Nuria Roca se encuentra feliz y contenta y “esto no ha hecho más que empezar”, dice. La prueba son las imágenes con las que la presentadora y su marido han dado comienzo a sus vacaciones de verano en su refugio rural del pueblo abulense de Candeleda, la casa de campo cerca de Madrid en la que invirtieron el millón de euros del Premio Planeta que Juan del Val ganó por Vera, una historia de amor. Tras despedir la temporada de La Roca y El Hormiguero, la pareja y un grupo de amigos han pasado el fin de semana en la naturaleza de la Sierra de Gredos, compartiendo baños en las gargantas del río Tiétar y degustando los sabores de la zona, como las patatas revolconas con torreznos o las cerezas que no pueden faltar en esta época.
“Si me enamoro de un lugar y su energía, me quedo. Me ha pasado siempre. Y cuando llegué a Candeleda me pareció un paraíso", confesó emocionada la presentadora cuando enseñó su casa en ¡Hola! Tanto es así que, como dice Nuria Roca, “cada vez soy más de campo”.
Al sur de Ávila, casi tocando Extremadura, entre la Sierra de Gredos y el valle del Tiétar, Candeleda es un pueblo que tiene algo especial: un aire cálido –más cálido y húmedo que otras zonas de la provincia–, y un aire casi andaluz, con sus casas con balcones floridos y plazas con palmeras. Con razón le dicen la "Andalucía" abulense.
QUÉ VER EN CANDELEDA
Pasear por su casco antiguo es como retroceder a un pueblo que ha decidido no correr. Las calles empedradas, las casas con entramados y aleros de madera y macetas, los vecinos que aún se saludan por su nombre..., todo tiene un ritmo tranquilo. A poco que uno se ponga a andar, llega a la Plaza Mayor y ve la Casa de las Flores, un edificio tradicional que guarda en su interior un curioso museo del juguete de hojalata, ideal para nostálgicos. Muy cerca, en una plazuela, la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, del gótico rural, con su torre cuadrada.
La Casa de la Judería, que conserva el encanto de una vivienda típica del siglo XV –con sus muros de adobe, vigas de madera, teja árabe y esas solanas utilizadas para secar higos, pimientos y flores– y ahora es un espacio cultural, sorprende en la calle de la Amargura, en el antiguo barrio judío, que gira en torno a la plaza del Herreñal y se extiende por otras de nombres evocadores: Rosa, Luna, Sol, Fortuna...
SABORES DE LA TIERRA
Entre ida y vuelta por las calles, van surgiendo bares para hacer parada y probar unas croquetas caseras o el famoso queso de cabra a la plancha con miel de la Vera o las patatas revolconas en La Taberna de la Vera, en la calle Real, que se condimentan con el famoso pimentón de Candeleda.
¡A REFRESCARSE TOCA!
Lo mejor de Candeleda no se queda solo en sus calles. Es también el entorno natural que lo envuelve. Las gargantas bajan frescas desde Gredos, formando pozas de agua clara donde hay que darse un chapuzón. La de Santa María es la más accesible: atraviesa el propio casco urbano, y junto a ella se conservan antiguas construcciones como molinos y puentes de piedra.
LAS EXCURSIONES PRÓXIMAS
Camino hacia el santuario de la Virgen de Chilla –una ermita preciosa en medio del bosque y lugar de devoción de los candeledanos– está la garganta de Chilla, con muchas pozas y pequeñas cascadas. Más arriba, en plena sierra y menos frecuentada, se encuentra la garganta Blanca; y, menos conocida aún, la garganta Tejea, que exige una caminata más larga para llegar a sus tramos más bonitos.
Más arriba, ya en las laderas de la montaña, se encuentra el castro celta de El Raso, uno de los yacimientos vetones más importantes de la zona. Para conocer su historia, su origen, sistema defensivo, su urbanismo y su forma de vida, se organizan visitas guiadas (reserva previa en castroceltaelraso@gmail.com). Como complemento, en el Museo Arqueológico Municipal de El Raso, en la pedanía del mismo nombre, se exponen piezas halladas en las excavaciones: urnas funerarias, ajuares domésticos, moneda romana...
Desde aquí, las vistas al Almazor —el pico más alto de la Sierra de Gredos, con 2592 metros— son espectaculares: el valle se extiende a lo lejos, lleno de huertos, olivares y caminos que se pierden entre robles y encinas. En verano es una postal verde; en otoño, otra muy diferente en tono ocre.
DÓNDE DORMIR
En este rincón del sur de Ávila, al que se viene a cargar pilas, respirar aire puro de montaña y disfrutar de hacer actividades al aire libre, hay varias opciones para alojarse que combinan lujo campestre y un magnífico emplazamiento. Vistas impresionantes y piscina tiene Nabia Hotel (hotelnabia.es); La Casa de los Tomillares (lacasadelostomillares.es) es perfecta para desconectar rodeado de naturaleza; el Hotel Rural El Camino (hotelruralelcamino.es) es un refugio tranquilo con piscina natural; junto al santuario está Las Terrazas de Chilla (lasterrazasdechilla.com); y El Vergel de Chilla (elvergeldechilla.com) dispone de tres acogedoras casas de estilo provenzal que comparten piscina.













