Leonor y Amalia, dos futuras reinas y dos formas opuestas de llevar la Corona: de la discreción española al brillo de los diamantes


Dos visiones contrapuestas donde el joyero real deja de ser un simple adorno para convertirse en una meditada herramienta geopolítica y comunicativa.


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10 de septiembre de 2026 a las 21:34 CEST

Los diamantes se han consolidado a lo largo de la historia como el símbolo más destacado de la sociedad que defendía la elegancia a través de la opulencia, defendidos por unas y olvidados por otras. Eran las dinastías reinantes de Europa las que poseían estas piedras preciosas, perdurando hasta la actualidad debido al cuidado, la delicadeza y el mimo de quien sabe que tiene entre sus manos un histórico tesoro. Sin embargo, la llegada de la generación Z al primer plano de las monarquías ha provocado una fractura de diamantes que destaca entre las damas de la realeza, donde la joyería tradicional, lejos de ensalzarse, ha cedido espacio a un signo de sobriedad en el que la bisutería, las perlas y las joyas menos sofisticadas han inundado los joyeros de las nuevas herederas. Es el caso de la princesa Leonor, donde se democratizan las piezas con marcas locales y detalles discretos, frente a la opulencia dinástica sin pedir disculpas de la princesa Amalia, que luce en las solemnes ocasiones las grandes piezas del joyero de los Orange-Nassau. 

La princesa Leonor con maxibolso llegando a la universidad© GTRES
La princesa Leonor, una fiel defensora de las piezas 'Made in Spain'

La austeridad de la princesa Leonor 

La proyección institucional podría haberse enfocado al ensalzamiento de la belleza, de lo complejo de lucir imponentes alhajas o, incluso, la divinidad de quien pasea una tiara por los entornos palaciegos. Sin embargo, los pasos han sido distintos, marcándose una hoja de ruta de una heredera al trono que pretende dedicar su tiempo de forma íntegra a lo institucional, a lo educativo y al forjamiento de quien sabe que se convertirá en la primera reina mujer de España en casi dos siglos. Fiel al estilo de su madre, la reina Letizia, la princesa Leonor ha optado por un perfil marcadamente bajo y ultra-accesible, con un joyero que deja atrás las piezas históricas, prefiriendo actuar como escaparate para la marca España y el diseño contemporáneo. 

Los pendientes de bisutería de la princesa Leonor© Getty Images
Los pendientes de bisutería de la princesa Leonor

Y es que es más que habitual ver a la princesa Leonor lucir pendientes de bisutería, como los de Carolina Herrera, bañados en rodio y cristales que llevó en los Premios Princesa de Girona, o aquellos de firmas contemporáneas como Gold & Rose. Un hecho que evidencia que la princesa Leonor ha optado por renegar de las opulentas joyas, demostrando así que su propósito no se encuentra en establecerse dentro de un estatus dinástico, sino en encontrar una fórmula que permita acercarse al público más juvenil, una cercanía de lo más especial. Una espectacularidad que ha quedado relegada estrictamente a lo institucional, prefiriendo en su vida civil la sobriedad absoluta. 

La princesa Leonor junto a uno de sus collares preferidos, estrenado en 2024© Getty Images
La princesa Leonor junto a uno de sus collares preferidos, estrenado en 2024

El maximalismo de Amalia de Holanda

No obstante, con el simple hecho de cruzar la frontera hasta Holanda se implica cambiar completamente de código. Todo ello debido a que la princesa Amalia encarna todo lo contrario, realizando prácticamente una oda a la suntuosidad de la dinastía Orange-Nassau, pues la princesa Amalia ha optado por combinar su papel institucional entrelazando las fuerzas armadas, los estudios universitarios y las grandes reliquias. Y es que la heredera neerlandesa ha mostrado desde muy joven la fascinación que siente por cada uno de los diamantes más imponentes de su madre, la reina Máxima, haciendo uso de las imponentes diademas como la del pavo real, los zafiros azules e, incluso, la bandeau de diamantes. Amalia no ha desaprovechado cada ocasión, pues siempre ha optado por lucir los imponentes zafiros de la corte y cascadas de diamantes, haciendo prácticamente un homenaje al fasto clásico de las monarquías centroeuropeas. 

La princesa Amalia lució, en 2025, la tiara Mellerio de rubíes© Getty Images
La princesa Amalia lució, en 2025, la tiara Mellerio de rubíes

Un contraste que, lejos de responder a una rivalidad, refleja cómo las joyas se han convertido en el espejo de dos realidades geopolíticas distintas. Mientras la princesa Leonor apuesta por la transparencia, la sobriedad y la cercanía juvenil, Amalia de los Países Bajos realiza en cada ocasión un auténtico despliegue de diamantes que subraya la herencia dinástica de su país. Un relevo generacional que, en parte, viene del gusto de sus madres, convirtiendo el joyero real en un cofre donde cada pieza alberga un significado profundo.