Tras la detención del expríncipe Andrés, los Windsor han dejado claro que el show debe continuar (Show must go on) y han seguido con sus agendas como si nada hubiera pasado, un arte que dominan a la perfección. Entre tanto, Sarah Ferguson está en paradero desconocido. Hay que recordar que si bien no está implicada en la investigación que afecta a su exmarido, las filtraciones de los correos de Epstein han dejado al descubierto el estrecho vínculo que existía entre ellos, lo que la ha condenado también al ostracismo. Podría seguir en Emiratos Árabes Unidos, donde se refugió hace unas semanas en busca de tranquilidad. Un retiro de lujo en un momento cada vez más complicado.
La investigación que pesa sobre Andrés y por la que ha sido detenido deja claro que los tentáculos de la trama Epstein son múltiples y que los económicos eran, principalmente, los que engrasaban el macabro engranaje. Hace unos días, un medio británico se refería a Sarah Ferguson como Duchess of Debt o la duquesa de la deuda, mientras que aseguraban que había dicho a su entorno que necesita trabajo y dinero. La historia se repite, solo que cada vez suena más alto. Desde que se divorció del príncipe Andrés en 1996, de forma cíclica trascienden sus problemas económicos o sus dificultades para mantener un nivel de vida real estando fuera de la realeza. Hasta donde se sabe, los vínculos entre Sarah Ferguson y Jeffrey Epstein fueron, ante todo, de naturaleza económica: él asumió pagos de deudas suyas que ella agradeció en privado y lamentó en público. Sin embargo, este episodio es solo una larga lista de todas las veces que la ex duquesa de York, que actualmente se encuentra en paradero desconocido, ha visto sus finanzas aireadas públicamente.
Hay que remontarse al año 2011 para encontrar que en la entrevista con el Evening Standard, Sarah Ferguson admitió haber aceptado un pago de 15,000 libras (poco más de 17,000 euros) por parte de Epstein en 2010 para ayudar a pagar sus deudas. En ese momento, ella calificó su asociación con Epstein como un "error de juicio gigantesco" y prometió que su vinculación con él era solo esa y que esa relación se había terminado. "Abomino la pederastia y cualquier abuso sexual de niños", sin embargo, acto seguido, tal y como se ha sabido gracias a la publicación de los archivos, le escribió un correo electrónico disculpándose por ello. "Sé que te sientes terriblemente decepcionado conmigo. Y debo pedirte humildemente perdón a ti y a tu corazón por ello. Siempre has sido un amigo incondicional, generoso y extraordinario para mí y mi familia", escribió entonces la duquesa.
Este intercambio de correos -que provocaron lo que ella quería evitar, que se cancelaran sus contratos para escribir cuentos infantiles, de nuevo sus ingresos en el centro de la historia- fueron solo el principio de lo que vendría después, cientos de correos que muestran que su relación y sus intereses eran otros. Epstein tenía el dinero y ella conservaba algo de estatus como miembro de la realeza; si no ella, sus dos hijas, que también se han visto involucradas en esos archivos.
El historiador Andrew Lownie, que escribió The Rise And Fall Of The House Of York, considera que Sarah ha admitido aceptar 15 mil libras de Epstein, pero él estima que la cifra sería escandalosamente mayor. "Un amigo en común de Andrés y Epstein afirmó: 'Creo que Sarah en realidad recibió cientos de miles de dólares' de Epstein", escribió Lownie en el libro, algo que Ferguson niega. Lo que los correos sí que muestran es que ella recurría a él cuando tenía problemas para pagar el alquiler y que, entre otras cosas, él pagó billetes de avión para ella y para sus hijas, para que lo visitaran después de su liberación por prostitución de menores en el año 2009, y que también fueron utilizadas como "princesas" para deslumbrar ante determinados compromisos.
Lo que también muestran los correos electrónicos es que Jeffrey Epstein estaba implicado en los planes empresariales de Sarah Ferguson. Según Sky News, un asociado de Epstein detalló en un correo que el financiero tendría una participación del 51% en Mothers Army, la marca de empoderamiento femenino que Ferguson intentaba lanzar en 2009, lo que lo convertiría en propietario mayoritario si el proyecto avanzaba. El plan de negocio incluía ingresos procedentes de libros, programas infantiles y conferencias, y contemplaba un salario de 250.000 dólares para Ferguson y la sugerencia de que se instalara en Nueva York.
