425 y en torno a 1500 pasó a los O'Brien, el clan más poderoso de Munster. Cuando en 1804 los Studdert se mudaron a la vecina Bunratty House, mucho más cómoda, la torre quedó abandonada hasta que el tejado se vino abajo, y no la rescató nadie hasta que en los años 50 el séptimo vizconde de Gort la restauró y la abrió al público. Alrededor se extienden 26 acres de parque folclórico, una calle decimonónica con escuela, imprenta y tienda de paños, granjas trasladadas piedra a piedra desde Loop Head y el norte de Kerry, un jardín amurallado de 1804 y personajes vestidos de época que muelen, cuecen y hornean delante del visitante. La misma gestión abre otros dos castillos cercanos y mucho más tranquilos, Craggaunowen y Knappogue.

Antes de organizar el día, conviene saber que el recinto cierra a las cinco y media, pero que la última entrada al castillo es a las cuatro en punto, porque a esa hora empiezan los preparativos del banquete medieval que se sirve cada noche en el salón. Dentro hay tres restaurantes donde comer —The Earls Pantry y, según la temporada, en los Bunratty Tea Rooms y el Corn Barn—, y merece una visita su tienda de artesanía. Pero la mesa que hay que reservar está a 50 metros. Durty Nelly's abrió en 1620 y programa música tradicional las siete noches de la semana. Si está lleno (que lo estará), quedan The Creamery, una antigua lechería reconvertida, y JP Clarke's. 

Vista de la ciudad de Limerick© Shutterstock
Vista de la ciudad de Limerick

Limerick y la aldea de paja

Veinte minutos al sur, Limerick es la ciudad que el viajero suele saltarse (y no debería). A orillas del Shannon se levanta el castillo del Rey Juan, una fortaleza normanda del siglo XIII convertida en visita con guías disfrazados, pantallas táctiles y un patio donde se practica tiro con arco. A pocos metros está la catedral de Santa María y, cruzando el puente, el Hunt Museum, una colección heterogénea de arte y arqueología reunida por un matrimonio de anticuarios. La parada gastronómica obligada es el Milk Market, el mercado cubierto donde los productores del condado montan los puestos de queso, pan y marisco los fines de semana, y para tomar algo después, Katie Daly's, justo enfrente del castillo.

Adare se disputa cada año el título de pueblo más bonito de Irlanda © Shutterstock
Adare se disputa cada año el título de pueblo más bonito de Irlanda

A un cuarto de hora por carretera, Adare se disputa cada año el título de pueblo más bonito de Irlanda y tiene argumentos: una calle principal flanqueada por casitas de techo de paja que el tercer conde de Dunraven mandó construir en la década de 1830 cuando remodeló la aldea como parte de su finca. Hoy esas cabañas albergan comercio independiente, con Adare Cottage, de cerámica hecha a mano y lanas irlandesas, y la galería Draíocht, de arte y joyería, como paradas más interesantes. La visita empieza en el Adare Heritage Centre, que es gratuito, incluye una exposición sobre la historia del pueblo y organiza el traslado al castillo de Desmond, solo accesible con guía. Al final de la calle, el Adare Manor es una mansión victoriana convertida en hotel de gran lujo con campo de golf; quien no vaya a alojarse puede al menos cenar en 1826 Adare o tomar una pinta en Aunty Lena's.

Dos orillas, un puente

Media hora hacia el interior, donde el río Shannon se ensancha hasta convertirse en el lago Derg, está Killaloe, que hace mil años fue capital de Irlanda. Aquí tenía su fortaleza de Kincora Brian Ború, el último Rey Supremo, y de aquella época quedan sobre todo nombres y piedras sueltas. Lo que sí se conserva entera es la catedral de St. Flannan, del siglo XIII, asomada al canal, donde se guardan una losa tallada por un vikingo llamado Thorgrim con inscripciones rúnicas y ógham, un portal románico que se cree procedente del templo anterior y una cruz celta del siglo XII que el obispo Mant trajo desde Kilfenora en 1821. La entrada es libre, abre todo el año y se recorre en menos de una hora. Al lado, junto a la iglesia católica, está el oratorio de St Lua, rescatado en los años veinte de una isla que iba a quedar sumergida y del que el pueblo toma su nombre, Cill Dalua.

