La difunta madre del rey Carlos III hacía un importante cambio en su merienda cuando la tomaba a solas con sus perros, según ha revelado un antiguo chef de la Casa Real. Además de su marido, el príncipe Felipe, a quien describía como "su fuerza y su apoyo", la reina Isabel II encontraba un enorme consuelo en sus queridos corgis durante su reinado de 70 años. Y aunque la soberana era conocida por su austeridad a la hora de comer en privado —apostando por platos sencillos y procurando no desperdiciar alimentos—, con sus perros era mucho más indulgente.
La merienda de la Reina… y de sus corgis
Según Darren McGrady, antiguo chef de la Casa Real que cocinó para Isabel II y también para Diana de Gales durante quince años, la Reina compartía incluso su tradicional té de la tarde con sus inseparables compañeros caninos. Al abordar en Instagram el eterno debate sobre si los scones deben servirse al estilo de Cornualles o de Devon, McGrady explicó: "Vamos a aclararlo. Cuando la Reina ofrecía el té de la tarde en fiestas en los jardines o actos benéficos, los scones siempre se servían partidos por la mitad, con mermelada primero y la crema de Devon (clotted cream) por encima".
Sin embargo, cuando la Reina merendaba sola, la costumbre cambiaba por completo. "Cuando tomaba el té ella sola, nunca había crema de Devon, porque los scones eran para sus corgis". Y añadió: "Cuando merendaba con la familia —el príncipe Guillermo y los demás— sí se servían mermelada y crema. Entonces la Reina y su familia partían el scone, ponían un poco de mermelada y un poco de crema en el plato y añadían pequeñas cantidades a cada bocado".
La lujosa alimentación de Muick y Sandy
Isabel II tuvo más de treinta corgis a lo largo de su vida, pero sus dos últimos perros, Muick y Sandy, fueron un regalo de las hijas del príncipe Andrés y Sarah Ferguson: las princesas Beatriz y Eugenia. Las dos hermanas regalaron los perros a su abuela después de que el príncipe Felipe fuese hospitalizado a comienzos de 2021. Tras la muerte de la Reina, los animales permanecieron en la familia y este mismo año se trasladaron a Sandringham junto al príncipe Andrés. Vivieran donde vivieran, los corgis reales disfrutaban de una dieta fresca preparada por un chef, basada en carne de vacuno, pollo alimentado con maíz, cordero y conejo.
McGrady explicó a HELLO! que los menús se elegían y enviaban cada mes a la cocina por la señora Fennick, responsable de todos los perros de Sandringham. Según contó: "Recibíamos la carne de vacuno, la cocinábamos y la cortábamos en trozos muy pequeños. Hacíamos exactamente lo mismo con el pollo. Lo escalfábamos y lo picábamos muy fino para asegurarnos de que no quedara ningún hueso con el que pudieran atragantarse". Pero el menú variaba según las necesidades digestivas de cada perro. "Algunos días alguno de los perros estaba un poco estreñido, así que añadíamos col al menú. Otros días, en cambio, incorporábamos arroz para conseguir el efecto contrario".
Otros lujos de los corgis de la Reina
Además de disfrutar de una alimentación envidiable, los perros de Isabel II también tenían una rutina nocturna de auténtico privilegio. En sus memorias, Spare, el duque de Sussex reveló que los corgis acompañaban cada noche a la Reina en su ascensor privado hasta sus aposentos. "En el centro de aquella residencia se encontraba la gran escalera: imponente, espectacular y casi nunca utilizada. Siempre que la abuela subía a su dormitorio, situado en la segunda planta, con los corgis siguiéndola de cerca, prefería utilizar el ascensor. Y los corgis también lo preferían".
La historia refleja hasta qué punto Isabel II sentía un profundo cariño por sus corgis. Aunque en su propia alimentación era muy contenida y sencilla, no dudaba en reservar parte de su tradicional merienda para sus perros, que disfrutaban de cuidados muy especiales, una dieta elaborada específicamente para ellos y hasta el privilegio de acompañarla cada noche en el ascensor privado hacia sus habitaciones.







