Gloria Gallego, experta en educación: "Ante una mala nota, al alumno puede resultarle más sencillo atribuirlo a que el profesor le tiene manía que asumir que ha cometido un error"


Vuelve el colegio y también una de las frases que se pueden escuchar en muchas casas acerca de los docentes


profesora junto con un niño en el aula© Getty Images/Maskot
17 de septiembre de 2026 a las 7:32 CEST

Arranca el curso y son muchos los padres que, tarde o temprano, escuchan en casa la manida frase: "El profe me tiene manía". Con el regreso a las aulas, cada mala nota, llamada de atención o falta por no llevar los deberes encuentra con frecuencia un culpable externo en boca de los alumnos: el profesor explica mal, el examen era injusto o el colegio entero parece haber iniciado una cruzada contra ellos.

Para entender qué hay realmente detrás de este discurso y cómo gestionarlo sin dinamitar la confianza con los hijos ni restar autoridad a los docentes, conversamos con Gloria Gallego, directora del Departamento de los Grados en Educación de la Universidad CEU San Pablo. La experta nos explica por qué actuar siempre como "abogados defensores" de los menores puede perjudicar su desarrollo emocional a largo plazo.

Gloria Gallego, directora del Departamento de los Grados en Educación de la Universidad CEU San Pablo:© Cedida
Gloria Gallego, directora del Departamento de los Grados en Educación de la Universidad CEU San Pablo:

¿Es la frase "el profesor me tiene manía" una etapa evolutiva normal de la adolescencia o la infancia, o un reflejo de un problema más profundo de madurez y responsabilidad?

Esta frase forma parte de todo adolescente, podría decirse que es propio del proceso de crecimiento y maduración durante la adolescencia. Es una etapa en la que los jóvenes están construyendo su identidad, desarrollando su seguridad e intentado formar su propio criterio. Por eso, es lógico que empiecen también a cuestionar aquello que les dicen los adultos, tanto los profesores como los padres.

En muchas ocasiones, cuando cualquier alumno te dice “el profesor me tiene manía”, detrás puede haber cierta inseguridad del adolescente. Ante una mala nota, una llamada de atención o una discrepancia con un profesor, puede resultarle más sencillo atribuir lo ocurrido a que el profesor le tiene manía que asumir que quizá ha cometido un error o que necesita mejorar en algún aspecto.

No es conveniente que los padres busquen información entre otros padres ante la primera duda, ya que eso puede contribuir a generar rumores, malentendidos o una mala imagen del profesor sin conocer realmente lo sucedido

Gloria Gallego, directora del Departamento de los Grados en Educación de la Universidad CEU San Pablo

¿Cómo deben actuar los padres? ¿Cómo se puede diferenciar cuándo se trata de una excusa del alumno para eludir responsabilidades y cuándo existe realmente una falta de afinidad o una injusticia por parte del docente?

Una de las funciones de los padres es escuchar a sus hijos con respeto, cariño y atención. Nunca se debe negar de entrada lo que nos están contando, especialmente durante la adolescencia. Si como madre o padre reacciono diciendo “eso que me estás contando no puede ser, el profesor tiene razón”, corremos el riesgo de romper la confianza con nuestros hijos. Y, sabemos que la confianza es fundamental en esta etapa.

Nuestros hijos van a enfrentarse a situaciones nuevas, van a tener dudas y pueden encontrarse con problemas que no sepan cómo resolver. Necesitan sentir que sus padres son las primeras personas a las que pueden acudir. Por eso, cuando nos cuentan algo, debemos escucharlos con cariño y hacerles preguntas que nos ayuden a comprender qué ha ocurrido realmente. Hay que escuchar antes de juzgar y ayudarles a poner las cosas en su sitio, pero sin negar de entrada su percepción que no siempre es fácil.

No es conveniente que los padres busquen información entre otros padres ante la primera duda, ya que eso puede contribuir a generar rumores, malentendidos o una mala imagen del profesor sin conocer realmente lo sucedido. La reputación de un docente no debería cuestionarse a partir de comentarios de terceros. Si existe una duda real, lo adecuado es acudir al tutor o a la coordinadora y plantear la situación directamente, siempre desde el respeto y con la voluntad de comprender qué ha sucedido.

Madre da un beso a su hijo antes de entrar en el colegio© Getty Images

¿Ha aumentado esta tendencia en los últimos años? ¿Detectan los expertos un cambio en el perfil de las familias a la hora de cuestionar la autoridad escolar?

Sí, es real que esta tendencia ha aumentado. Actualmente muchos padres tienen jornadas laborales muy exigentes y disponen de poco tiempo para estar con sus hijos. En ocasiones, ese poco tiempo que comparten con ellos hace que quieran evitar el conflicto y que tiendan a darles la razón de manera inmediata. De esta manera, lo que dice el hijo puede convertirse en una verdad absoluta sin que los padres se hayan detenido primero a conocer las dos versiones de lo sucedido. Y esto suele, en algunos casos, cuestionar con demasiada facilidad la autoridad del profesor.

