Cuando Chris O'Neill se casó con Magdalena de Suecia en junio de 2013, en una gran boda real, tuvo la posibilidad de aceptar la ciudadanía sueca, el título de príncipe, el tratamiento de Alteza Real y las funciones institucionales que el rey Carlos XVI Gustavo de Suecia pudiera asignarle. Sin embargo, el financiero nacido en Londres, criado en Suiza y formado en Estados Unidos fue claro al respecto: él quería seguir siendo Chris O'Neill, hijo del banquero Paul O'Neill y de su segunda esposa, la socialité Eva María O'Neill. Esa era su forma de explicar que no quería perder su identidad, que no se sentía cómodo convirtiéndose en príncipe y que la vida oficial no era para él. Trece años después, el giro es evidente.
Después de su boda, una celebración en la capilla del Palacio Real de Estocolmo, el matrimonio regresó a Nueva York, la ciudad en la que se habían conocido después de que la princesa saliera del foco mediático tras la ruptura de su primer compromiso matrimonial con el que hasta entonces había sido presentado como el novio perfecto, Jonas Bergström.
Tras la boda real rechazó ser príncipe y ciudadano sueco
En Estados Unidos nació la princesa Leonore, la primera hija del matrimonio, y la familia experimentó varias mudanzas debido al trabajo del financiero: un tiempo en Londres, un tiempo en Florida y así pasaron diez años y nacieron dos hijos más, los príncipes Nicolas y Adrienne. En este caso, ambos nacieron en hospitales de Suecia, ya que la princesa regresó a su país para los partos. Y finalmente, en agosto de 2023, la Casa Real sueca anunció que la princesa Magdalena, Chris O'Neill y sus tres hijos regresaban a vivir a Estocolmo.
Desde entonces, la institución ha recuperado a una princesa, pero la situación de Chris O'Neill se ha quedado en un punto intermedio. Está presente en todos los actos oficiales de naturaleza familiar, como son cumpleaños del monarca, aniversarios, Te Deums o el Día Nacional, pero también en otras citas de carácter más oficial, como los Premios Nobel, recepciones en la Embajada de Suecia en Estados Unidos e incluso ha estado en alguna cena de Estado en el Palacio Real. Lo que prueba que progresivamente se ha ido incorporando a una vida oficial que antes no quería. No obstante, la línea roja es evidente: siempre acude como acompañante de la princesa y no está revestido de ninguna función oficial.
Chris O'Neill es un ciudadano extranjero, la primera barrera para acceder a deberes oficiales
El terreno que pisa es delicado y los medios de comunicación suecos se lo recuerdan, ya que es un ciudadano privado y extranjero con presencia en la vida pública. Su estatus siempre ha sido un tema muy comentado en el país y en ocasiones ha sido muy escrutado tanto por sus negocios como por su patrimonio familiar o la posible influencia que pueda ejercer. Es más, a veces ha dado la impresión de que determinados sectores no perdonen que rechazara la posibilidad de ser sueco y ser príncipe, entonces él mismo ha sido tajante al respecto: "Yo soy el que mantiene a la familia y necesito poner comida en la mesa. Tengo un trabajo en el que no siempre puedo decidir un mes antes estar en un acto oficial".
A día de hoy, Chris O'Neill es un ciudadano extranjero, la primera barrera para acceder a deberes oficiales. El marido de la princesa Magdalena tiene tres nacionalidades: la británica de nacimiento, la estadounidense por su padre y la alemana por su madre. Es más, podría solicitar la nacionalidad sueca, ya que la ley se lo permite, pero, de momento, este trámite -que la Corte Real estaría obligada a comunicar- no se ha hecho.
La transformación del rol real: de la dedicación exclusiva al emprendimiento privado
Así que el marido de Magdalena no tiene funciones institucionales porque no es sueco y no tiene título real, ya que eso implicaba renunciar a su carrera profesional y a sus negocios. No obstante, esta norma, que hace no tanto era una certeza inamovible, también se ha difuminado y han sido los propios príncipes de cuna los que lo han hecho posible. Tanto Carlos Felipe como Magdalena de Suecia han empezado a combinar su estatus oficial como príncipes suecos y representantes de la Jefatura del Estado con iniciativas empresariales de carácter totalmente privado: el príncipe con su empresa de diseño industrial y decoración, y la princesa con una de cosméticos. En cierta medida, el destino de Chris O'Neill, que está fuera de la Casa Real pero con un pie dentro, todavía puede cambiar.










