Tras la muerte del rey Harald V el pasado 28 agosto, su funeral de Estado y el fallecimiento de la princesa Astrid solo dos días después, Noruega entra en un tiempo nuevo: un reinado que combina continuidad constitucional y una renovación generacional que se hace plenamente visible en la Cámara del Storting. Este 2 de octubre de 2026 queda ya como una fecha histórica para Noruega. Se ha celebrado la primera Apertura del Parlamento del reinado de Haakon VIII, un acto solemne que inaugura el año político y a la que por primera vez asiste la nueva princesa heredera, Ingrid de Noruega, protagonista absoluta de un debut que ha contado con la gran ausencia de la reina Mette-Marit, que se ha retirado por motivos de salud en el último momento.
La jornada, marcada por un comunicado del Palacio Real de Oslo que advertía que la reina Mette-Marit había sido eliminada de la agenda oficial por una "infección respiratoria", comenzó a las once de la mañana en el Palacio Real, donde el rey ha presidido una reunión de gabinete previa a la ceremonia. Es un procedimiento tradicional en Noruega: el Ejecutivo se reúne con el monarca para revisar el contenido del Discurso del Trono y los documentos que se presentarán ante el Parlamento. A la sesión ha asistido también la Princesa Heredera Ingrid Alexandra, que participa en calidad de futura jefa del Estado y que ha asumido nuevas funciones constitucionales desde la muerte de su abuelo, el rey Harald, y como su paso al frente en la línea sucesoria.
Esta reunión de gabinete es el trámite previo a la solemne ceremonia que se tiene lugar dos horas después, ya en el Storting, en un acto de la máxima relevancia institucional porque es uno de los pocos actos del año en el que coinciden todos los actores institucionales del país, así como los tres poderes del Estado: legislativo, ejecutivo y judicial. Los 169 diputados del Storting, el Gobierno en pleno, el Presidente del Tribunal Supremo y una delegación del Alto Tribunal han ocupado sus lugares en la Cámara, junto a funcionarios civiles y militares. Pero la atención se ha centrado en el rey Haakon VIII, que había asistido a esta ceremonia como regente heredero en el 2020, por motivos de salud del rey Harald, y, sobre todo, en la princesa heredera.
Con todos los presentes en pie, muchos de ellos con cobartas negras, y en un absoluto silencio, el rey ha llegado con la princesa heredera tras sus pasos: él ha estado muy serio y ella, vestida de negro, sin quitar la vista de su padre y muy triste. Tras el himno, y con ellos ya ocupando el espacio reservado para el trono, ha comenzado una acto de la máxima solemnidad y con un marcado recuerdo al rey Harald, un duelo real que implica la cancelación de todos los actos oficiales de la familia real, con excepción de las funciones más importantes estipuladas en la Constitución, como precisamente esta Apertura de Parlamento.
Una jornada histórica marcada por una gran ausencia
Tanto para Mette‑Marit, la gran ausente, como para Ingrid Alexandra, totalmente presente en esta nueva era, la ceremonia tenía un significado especial. Aunque ambas habían participado en actos parlamentarios en el pasado, nunca habían asistido a una Apertura del Parlamento, ya que el marco normativo expresa que es una ceremonia solo para el rey y su heredero, es más, hasta el reinado de Harald, la reina consorte no estaba contemplada aquí, pero fue él -un rey que ha pasado a la historia por apostar siempre por el amor- el que pidió que la reina Sonia estuviera a su lado en las Aperturas del Storting como la pieza clave que acompañó y sostuvo su reinado.
La foto de hoy (también con su ausencia) dan por tanto la imagen de la nueva arquitectura institucional que Noruega proyecta hacia el futuro: una monarquía de dos generaciones y que está superando los altibajos y las crisis de confianza del pasado, a raíz del juicio de Marius Borg y de la vinculación de la nueva reina con Jeffrey Esptein.
La Apertura del Storting está regulada por el Artículo 74 de la Constitución de 1814, que establece que el Rey debe inaugurar las sesiones con un discurso en el que informe sobre el estado del reino y sobre los asuntos que desea destacar ante el Parlamento. Ese texto, el Discurso del Trono, es elaborado por el Gobierno y entregado al monarca durante la ceremonia. Aunque la voz es la del Rey, el contenido es gubernamental, lo que convierte este momento en una expresión precisa del equilibrio entre tradición monárquica y democracia parlamentaria. En esta primera apertura del reinado, Haakon VIII ha pronunciado por primera vez el discurso que marca el inicio del año político, un gesto que consolida su papel como jefe del Estado.
La presencia de Ingrid Alexandra proyecta una imagen de continuidad, estabilidad y solidez de sus instituciones
A pesar del día de lluvia, muchos noruegos esperaban por fuera del Parlamento la llegada de la Familia Real ha seguido el protocolo histórico que se remonta a la elección del rey en Eidsvoll en 1814. Una delegación de siete diputados, designados durante la sesión constitutiva del Parlamento, ha recibido al rey y a la heredera en la entrada principal de Løvebakken. La procesión de altos funcionarios civiles y militares ha acompañado al monarca hasta la Cámara, donde el espacio se reorganiza por completo para esta ceremonia anual: el trono se sitúa en el lugar habitual de la Presidencia del Parlamento y la tribuna del orador, y una mesa para el Presidente y el Secretario del Storting se coloca frente a los escaños de los diputados.
Tras el Discurso del Trono, uno de los miembros del Gobierno, tradicionalmente el ministro más joven, ha leído el Discurso sobre el Estado del Reino, redactado también por el Ejecutivo y pronunciado en nynorsk, una de las dos formas oficiales del noruego. Este texto complementa el discurso del monarca y detalla la situación del país y los retos del próximo año político. La Constitución establece que no se pueden celebrar deliberaciones en presencia del Rey, por lo que la sesión no puede continuar hasta que la Familia Real abandona la Cámara. Solo entonces el Parlamento decide someter a debate ambos discursos.
La Apertura del Storting es, cada año, el punto de partida del curso político noruego y el acto institucional más destacado del soberano. Pero en esta ocasión, además, ha sido el primer acto institucional que define el estilo del nuevo reinado: sobrio, constitucional y acompañado por una heredera que empieza a ocupar el lugar que le corresponde en la estructura del Estado. La presencia de Ingrid Alexandra junto al Haakon VIII no solo marca un debut, sino que proyecta una imagen de continuidad y estabilidad en un país que valora profundamente la solidez de sus instituciones.














