Alicia González, psicóloga, sobre la culpa que sienten las personas con obesidad: "Hemos convertido una realidad biológica, genética y emocional en un fallo de carácter"


La psicóloga explica cómo el estigma y la presión por adelgazar pueden dañar la autoestima y dificultar que las personas con obesidad pidan ayuda y se cuiden


Mujer pensativa y triste© Getty Images
1 de octubre de 2026 a las 20:01 CEST

La obesidad es una enfermedad compleja en la que intervienen factores biológicos, genéticos, ambientales, sociales y emocionales. Sin embargo, todavía sigue muy presente la idea de que adelgazar depende, sobre todo, de la voluntad: comer menos, moverse más y "esforzarse". Una simplificación que no solo dificulta comprender qué hay detrás del exceso de peso, sino que puede acabar convirtiéndose en culpa para quienes viven con obesidad.

Así lo refleja la Encuesta de Percepción Social y Médica de la Obesidad en España "Razones de Peso", promovida por Lilly con el apoyo de IPSOS y realizada a 200 médicos de Atención Primaria y 1.700 personas con un IMC igual o superior a 30. Aunque el 60% de los participantes reconoce que la obesidad es una enfermedad y el 76% considera que el exceso de peso afecta a su salud, solo el 56% identifica que vive con obesidad. Una distancia entre lo que sabemos y cómo percibimos nuestro propio peso que invita a mirar más allá de la báscula.

Mujer pensativa y triste© Getty Images

Pero hay otra cuestión menos visible: qué ocurre psicológicamente cuando una persona lleva años escuchando que su peso depende de ella, que debería tener más fuerza de voluntad o que, "si quisiera, podría adelgazar". La culpa, la vergüenza y la sensación repetida de fracaso pueden dañar la autoestima e incluso hacer que algunas personas eviten pedir ayuda.

En el marco de la presentación de "Razones de Peso", hemos hablado con la psicóloga Alicia González para entender cómo se construye esa culpa, por qué puede terminar dificultando el cambio y de qué manera es posible aprender a cuidar el cuerpo desde un lugar menos ligado al castigo, la exigencia y el juicio.

¿Por qué las personas con obesidad tienden a sentirse culpables de su peso, incluso cuando sabemos que es una enfermedad compleja?

Porque llevamos décadas recibiendo un mensaje muy claro: si tienes exceso de peso, es tu responsabilidad. Que no te esfuerzas suficiente, que no tienes disciplina, que podrías si quisieras. Y cuando un mensaje se repite tanto, desde el entorno, desde los medios, a veces incluso desde la consulta médica, acaba instalándose y transformándose en un estigma internalizado. Y lo que hace es convertir una realidad biológica, genética, emocional y contextual en un fallo de carácter. El problema real es el relato que hemos construido colectivamente sobre el cuerpo de esa persona.

Mujer triste y pensativa mirando por la ventana© Getty Images

¿Qué impacto psicológico puede tener escuchar constantemente "si quisieras, podrías adelgazar"?

Un impacto enorme y muy poco reconocido… Cuando alguien lleva años intentándolo con muchísimo esfuerzo y el resultado no es el esperado, y encima el mensaje que recibe es que es porque no quiere lo suficiente, lo que ocurre por dentro es devastador. Se instala una narrativa de fracaso personal que no tiene nada que ver con la realidad. Y lo más paradójico es que esa culpa no activa el cambio, sino que lo paraliza. La vergüenza y la culpa generan evitación, es decir, cuanta más presión, menos vamos a hacer.

Médico atendiendo a una paciente © Getty Images

¿Cómo afecta a la autoestima intentar adelgazar una y otra vez y sentir que se ha "fracasado" cada vez que se recupera el peso?

Cada ciclo de intento y recuperación va dejando una huella porque, además, suele empezar incluso en la infancia "hija, o comas tanto que ya te está saliendo barriguita"; "hoy fruta de merienda porque con tanto chocolate te vas a poner gorda". La huella no solo física, si no psicológica. La persona aprende, sin que nadie se lo diga explícitamente, que su cuerpo es un problema que no consigue resolver y con el que tiene que estar luchando. Y eso erosiona la autoestima de una forma muy profunda porque no es un fracaso puntual, es un patrón que se repite. Lo que la investigación muestra es que la vergüenza corporal media directamente entre el peso y la autoestima. Es decir, a más vergüenza acumulada, menor valoración personal. Y ojo, ese daño emocional puede persistir independientemente de lo que ocurra con el peso.

Mujer controlando los alimentos que come© Getty Images

¿Puede llegar un momento en el que la culpa y la vergüenza hagan que una persona se aísle o retrase la búsqueda de ayuda profesional?

Sí, y ocurre mucho más de lo que pensamos. Cuando una persona anticipa que va a ser juzgada, que su cuerpo va a ser señalado, que va a salir de una consulta sintiéndose peor de lo que entró, deja de ir. Lógico, no vamos a ir a un lugar en el que preveeos que vamos a estar mal. Y no por desidia, sino por autoprotección. Esa evitación del sistema sanitario está documentada y tiene consecuencias reales de salud porque se retrasan diagnósticos, se abandonan tratamientos y, sobre todo, se silencia el sufrimiento. El aislamiento social funciona igual, si cada entorno se convierte en un espacio donde el cuerpo está expuesto al juicio, la persona se retira… y eso tiene un coste emocional y físico brutal.

Mujer vestida de amarillo preparando un melón© Getty Images

¿Cómo podemos cambiar la relación con nuestro cuerpo para que cuidarnos deje de estar asociado al castigo o la restricción?

Empieza por separar el cuidado del control, el sacrificio y la presión por el querer honrar. Cuidarse no es castigar al cuerpo hasta que cambie, si no preguntarle qué necesita. Y eso requiere un trabajo que no es fácil porque muchas personas han aprendido a relacionarse con su cuerpo desde la exigencia, desde el juicio, desde el "todavía no es suficiente". Lo que la investigación sobre autocompasión nos dice, y esto es importante, es que tratarse con la misma amabilidad que le darías a una amiga que está pasando por lo mismo es lo único que produce cambios sostenidos a largo plazo. La culpa agota, paraliza y va destruyendo la esperanza y las posibilidades de tener un cuerpo saludable. La comprensión, en cambio, sostiene la motivación incluso cuando parece que demos pasitos atrás.

Isabel González, psicóloga, durante la presentación de la Encuesta de Percepción Social y Médica de la Obesidad en España “Razones de Peso”© Víctor Lafuente
Isabel González, psicóloga, durante la presentación de la Encuesta de Percepción Social y Médica de la Obesidad en España “Razones de Peso”

¿Cómo se enfoca desde la psicología la pérdida de peso?

Desde la psicología no enfocamos la pérdida de peso. Enfocamos la relación con el cuerpo, la regulación emocional y el bienestar. Trabajamos el ciclo de culpa y vergüenza que paraliza a las personas, la motivación que viene de dentro y no del castigo, del miedo… y la capacidad de sostenerse cuando algo no sale como se esperaba. El peso puede ser una consecuencia de ese trabajo, pero no es el objetivo. Porque cuando el objetivo es el peso, todo lo que no sea ese número se vive como un fracaso. Y ya hemos visto lo que hace la culpa. Lo que sí podemos hacer desde la psicología es acompañar a que una persona se cuide desde un lugar más amable, más sostenible y más real.