El último año ha sido todo un desafío para los príncipes Haakon y Mette-Marit de Noruega y el temporal todavía no ha pasado. Las revelaciones sobre la amistad entre la princesa y Jeffrey Epstein, el empeoramiento de la enfermedad pulmonar y el juicio contra Marius Borg, cuya sentencia espera desde la prisión de Oslo, han marcado la vida familiar e institucional de un modo que todavía no está claro que puedan superar. No es de extrañar que, con este escenario y un contexto de máxima presión, los príncipes no hayan tenido tiempo para cumplir uno de sus sueños programados: la construcción de su hytte en una pequeña isla del sur de Noruega.
Lo tenían todo y les falló el momento. Los futuros reyes de Noruega compraron en el año 2008 una fabulosa cabaña tradicional noruega (hytte) en la isla de Flatholmen, en la zona exterior del archipiélago de Risør, situado en la costa sur de Noruega, un paraíso natural conocido por sus numerosas islas de playas vírgenes y pintorescas casas aisladas, ya que a la mayoría de ellas solo se accede por barco.
Entonces pagaron casi un millón de euros por una cabaña construida en la década de 1960, de 58 metros cuadrados, con un cobertizo para botes de 13 metros. Durante un tiempo, los príncipes y sus hijos disfrutaron la cabaña así, pero con el tiempo se pidió permiso para demolerla y construir una nueva que nada tenía que ver, ya que el diseño se encargó al estudio de arquitectura Snøhetta, uno de los más famosos del país, que presentó un proyecto que hacía realidad el sueño de los futuros reyes de Noruega.
La nueva cabaña con anexo iba a tener 120 metros cuadrados, según el informe del arquitecto Snøhetta al que ha tenido acceso el medio noruego Se og Hør, y era un refugio contemporáneo, sostenible y abierto al mar, con varias alturas, una fachada de madera envejecida, unos tejados dispuestos para aprovechar al máximo la energía solar y una plataforma exterior que se contemplaba como un posible lugar destinado a algún tipo de instalación artística.
Poner en marcha este sueño implicó la solicitud de varios permisos, tanto para demoler la propiedad original como para ampliar notablemente la superficie construida, además de algunas innovaciones en materia de construcción y paisajismo que eran una novedad en la zona. Finalmente, el proyecto de Haakon y Mette-Marit obtuvo el visto bueno de todas las autoridades competentes, que valoraron la calidad y distinción que aportaba que los futuros reyes escogieran ese lugar para construir un refugio que se presentaba como idílico y único, nada comparable con las otras propiedades o residencias reales que posee la monarquía noruega.
Ahora, el medio noruego Se og Hør advierte que el permiso otorgado el 31 de marzo de 2022 ha expirado. "El municipio confirmó que no existe certificado de finalización ni permiso de uso temporal, simplemente porque no se ha construido nada. Esto significa que todo el proyecto de desarrollo se encuentra paralizado", cuenta el citado medio. De forma paralela, el Palacio Real de Oslo confirma a Nettavisen que esos planes no son viables en la actualidad ni una prioridad para la casa.
El citado medio recuerda que esta cabaña, que incluso ha servido de escenario para improvisados posados familiares, ha sido alquilada por los príncipes a otros turistas y que ha sido el lugar donde han disfrutado de todas las actividades náuticas a las que son tan aficionados. Sin embargo, no es el único lugar, ya que en ocasiones los herederos y sus hijos han alquilado otras casas de vacaciones en distintos puntos de la costa noruega. Este parece que seguirá siendo el destino de la familia real noruega en las próximas vacaciones, ya que de momento este refugio de diseño -al que solo se iba a acceder en barco- se encuentra paralizado a la espera de que vengan tiempos mejores.
No se ha confirmado de forma oficial, pero es probable que la crisis de confianza y popularidad que atraviesan en este momento los príncipes Haakon y Mette-Marit haya sido un buen argumento para paralizar unos planes que podrían no considerarse oportunos dada la situación. Y así, el que debía ser su refugio más personal (un "lujo playero", según medios del país) queda reducido a otro sueño aplazado.









