El patrimonio privado del monarca noruego, que podría alcanzar varios cientos de millones de coronas noruegas, abre un nuevo capítulo para la familia real. Las propiedades históricas, las transmisiones realizadas en vida y la posible existencia de un testamento centran ahora la atención. La sucesión al trono de Noruega quedó resuelta tras la muerte del rey Harald, el pasado 28 de agosto, a los 89 años. Su hijo Haakon asumió la Corona, dando continuidad a una institución que ha marcado la historia del país. Sin embargo, mientras el nuevo monarca comienza una etapa al frente de la Casa Real, otra cuestión podría adquirir especial relevancia en el ámbito privado: la distribución de la herencia de su padre.
Una herencia marcada por la historia familiar
El rey Harald habría dejado un importante patrimonio personal, integrado por propiedades históricas y bienes cuyo valor podría ascender a varios cientos de millones de coronas noruegas. Así lo recoge Se og Hør, el medio noruego que ha publicado los detalles de este particular legado familiar. A diferencia de la sucesión al trono, que está determinada por la Constitución, la herencia privada estaría sujeta a la legislación noruega y, en su caso, a las últimas voluntades del monarca. En este escenario, la reina Sonia y sus hijos, Haakon y la princesa Marta Luisa, serían los protagonistas de un proceso cuyo resultado todavía no se conoce públicamente. El patrimonio que habría dejado Harald no sería el primero de la familia real noruega que obliga a organizar un reparto de bienes de especial valor.
En 1991, tras la muerte del rey Olav, sus tres hijos —Harald, la princesa Ragnhild y la princesa Astrid— tuvieron que afrontar la distribución de su patrimonio privado. Según recuerda Se og Hør, que recoge los antecedentes de aquel reparto, las obras de arte del monarca fueron colocadas en tres lotes en uno de los salones del Palacio Real. Después, los hermanos sortearon quién recibiría cada conjunto. La princesa Ragnhild relató posteriormente aquella experiencia en su biografía Mitt liv som kongsdatter, una publicación que permitió conocer algunos detalles de un proceso que se desarrolló en el ámbito privado. La fortuna del rey Olav habría sido estimada entonces entre 9,8 y 11,6 millones de euros (110-130 millones de coronas noruegas), aunque nunca trascendió cuánto correspondió exactamente a cada uno de sus hijos. Aquel precedente permite comprender por qué la herencia de Harald despierta ahora tanta expectación. No se trataría únicamente de una cuestión económica, sino también de la continuidad de un patrimonio ligado a varias generaciones de la familia real.
Bloksbjerg, la propiedad que recibió Marta Luisa
Entre las propiedades que forman parte de esta historia destaca Bloksbjerg, una residencia de vacaciones situada en Hankø. El rey Harald la habría heredado de su padre y, en 2001, se la entregó a su hija, la princesa Marta Luisa, como adelanto de su herencia. De esta manera, la princesa habría recibido una valiosa propiedad familiar mucho antes de que llegara el momento de resolver la herencia privada del monarca. Sin embargo, Bloksbjerg terminó saliendo del patrimonio familiar. En 2020, Marta Luisa vendió la residencia, de aproximadamente 400 metros cuadrados y con piscina, por unos 2,3 millones de euros (26 millones de coronas noruegas), según la información publicada por Se og Hør.
La historia de Bloksbjerg no sería la única que podría resultar relevante para comprender el patrimonio familiar. Al mismo tiempo que Marta Luisa recibía aquella propiedad, Haakon habría recibido Skaugum, una de las residencias más emblemáticas de la familia, mediante una transferencia realizada por su padre. La propiedad estaba valorada entonces en alrededor de 6,2 millones de euros y habría sido entregada sin que mediara un precio de compra. Según el citado medio, la pareja heredera también quedó exenta del impuesto sobre documentos y del impuesto de sucesiones. La cabaña del príncipe en Sikkilsdalen habría seguido igualmente una tradición de transmisión familiar, pasando del rey Olav a Harald. Skaugum y Bloksbjerg, por su parte, ya habían sido transferidas a la siguiente generación antes de la muerte del monarca. Estos antecedentes podrían ser importantes a la hora de comprender cómo se organiza el patrimonio privado de la familia, aunque no permiten establecer por sí solos cuál será el reparto definitivo.
La reina Sonia y sus hijos, ante un posible reparto millonario
La reina Sonia, viuda del monarca, y sus dos hijos serían las figuras centrales de la herencia privada. De acuerdo con la legislación noruega citada por Se og Hør, si no existiera un testamento que estableciera otra distribución, la viuda tendría, como regla general, derecho a una cuarta parte de la herencia. Las tres cuartas partes restantes corresponderían a los hijos. En ese supuesto, Haakon y Marta Luisa podrían recibir cada uno un 37,5 por ciento del patrimonio. Sin embargo, este cálculo sería únicamente una referencia inicial. La existencia de un posible testamento podría modificar el reparto y determinar qué bienes corresponderían finalmente a cada miembro de la familia. Por el momento, no se ha hecho público si Harald dejó un documento con sus últimas voluntades.
La posibilidad de que existiera ha sido planteada por la prensa noruega, aunque no se conoce su contenido ni se ha confirmado cómo habría organizado el monarca la distribución de sus propiedades. La cuestión más delicada sigue siendo la existencia de un testamento. Aunque no se sabe públicamente si Harald dejó instrucciones específicas sobre su patrimonio, la posibilidad de que hubiera organizado el reparto con anterioridad ha sido contemplada por los medios noruegos. Caroline Vagle, especializada en la Casa Real de Se og Hør, ya había abordado esta cuestión meses antes del fallecimiento del monarca. Según recoge la publicación, Vagle consideraba que Harald y Sonia habrían reflexionado cuidadosamente sobre la distribución de sus bienes.
Tres residencias que concentran la atención
Entre los bienes que podrían formar parte del reparto destacan tres propiedades privadas de vacaciones: Kongsseteren, Mågerø y Prinsehytta. Estas residencias representan una parte especialmente significativa del patrimonio familiar, tanto por su valor económico como por su relación con la historia de la monarquía noruega. La cabaña del príncipe en Sikkilsdalen, por ejemplo, habría pasado del rey Olav a Harald, siguiendo una tradición de transmisión entre generaciones. Skaugum y Bloksbjerg también estuvieron vinculadas a este proceso, aunque ambas propiedades terminaron siendo transferidas antes de la muerte del monarca. La historia de estas residencias demuestra que el patrimonio de la familia real no se limita a una valoración económica. También está relacionado con la conservación de lugares que han formado parte de su vida privada durante décadas. La distribución del patrimonio privado del rey Harald podría convertirse en uno de los capítulos más relevantes de la nueva etapa de la monarquía noruega.
Para Haakon, que ya ha asumido la responsabilidad de la Corona, el proceso tendría una dimensión diferente a la de su hermana Marta Luisa, aunque ambos compartirían, en principio, los mismos derechos sucesorios sobre los bienes privados de su padre. La reina Sonia, por su parte, podría tener derecho a una parte de la herencia conforme a la legislación noruega, siempre que no existieran disposiciones testamentarias que establecieran otra fórmula. Las propiedades de vacaciones, las transmisiones realizadas en vida y la posible existencia de un testamento serían algunos de los elementos que determinarían cómo se organiza finalmente el reparto. Y aunque todavía no se conocen todos los detalles de la herencia, el legado privado del monarca podría convertirse en uno de los asuntos que más atención concentren en la nueva etapa de la familia real noruega.