Tal y como cuenta el citado medio de noticias británico, no está claro si Ferguson alguna vez acordó darle a Epstein acciones en Mothers Army lo que sí está claro es que él siguió involucrado en los planes para lanzar la marca al menos hasta el 2010. Tal y como se puede comprobar en el registro mercantil británico, esa empresa la creó "Sarah Margareth Ferguson, duquesa de York" en el 2011 y estuvo activa hasta el 2016, y siempre teniendo su sede en el Royal Lodge de Windsor.
Sería lógico pensar que esa situación económica desesperada fue lo que le llevó a cometer el que hasta Epstein había sido su mayor error reputacional: el "cash-for-access". En mayo de 2010, Sarah Ferguson fue grabada cayendo en la trampa de uno de los reporteros de Rupert Murdoch que, haciéndose pasar por empresario, le entregaba un maletín con cuarenta mil libras en efectivo como un adelanto de las 500 mil libras que ella solicitaba para brindarle el acceso al príncipe Andrés, que entonces ocupaba un puesto importante en comercio e inversiones del Reino Unido. Una labor que ahora está bajo escrutinio, ya que los archivos sugieren que Andrés brindaba a Epstein información relativa a este cargo.
Tras repasar estos episodios, hay una pregunta evidente: ¿qué llevó a Sarah Ferguson a vivir en una urgencia económica permanente? Andrew Lownie, el biógrafo británico que ha estudiado a una pareja que define como "socios", asegura que "ella podía haber tenido un estilo de vida bastante bueno con el dinero que había obtenido tras el acuerdo de divorcio, pero ella quería un nivel superior y poder decir que se había ganado la vida por sí sola".
Lownie aseguró en una entrevista con Sky News que, tras el divorcio, que fue bastante escandaloso para la Casa Real británica por las imágenes que circularon de ella con su asesor financiero, la institución depositó "1,3 millones de libras en un fideicomiso para las hijas, le compraron una casa y pagaban buena parte de sus facturas y lo hicieron estando molestos porque ella jugaba la carta de que había sido maltratada por la monarquía".
El caso es que a Sarah Ferguson no le fue mal en la búsqueda de sus propios ingresos. Durante once años promocionó una empresa de pérdida de peso, también prestó su imagen a marcas de porcelana, empresas de cosmética, escribió libros, produjo cine y televisión. "Era una influencer antes de que eso existiera; le pagaban por aparecer, por dar discursos, por hacer entrevistas, por promocionar todo tipo de productos... Había dinero entrando; el problema es que ella gastaba más", asegura el biógrafo, que define un nivel de vida extravagante que no reparaba en gastos a la hora de acumular personal de servicio, viajar, comprar, entretenerse o irse de vacaciones.
Sarah Ferguson es una de las que ha comprobado que salir de la familia real británica es más difícil que entrar y sostenerse sin el paraguas de la monarquía británica, todavía más. Aunque en cierto modo pendió de ella hasta el último momento, no hay que olvidar que ha vivido durante casi dos décadas en terrenos reales sin pagar alquiler y con los privilegios que conlleva convivir con un Windsor, ya que al príncipe Andrés le podrán quitar los honores, pero no sus derechos como hijo de Isabel II y el príncipe Felipe, a los que se les presupone una buena fortuna privada y un testamento blindado.
A sus 66 años y en el peor momento reputacional de su vida, Sarah Ferguson ha dicho a sus contactos que necesita trabajo y dinero, según ha publicado el Daily Mail. Una nueva situación desesperada en un escenario que se complica cada día más, ya que su estatus y sus posibilidades de negocio siempre estuvieron muy vinculados a lo cerca o lejos que estuviera de la Familia Real británica, y ahora los Windsor, con sus propios problemas vinculados al caso Epstein, y con Andrés arrestado, no parece que vayan a rescatarla. No obstante, nunca hay que subestimar a Sarah Ferguson, toda una superviviente con una gran capacidad para desaparecer, reinventarse y volver convertida en una versión distinta de sí misma que con el tiempo se parece a la primera.


