Puente de trece arcos que une Killaloe con Ballina© Shutterstock
Puente de trece arcos que une Killaloe con Ballina

El puente de trece arcos que une Killaloe con Ballina, ya en el condado de Tipperary, mide menos de cinco metros de ancho y durante dos siglos y medio tuvo que absorber todo el tráfico entre ambas orillas, camiones incluidos. En mayo de 2025 se inauguró un kilómetro más al sur el Brian Ború Bridge, primer puente rodado nuevo sobre el Shannon en más de tres décadas. Después vino un ensayo de peatonalización del puente viejo que la gente resolvió a su manera, sacando mesas de pícnic sobre el agua en cuanto asomaba el sol. Hubo protestas de comerciantes, pero el 17 de octubre de aquel año los dos ayuntamientos lo cerraron al tráfico de forma definitiva. Hoy se cruza andando, y al otro lado espera la terraza de Flanagan's on the Lake, sobre el muelle de Ballina. En la orilla de Clare, el café-librería Ponte Vecchio sirve el mejor descanso de la mañana entre estanterías de segunda mano, y los domingos ambos pueblos montan un mercado de productores.

Wild Atlantic Way, el filo del Atlántico

En su extremo sur, en Hag's Head, la pared arranca a 120 metros sobre el agua y ocho kilómetros más al norte alcanza su punto máximo, 214 metros. Justo allí se levanta O'Brien's Tower, una torre redonda de piedra que en 1835 mandó construir sir Cornelius O'Brien, terrateniente local y descendiente de Brian Ború, convencido de que el turismo podía sacar a sus vecinos de la pobreza. Las bandas oscuras y claras que se ven en la roca son estratos depositados hace más de trescientos millones de años, y en las cornisas anida la mayor colonia de aves marinas de la Irlanda continental, con hasta treinta mil parejas reproductoras. Todo ello forma parte de la Wild Atlantic Way, la ruta costera de 2.500 kilómetros que desde aquí puede seguirse hasta Galway y Connemara.

O'Brien's Tower© Shutterstock
O'Brien's Tower

La otra cara del lugar es que en 2024 pasaron por allí casi un millón y medio de personas, y el 59 % lo hizo entre las once y las cuatro. Todo está pensado para repartir esa avalancha, así que la entrada sin reserva cuesta 15 euros y comprada por internet arranca en ocho en las franjas de mañana y tarde, con los menores de doce años gratis y el aparcamiento incluido. En septiembre y octubre, el recinto no cierra hasta las siete, tiempo de sobra para quedarse a la última luz, cuando la pared se vacía y solo queda el ruido del mar 200 metros más abajo.

Para comer con vistas, lo mejor está a un cuarto de hora: Vaughan's Anchor Inn, en Liscannor, es una casa de pescado y marisco que además alquila habitaciones, y en el paseo marítimo de Lahinch, The Edge resuelve una comida informal. 

Ciclismo en The Wild Atlantic© Shutterstock
Ciclismo en The Wild Atlantic

Burren, el geoparque protegido por la UNESCO

Boíreann significa en irlandés «lugar pedregoso», y a primera vista el Burren no es otra cosa que kilómetros de losas de caliza agrietada, sin árboles, con la carretera serpenteando entre muros de piedra suelta. El parque nacional protege 1.800 hectáreas del ángulo sudeste y el geoparque que lo engloba junto a los acantilados abarca 530 km² con sello de la UNESCO. Lo extraordinario está en las grietas, pues entre ellas crecen unas 1.100 especies vegetales, tres cuartas partes de todas las que existen en el país, y lo hacen mezcladas de un modo que no ocurre en ningún otro sitio de Europa. 

