David Broncano siempre ha compartido que una de las mejores formas de desconectar es alejarse de la ciudad y perderse en la montaña. Aunque nació en Santiago de Compostela, se crio en Orcera, un pequeño pueblo de Jaén enclavado en la Sierra de Segura, y esa cercanía con la naturaleza le ha acompañado desde niño. Ya instalado en Madrid, ha encontrado en otro espacio protegido, la Sierra de Gredos, el paraíso natural al que le gusta escaparse y de paso poner en práctica sus aficiones.
Aunque diversas publicaciones dicen que es propietario de una finca en Ávila, concretamente en la urbanización Calas de Guisando de Cebreros —él nunca lo ha confirmado públicamente, ni siquiera ha hecho declaraciones en los últimos días, tras los recientes incendios forestales que afectaron a buena parte de la provincia—, fue en una conversación hace unos años con la Guía Repsol donde hablaba de su vínculo con la Sierra de Gredos, con el entorno del pueblo de Candeleda —el mismo en el que Nuria Roca y Juan del Val se han construido su refugio rural— y con un pequeño sitio que le conquistó en este enclave: el hotel Nabia. Así hablaba de él: "Tiene vistas al valle, es pequeñito, pero es un lugar privilegiado. Te permite subir a escalar, que es uno de mis planes favoritos, y hacer senderismo por la zona. Luego bajas a descansar y se está allí muy cómodo también sin hacer nada".
No hace falta mucho más para entender por qué esta parte de Ávila engancha a quien disfruta de la montaña. Porque aquí, en pocos kilómetros, se pasa de los olivares y el clima templado del valle del Tiétar a las cumbres de granito del Parque Regional de la Sierra de Gredos, un espacio natural donde conviven gargantas de agua cristalina, bosques, antiguos caminos de pastores y algunas de las paredes de escalada más conocidas por los aficionados a esta disciplina.
GARGANTAS, ERMITAS Y LAS MEJORES RUTAS DE SENDERISMO
Del sinfín de recorridos que surgen en este enclave, uno de los más agradables para empezar a conocer la zona es la Ruta de los Pescadores, el sendero que discurre junto a la garganta de Santa María, la más accesible de Candeleda, y atraviesa el propio casco urbano. El camino comienza en las inmediaciones del puente y acompaña el curso del agua durante unos 4 o 5 kilómetros (ida y vuelta). Sin ninguna dificultad, pues no tiene desnivel, el recorrido permite caminar entre alisos y fresnos, ver antiguos molinos y pequeñas cascadas y bañarse en pozas en las que el agua baja limpia desde la montaña y que son un disfrute para aliviar los calores estos meses de verano.
Una de las excursiones más populares es la que lleva al santuario de Chilla, situado a unos pocos kilómetros de Candeleda. Esta bonita ermita, lugar de gran devoción para los candeledanos, se levanta en medio de un bosque, junto a la garganta de Chilla, otro agradable lugar con pozas de agua cristalina para refrescarse. Desde este entorno parten senderos que ascienden hacia el corazón de Gredos y ofrecen vistas cada vez más amplias del valle del Tiétar. En esta misma vertiente de la sierra se esconden otras dos gargantas mucho menos frecuentadas, la Blanca y la de Tejea, que requieren caminatas más largas para alcanzar sus rincones más espectaculares.
De las afueras de Candeleda parte la Ruta de los Cabreros, que sigue uno de los antiguos caminos que utilizaban los pastores para conducir el ganado hasta los pastos de altura de la Sierra de Gredos. El recorrido clásico ronda los 12 kilómetros (ida y vuelta), requiere unas 5 horas y salva 600 metros de desnivel. A medida que gana altura, el sendero atraviesa robledales, cruza antiguos muros de piedra y praderas donde aún es habitual encontrar vacas y caballos en libertad, antes de abrirse a amplias vistas sobre el valle.
EL PICO ALMANZOR, EL TECHO DE CASTILLA Y LEÓN
Para montañeros con experiencia, el gran objetivo es el Pico Almanzor, con 2.591 metros, la cumbre más alta del Sistema Central. Su ascensión exige una buena preparación física y experiencia en montaña, pero el esfuerzo se ve recompensado con algunas de las panorámicas más espectaculares de toda la cordillera, dominadas por la Laguna Grande de Gredos, los canchales de granito y cumbres tan emblemáticas como La Galana, El Morezón o el Cuchillar de las Navajas. La subida arranca en la Plataforma de Gredos, a la que se accede desde el pueblo de Hoyos del Espino, y la ruta se completa en unas 9 horas.
LOS GALAYOS, PARAÍSO DE LOS ESCALADORES
La escalada es otro de los grandes reclamos de esta vertiente de Gredos. Sus paredes de granito son un imán para los aficionados a este deporte y, de hecho, el propio David Broncano ha contado que es una de las actividades que más disfruta cuando pasa tiempo por aquí.
El gran nombre propio es Los Galayos, un espectacular conjunto de agujas que se alza sobre el municipio de Guisando. Sus paredes concentran decenas de vías de distintos niveles, aunque las más exigentes, por su longitud y dificultad técnica, están reservadas a escaladores con experiencia. Entre todas sobresale el Torreón de los Galayos, probablemente la aguja más emblemática del macizo. Ascenderla forma parte de los grandes retos de la escalada clásica en España y ha hecho que este rincón de Gredos sea conocido mucho más allá de Castilla y León.
Para iniciarse en la escalada, lo mejor es contactar con empresas de turismo activo que operan en la zona, como 360 Gredos (360gredos.es) o Escuela Alpina de Gredos (escuelaalpinadegredos.com), que organizan cursos, bautismos de escalada y ascensiones guiadas tanto en Los Galayos como en otros sectores de la sierra.
EL HOTEL DE DAVID BRONCANO
Después de las excursiones y las actividades, es hora del descanso. A las afueras de Candeleda se encuentra el Nabia Hotel, el alojamiento rural al que hacía referencia David Broncano. Se trata de un pequeño hotel rodeado de naturaleza, con pocas habitaciones de decoración cálida, ambiente tranquilo y amplios ventanales que abren al paisaje. Entre todas las estancias, sobresale la Suite Valle, una casita independiente que parece asomarse a la ladera, con jardín y porche privados.
La sensación de bienestar continúa en el restaurante, donde buena parte de la carta se elabora con verduras y hortalizas procedentes de la huerta del propio hotel, y en el trato cercano de sus propietarios.
También merece la pena reservar un rato para pasear por sus jardines, entre árboles centenarios y una vegetación cuidada, o descansar junto a la piscina, integrada en el paisaje y con unas vistas privilegiadas al valle del Tiétar (hotelnabia.es).














