Mucho se ha hablado sobre la situación de Daniel Sancho en la cárcel de máxima seguridad de Surat Thani, en Tailandia, y ahora por fin se conoce cómo es la vida del hijo de Rodolfo Sancho y Silvia Bronchalo entre rejas. Según ha contado él mismo en la conversación con su madre publicada por Okdiario, sus días en prisión son cada vez más complicados. Daniel está desesperado, angustiado y su único objetivo es salir como sea de esas cuatro paredes. De hecho, cuando su madre le pregunta cómo se encuentra, se derrumba y confiesa, con la voz rota, la realidad que vive desde que se levanta hasta que se acuesta. “Para que duerma tranquilo, no sabes lo que ha sido esta semana”, dice. "¿Qué ha pasado, Dani? ¿Qué ha sido?", pregunta su madre, con desasosiego. "Pues que ya he bajado y prefiero estar en aislamiento que estar ahí abajo con todo el mundo", cuenta.
Daniel hizo estas declaraciones hace justo un año, el 4 de octubre de 2025, cuando llevaba poco más de un año en la cárcel de Surat Thani, situada a unos 600 kilómetros del sur de Bangkok y con capacidad para más de 5.000 reclusos con penas de entre los 15 años y la pena de muerte. Antes había estado cumpliendo condena en Ko Samui, una prisión mucho más amable, por el crimen de Edwin Arrieta.
La confesión de Daniel a su madre contrasta radicalmente con las declaraciones que hizo seis meses después de ingresar en la prisión de Surat Thani. Entonces se mostraba mucho más positivo. Describía el ambiente como "seguro" y "sano", señalando que la ausencia de drogas, tabaco y violencia habían contribuido a su estabilidad dentro de la cárcel. En aquel momento, Sancho compartía celda con 16 presos y dormía en el suelo sobre mantas. El entorno decía que era "opresivo", especialmente por el ruido constante de la prisión, pero que disponía de agua corriente y electricidad. Además, contaba que practicaba ejercicio, leía y mantenía el contacto a través de videoconferencias con sus abogados, sus padres, un amigo y un psicólogo amigo.
"Nunca me he sentido amenazado. No hay una mafia en la cárcel. Hay muchos guardias y los presos saben que el buen comportamiento es lo que les va ayudar a reducir las penas", declaraba a EFE.
La rutina de Daniel Sancho en prisión
Al igual que todos los presos, Daniel lleva el pelo corto y viste un uniforme azul. Su día comienza a las 6:50 horas, cuando los reclusos tienen que salir de sus celdas, y a las 8:00 horas se realiza un conteo en el patio en el que se canta el himno nacional y el del rey, se hace un rezo budista y se enumera una lista de 20 normas del centro. No hay más actividades establecidas hasta el rezo de las 16:00 horas. Después, los presos son contados de nuevo y vuelven a sus celdas a dormir.
En la cárcel les sirven tres comidas diarias, aunque pueden pagar por otros platos que se cocinan en el módulo de mujeres y que Sancho califica de "excelentes". Además, según contó Daniel, "cuando eres extranjero formas parte de otro sistema y hay otro trato". Al no conocer el idioma, Sancho aseguraba que no podía "hablar con casi nadie ni ver la televisión". Por este motivo, según explicaba, los responsables del centro le permitían realizar videollamadas con mayor frecuencia o alargar las visitas presenciales. Sin embargo, según contó recientemente Carmen Balfagón, portavoz de Rodolfo Sancho, el contacto con Daniel es en estos momentos "bastante más limitado que al principio". "A nosotros se nos ha limitado mucho la posibilidad de llamarle", afirmó. "Yo sé que habla con su padre todas las semanas; con su madre, no lo sé", matizó.