La visita se organiza desde el centro de información de Corofin, donde los guías ayudan a elegir entre los siete senderos señalizados y de donde sale, hasta finales de septiembre, una lanzadera gratuita hasta el inicio de las rutas.

Poulnabrone© Shutterstock
Poulnabrone

El punto de partida está en pleno campo, sin aparcamiento, así que dejar el coche en el pueblo es casi una obligación. A media hora, sobre una plataforma de roca pelada, espera Poulnabrone. Las excavaciones de los años 80 encontraron bajo la losa los restos de 33 personas y demostraron que el dolmen se usó durante unos 600 años. Una de las caderas conserva incrustada la punta de una flecha. Es el monumento megalítico datado más antiguo del país; está abierto a todas horas y es gratuito. 

Para dormir cerca, Ballyvaughan concentra las opciones: el Hylands Burren Hotel, junto al muelle, con cocina de pescado y habitaciones sobre la bahía, y la casa de huéspedes The Waters.

Bajo tierra y sobre el mar

El condado tiene además un plan B para los días de lluvia, que son muchos, y resulta ser uno de sus mayores atractivos. En Doolin Cave se baja por 125 escalones hasta una cámara situada más de 60 metros bajo la superficie donde cuelga la estalactita libre más larga de Europa, de 7,3 metros y unas diez toneladas. Dentro, la temperatura se mantiene constante en once grados todo el año. En la tienda del centro de visitantes se vende la cerámica de Doolin Cave, que Caireann Browne modela con arcilla glaciar extraída a mano dentro de la propia cueva, una arcilla que contiene polen de flores anteriores a la glaciación, probablemente el souvenir menos previsible de todo el viaje. 

Acantilados de Moher, Irlanda© Shutterstock

Unos kilómetros al norte, Aillwee ofrece una visita guiada de media hora entre galerías y una cascada helada, y a pocos pasos el centro de aves rapaces del Burren programa exhibiciones de vuelo con águilas, halcones, búhos y buitres.

Desde el muelle de Doolin sale la travesía más corta hacia las islas Aran, 15 minutos hasta Inis Oírr, 25 hasta Inis Meáin y 35 hasta Inis Mór, la mayor, donde espera el fuerte prehistórico de Dún Aonghasa asomado al acantilado. El mismo barco ofrece un crucero de 50 minutos al pie de los acantilados, que es la única forma de entender de verdad su altura, mirando hacia arriba en lugar de hacia abajo, con los pájaros saliendo de las cornisas y, con suerte, delfines o algún tiburón peregrino cerca del casco. Las salidas se mantienen hasta el 1 de noviembre y los horarios dependen del estado de la mar, así que conviene reservar y aceptar de antemano que el Atlántico tiene la última palabra.

Paisaje costera de las islas Aran© Shutterstock
Paisaje costera de las islas Aran

Lisdoonvarna, el mayor festival de solteros de Europa

Doolin es un pueblo pequeño y desordenado que funciona como capital oficiosa de la música tradicional irlandesa. Todo gira en torno a tres pubs con sesiones casi diarias: Gus O'Connor's, en Fisher Street, el más conocido; McGann's, en la parte alta; y McDermott's, enfrente, donde los músicos se sientan en la sala del fondo y hay que llegar temprano si uno quiere verles de cerca. Los tres sirven de comer, con el seafood chowder como denominador común, y Fitz's, algo más abajo, es el que mejor resuelve las opciones vegetarianas y veganas, algo poco habitual por aquí. 

Doolin, uno de los pueblos más bonitos de Irlanda© Shutterstock
Doolin, uno de los pueblos más bonitos de Irlanda

Media hora al sureste, Ennis, la capital del condado, aporta el contrapunto urbano con sus calles estrechas y su comercio de toda la vida. Knox's, en Abbey Street, lleva sirviendo desde 1864, y Brogan's, en O'Connell Street, es la casa de guisos del centro.

