Los príncipes herederos Haakon y Mette‑Marit de Noruega compraron en 2008 por casi un millón de euros una pequeña cabaña tradicional en Flatholmen, una isla remota del archipiélago de Risør, en la costa sur del país. Aquella construcción de los años sesenta, conocida en Noruega como un hytte, debía transformarse en su refugio más personal: una cabaña de lujo y diseño concebida por el prestigioso estudio Snøhetta como una vivienda contemporánea, sostenible y abierta al mar. El proyecto obtuvo todos los permisos en 2022, pero quedó paralizado coincidiendo con el punto álgido de la crisis de confianza que afectó a la pareja heredera, marcada por el juicio contra Marius Borg y las conversaciones de la princesa con Jeffrey Epstein. La Casa Real aclaró entonces que la construcción de este lugar de vacaciones "no era una prioridad", y el permiso caducó sin que se levantara un solo muro.
Un sueño detenido en el peor momento
El último año ha sido especialmente complejo para los príncipes. A la presión institucional se sumaron el empeoramiento de la enfermedad pulmonar de Mette‑Marit, que terminó en un trasplante del que ahora se recupera, la exposición mediática del caso Epstein y el ingreso en prisión de Marius Borg con la posterior condena a cuatro años de prisión. En ese contexto, el proyecto de Flatholmen -que implicaba demoler la antigua cabaña y levantar una estructura de 120 metros cuadrados con varias alturas, fachada de madera envejecida, tejados preparados para energía solar y una plataforma exterior destinada incluso a instalaciones artísticas- quedó congelado.
La hytte, que durante años sirvió como escenario de posados familiares improvisados y que los príncipes llegaron a alquilar a turistas, pasó a ser un símbolo de un sueño aplazado. Un "lujo playero", como lo definieron algunos medios noruegos, que no encajaba en un momento de escrutinio público y desgaste institucional.
Ahora, aunque tímidamente, llegan los primeros avances
Según informó el medio noruego TV2, el municipio de Risør ha autorizado a los príncipes a reconstruir uno de los muelles de la isla, destruido por la tormenta Amy el año pasado. Puede parecer un elemento menor frente a la magnitud del proyecto paralizado, pero es una actuación necesaria para mantener operativo el enclave donde proyectaron levantar su refugio de diseño y, además, un paso imprescindible para cualquier futura reactivación de las obras.
El permiso llega con matices. La solicitud para instalar una plataforma para disfrutar del mar, un elemento típico de las zonas costeras noruegas, fue retirada después de que el administrador estatal desaconsejara su aprobación. Sin embargo, el municipio sí ha dado luz verde a la construcción de un nuevo muelle de hasta seis metros cuadrados, justificando la decisión en circunstancias excepcionales: uno de los embarcaderos de la isla es utilizado por la policía, lo que permite autorizar un segundo punto de acceso sin sentar un precedente negativo. Los príncipes asumirán los costes de la obra y las tasas municipales, que son unos 500 euros. El municipio también ha confirmado que el muelle original, construido entre 1982 y 2004, nunca contó con permiso formal, por lo que esta autorización se tramita como obra nueva.
Un avance mínimo, pero significativo para alcanzar un entorno salvaje y las playas vírgenes
Este permiso no reactiva la construcción de la nueva hytte diseñada por el prestigioso estudio de arquitectura noruego, cuyo desarrollo sigue detenido y sin permisos vigentes. Pero sí confirma que Haakon y Mette‑Marit continúan trabajando en Flatholmen y que la propiedad no está abandonada. Es un gesto mínimo, pero relevante, en el largo camino hacia el que sigue siendo su gran sueño vacacional: levantar un refugio contemporáneo y sostenible en una isla remota, prácticamente salvaje y con playas vírgenes, del sur de Noruega.
En un contexto en el que la Casa Real insiste en que la construcción "no es una prioridad", este avance técnico permite mantener viva la posibilidad de que, cuando la situación institucional y personal de los herederos se estabilice, el proyecto pueda retomarse. Por ahora, Flatholmen se mueve… aunque solo un poco.









