El periodo estival ha comenzado para gran parte de las casas reales europeas. Sin embargo, hay un enclave que consigue llamar especialmente la atención, no por las dimensiones de sus rincones palaciegos ni por las anécdotas que guardan sus terrenos, sino por haberse convertido en escenario de las últimas vivencias de la reina Mary de Dinamarca. La esposa del soberano ha querido mostrar a través de sus redes sociales cómo es su día a día cuando los compromisos institucionales comienzan a ralentizarse para dar paso a un descanso apenas visible durante el resto del año.
El rincón donde Mary desconecta del protocolo
Durante su estancia, los Reyes se alojan en el palacio, que permanece cerrado al público para preservar la intimidad de la Familia Real. Sin embargo, sus jardines palaciegos, considerados auténticas joyas de la jardinería danesa, abren sus puertas en días señalados y permiten recorrer senderos rodeados de setos perfectamente cuidados, rosaledas y esculturas florales. Un escenario casi idílico que se completa con el reflejo de las torres del palacio y su capilla sobre las tranquilas aguas del lago Slotssø, que rodea la finca y convierte este enclave en uno de los rincones más especiales de los veranos de la Familia Real danesa.
Entre jardines, senderos rodeados de setos perfectamente cuidados, rosaledas y esculturas florales, la Reina disfruta ahora de unas jornadas de verano con las que recuperar fuerzas después de una intensa temporada marcada por grandes actos y compromisos oficiales. Aunque estamos acostumbrados a contemplar la fachada en la que cada año tiene lugar el emblemático posado de verano, ahora ha sido la reina Mary quien, a través de las redes sociales de la Casa Real danesa, ha querido descubrir algunos de los rincones menos conocidos de este icónico palacio.
Un enclave cuya historia ligada a la dinastía se remonta a principios del siglo XX y que también permite conocer cómo son esos momentos en los que la Familia Real desconecta de la vida más institucional de la capital. Imágenes junto a sus mascotas, paseos entre los rosales de palacio, recorridos a caballo frente al agua o incluso instantes compartidos con algunos de los cisnes que habitan este pequeño enclave danés. Escenas del día a día que transmiten una imagen relajada y reconfortante, muy alejada del ritmo que marca durante el resto del año el Palacio de Amalienborg, situado en pleno corazón de Copenhague.
La cara menos conocida de sus vacaciones
De esta forma, la Reina ha desvelado cómo son algunos de esos instantes en los que los miembros de la realeza desconectan del estricto protocolo de la Corte. Situado en la costa este de Jutlandia, el palacio se ha convertido en el gran refugio estival de la Familia Real, un enclave que cuenta, además, con un histórico y espectacular huerto ecológico ubicado junto al castillo y que durante décadas abasteció a las cocinas reales de frutas y verduras frescas.
Ahora, sin embargo, es también el escenario de unos días de descanso protagonizados por Federico y Mary, a quienes en las últimas horas se ha sumado la reina Margarita. La anterior soberana no ha dudado en trasladarse hasta este especial rincón de Dinamarca para disfrutar de unos días de vacaciones en familia y continuar así una tradición estival que ha acompañado a la dinastía durante generaciones.
Unas vacaciones familiares en las que también cobran especial protagonismo los cuatro hijos de Federico y Mary: el príncipe Christian, la princesa Isabella y los príncipes Vincent y Josephine. Todo ello en un verano especialmente significativo y marcado por la transición, en el que los próximos meses parecen llamados a consolidar el creciente protagonismo de la nueva generación de la monarquía danesa. Tras el verano, el príncipe Christian continuará con su formación militar después de haber sido nombrado subteniente, por lo que su estancia en palacio supone uno de esos necesarios momentos de descanso antes de retomar sus responsabilidades.
Algo similar sucede con Isabella de Dinamarca, de quien se espera que en agosto comience una nueva etapa con su incorporación al Ejército. Por eso, entre paseos, jardines y jornadas alejadas del protocolo, este verano en Gråsten adquiere, sin duda, un significado diferente. Es el descanso de una familia, pero también la imagen de una generación que comienza a emprender nuevos caminos y a asumir, poco a poco, las responsabilidades que marcarán su futuro dentro de la monarquía danesa.