El asunto se desborda cada septiembre en Lisdoonvarna, un pueblo de apenas una calle entre el Burren y el mar. Durante los treinta días del mes se celebra allí el mayor festival de solteros de Europa, con más de 165 años de historia y una afluencia que la organización cifra en unas sesenta mil personas. Hay música y baile en todos los bares desde el mediodía hasta la madrugada, y quien vaya en serio puede pasar por el Matchmaker Bar a ver a Willie Daly, casamentero de tercera generación y el último que ejerce de forma tradicional en Irlanda. La costumbre dice que tocar su libro con las dos manos garantiza boda en seis meses, aunque el origen de la leyenda es menos romántico y más agrícola. Terminada la cosecha, los granjeros solteros bajaban al balneario a conocer a las señoras que habían venido a tomar las aguas minerales. 

El confín más tranquilo

Quien prefiera el vértigo sin cola de autobuses tiene que conducir hacia el suroeste, hasta la península de Loop Head, una lengua de tierra que separa las aguas resguardadas del estuario de la furia del océano abierto. La carretera atraviesa un paisaje llano y luminoso que termina en un faro cuyos orígenes se remontan a 1670. Desde arriba se ve, en un día limpio, desde las montañas de Kerry hasta los acantilados del norte del condado. Recortadas en la hierba del promontorio, siguen leyéndose las letras blancas E-I-R-E, un vestigio de la Segunda Guerra Mundial destinado a los pilotos que sobrevolaban un país neutral. Unos kilómetros al este, los Bridges of Ross son arcos de caliza esculpidos por el mar, de los que ya solo queda uno en pie.

Vista aérea de los acantilados de Loop Head en Irlanda© Shutterstock

El faro abre a diario hasta el 27 de septiembre y después los fines de semana y festivos de octubre, con visitas guiadas. Quien quiera llevar la soledad al extremo puede dormir en la casa del farero, restaurada y alquilada por una fundación. Aquí no hay centro de visitantes, ni taquilla, ni barandillas, lo que significa a la vez calma absoluta y la obligación de no acercarse al borde, y tampoco hay cafés ni tiendas entre Kilkee y la punta, así que hay que salir con agua y comida. La excepción es la Kilbaha Gallery, en el pueblo del mismo nombre, con obra y artesanía de artistas de la península. Kilkee, en la base, monta mercado de productores los sábados, y el vecino Kilrush, los jueves por la mañana. Desde el paseo de Kilkee arrancan además ocho kilómetros de sendero por el acantilado, con una versión corta de cinco.

LO MÁS PRÁCTICO PARA VIAJAR A SHANNON

Dónde está y cómo llegar

  • En el oeste de Irlanda, en el condado de Clare, en un vuelo directo con Ryanair desde Madrid varios días a la semana.

Mejor época para viajar

  • Septiembre y octubre, con luz baja sobre los acantilados, menos gente y los servicios aún abiertos.

Tres imprescindibles

  • La última luz en los acantilados de Moher.
  • El dolmen de Poulnabrone sobre la losa del Burren.
  • Cruzar a pie el viejo puente de Killaloe.

Qué probar

  • El seafood chowder espeso de los pubs de la costa, las ostras de la bahía, el estofado de ternera con Guinness y un whiskey irlandés de destilería.

Dónde alojarse

  • Cerca del aeropuerto, la casa de campo Carrygerry Country House es la alternativa rural a los prácticos Treacys Oakwood Hotel y Shannon Springs Hotel. 

Ideal para…

  • Parejas que quieran naturaleza y patrimonio a distancias cortas, familias con niños por el parque folclórico, el entorno y las cuevas.

El consejo del experto viajero

  • Compra la entrada de los acantilados por internet y para la primera franja de la mañana, pues es más barato, y no subestimes la antigua tienda que dio origen a los duty free para llevarte un buen souvenir.