A diferencia de las princesas Beatriz y Eugenia de York, Sarah Ferguson no es un daño colateral de la vinculación de Andrés Mountbatten-Windsor con Jeffrey Epstein. Ella está directamente relacionada con el magnate condenado por tráfico sexual de menores y que murió en la cárcel en el año 2019. Tanto la última desclasificación de archivos por parte del Departamento de Justicia de los Estados Unidos, como la que tuvo lugar a finales del 2025, muestran una relación directa entre la que fuera la duquesa de York y Epstein, a través de unas conversaciones que arrojan una versión muy distinta y más comprometedora de la que ella había sostenido. Ahora, a sus 66 años, le toca volver a empezar y, según el británico Daily Mail, ha confesado a sus amigos que buscar trabajo y dinero es una prioridad.
El citado medio asegura que Sarah Ferguson ha pasado unos días en los Alpes franceses y se ha desplazado a los Emiratos Árabes en busca de tranquilidad y como una forma de poner distancia con el Reino Unido "en lo que pone sus pensamientos en orden". La revelación de su correspondencia vía email con Jeffrey Epstein provocó que uno a uno se fueran cayendo sus contratos literarios, así como sus patrocinios y las organizaciones que contaban con ella. Justo al tiempo que Carlos III forzaba el desalojo del Royal Lodge, la propiedad del Crown Estate que compartía con Andrés desde hace dos décadas a pesar de estar divorciados.
"Necesito volver a trabajar, necesito dinero", es lo que, según este medio, le habría trasladado a sus amigos más cercanos. Una frase que recuerda a alguno de los emails que envió a Epstein en los que le pedía dinero con urgencia, ya que tenía que pagar el alquiler o, de lo contrario, su casero amenazaba con ir a la prensa. Una historia que se repite desde que salió de la Casa Real británica. Tras su divorcio del hijo de Isabel II en 1996, sus problemas económicos han sido cíclicos y públicos, llegando incluso a provocar un sonado escándalo en el año 2010 cuando fue grabada aceptando dinero a cambio de presentarle al entonces príncipe Andrés, que tenía un importante puesto en comercio exterior, un trabajo oficial que ahora mismo, a raíz de los archivos desclasificados, también está siendo analizado y compromete a toda la institución.
"Cuando regrese, voy a tener que poner cierta distancia entre Andrés y yo", habría dicho Sarah Ferguson en los últimos días como una de las revelaciones de lo que va a ser su vida a partir de ahora y de lo que se deduce que mudarse con él a la finca que Carlos III le ha brindado a su hermano en Sandringham no es una opción. De este modo, esa disolución de la que se autoproclamó "la pareja de divorciados más feliz" sería ya una realidad, mientras el cerco se continúa estrechando sobre Andrés, generando presión política, social y mediática sobre toda la familia Windsor.
El rey Carlos III ha tenido que mover ficha al respecto y ha dejado claro, a través de un portavoz del Palacio de Buckingham, "su profunda preocupación por las acusaciones que siguen saliendo a la luz con respecto a la conducta del Sr. Mountbatten-Windsor. Si bien el Sr. Mountbatten-Windsor debe abordar las reclamaciones específicas en cuestión, si la Policía de Thames Valley se comunica con nosotros, estamos listos para apoyarlos, como es de esperar. Como se dijo anteriormente, los pensamientos y condolencias de Sus Majestades han estado y siguen estando con las víctimas de toda forma de abuso".
Aunque el comunicado de Carlos III nombra a los abusos y a las víctimas, la decisión se precipitó después de publicarse que su hermano compartió con Jeffrey Epstein información confidencial de su trabajo como enviado de comercio del Reino Unido. Al salir a la luz nuevos archivos del financiero, se han conocido tres correos electrónicos que podrían ser clave. El primero de ellos data de septiembre de 2010, cuando le invita a una cena privada en Buckingham. En noviembre, el entonces duque de York le habría facilitado detalles de sus viajes oficiales a Singapur, Vietnam, Shenzhen y Hong Kong, además de informes de esas visitas elaborados por su asistente. También hay uno en la Nochebuena de ese mismo año, cuando compartió con él información confidencial sobre inversiones en Afganistán, que estarían supervisadas por las fuerzas británicas y financiadas por el Gobierno de Londres.