¿Cuál es el primer error que cometemos los padres cuando nuestros hijos llegan a casa con este discurso?

El primer error es darles la razón inmediatamente. Hay que escucharlos, pero escuchar no significa asumir que su versión es la realidad objetiva, ya que durante la adolescencia todavía están desarrollando criterios no siempre maduros para interpretar determinadas situaciones, y pueden hacer una lectura de lo sucedido condicionada por sus emociones, por la frustración o incluso por la inseguridad. Nuestro papel como padres es ayudarles a analizar lo ocurrido, no simplemente confirmar su interpretación.

Lo que dice el hijo puede convertirse en una verdad absoluta sin que los padres se hayan detenido primero a conocer las dos versiones de lo sucedido. Y esto suele, en algunos casos, cuestionar con demasiada facilidad la autoridad del profesor

Gloria Gallego, directora del Departamento de los Grados en Educación de la Universidad CEU San Pablo

¿Cómo validar las emociones del niño sin darle la razón automáticamente ni desacreditar al profesor?

Validar sus emociones significa, en cierta manera, hacerles sentir que lo que están sintiendo nos importa. Podemos decirles, por ejemplo, que entendemos que se haya sentido frustrado o tratado de manera injusta, sin afirmar por ello que necesariamente tengan razón sobre lo sucedido.

Cada padre conoce a su hijo y sabe cómo suele interpretar las situaciones. Si sabemos que nuestro hijo tiene mucha imaginación o que puede tender a exagerar determinados acontecimientos, debemos ayudarle con cariño a ponerlos en su justa medida. Y, si tenemos dudas sobre lo ocurrido, lo mejor es hablar con el tutor, siempre desde el respeto y sin prejuzgar ni al alumno ni al profesor.

madre ayudando a su hijo que está haciendo los deberes© Getty Images

¿Qué consecuencias a largo plazo tiene para un estudiante que sus padres asuman su relato como una verdad absoluta y actúen como sus abogados defensores?

Si damos la razón a nuestro hijo en todo momento y le justificamos todas sus actuaciones, transmitimos la idea de que él siempre tiene la razón y de que la autoridad está equivocada cuando entra en conflicto con sus intereses. A medida que crezca, esto puede dificultar que aprenda a aceptar límites, reconocer sus errores, asumir responsabilidades y respetar la autoridad. En definitiva, podemos estar contribuyendo a formar a una persona cada vez más autoritaria y menos capaz de aceptar que otras personas puedan tener un criterio diferente al suyo. Además, paradójicamente, los propios padres pueden acabar perdiendo autoridad y respeto ante sus hijos.

¿En qué momento y de qué manera se debe contactar con el colegio o el tutor sin generar un conflicto ni poner al alumno en una posición incómoda?

En cuanto surja una duda que los padres consideren importante, es conveniente hablar con el tutor. Lo que no recomiendo es comentarlo primero con otros padres, porque eso puede generar rumores y conflictos innecesarios. El tutor es precisamente el vínculo entre la familia y el profesor con el que se haya producido la situación. Por eso debemos acudir a él y explicarle lo sucedido con respeto, cariño y confianza, buscando comprender qué ha pasado y no buscando culpables.

La comunicación entre familia y colegio siempre es de colaboración y el objetivo común es ayudar al alumno.

Si tras hablar con el centro se confirma que la percepción del alumno era falsa, ¿cómo se debe gestionar esa conversación de vuelta a casa para convertirla en un aprendizaje?

Yo intentaría convertirlo en una conversación tranquila y cercana, por ejemplo, llevaría a mi hijo a tomar un café, una Coca-Cola o aquello que más le apetezca, en un ambiente relajado, y hablaría con él desde el cariño y el respeto. Le explicaría que hemos hablado con el profesor o con el tutor y que, después de conocer la situación, parece que ha habido un malentendido y que su interpretación de lo ocurrido no era del todo correcta.

Además, también le transmitiría algo muy importante: “Te agradezco muchísimo que nos lo hayas contado”. Como padres, debemos valorar que nuestro hijo haya confiado en nosotros y nos haya explicado lo que estaba viviendo. Gracias a que nos lo ha contado, hemos podido hablar con el colegio, aclarar la situación y descubrir juntos qué había sucedido realmente.

De esta manera, el niño aprende que equivocarse en la interpretación de una situación no es algo negativo. Lo importante es tener la confianza suficiente para hablar, escuchar otras versiones, reconocer un posible error y aprender de él. Este es, en definitiva, el aprendizaje que debemos buscar: que nuestros hijos sepan que sus padres siempre van a estar a su lado, pero que estar a su lado no significa darles la razón en todo, sino ayudarles a comprender la realidad, asumir sus responsabilidades y crecer.