Isabelle Junot: "Es válido no sentirte cómoda en tu piel, pero no es el fin del mundo, sino el inicio para mejorar tu relación contigo y con la comida"


Una nutricionista analiza la frase de la experta en alimentación intuitiva y los motivos por los que merece la pena reflexionar sobre su significado


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Paula MartínsColaboradora de Estar Bien
11 de septiembre de 2026 a las 13:30 CEST

Hay días en los que el espejo parece tener algo personal contra nosotras. El vaquero no sienta como esperábamos, esa camiseta marca justo donde no queríamos o, simplemente, nos miramos y pensamos que hoy no nos gusta demasiado lo que vemos. Y, cuando esto sucede, muchas veces aparecen determinados pensamientos negativos. Entre ellos uno se repite mucho: "Tendría que cambiar algo".

Precisamente sobre esa relación con nuestro cuerpo -a veces amable, a veces mucho más complicada- reflexionaba la socialité y coach nutricional Isabelle Junnot en su perfil profesional @isa.healthy.life. Lo hacía con una frase que abre una conversación digna de reflexión: "Es válido no sentirte cómoda en tu piel, pero no es el fin del mundo, es el inicio del camino hacia mejorar tu relación contigo y con la comida", escribía. Un consejo con el que afirma que el problema no está tanto en mirarnos un día al espejo y no sentirnos bien con lo que vemos, sino en todo lo que hacemos después de ese pensamiento. 

isabelle junot pasta© @isabellejunot

Por qué intentamos cambiar nuestro cuerpo

Para entender qué hay detrás de esa reacción tan automática, Mónica Salazar (@moniis.nutri), nutricionista especializada en Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), aporta su visión.  Su primera reflexión pone el foco precisamente en algo que tenemos tan interiorizado que muchas veces ni siquiera cuestionamos: "Estamos tan acostumbradas a intentar solucionar aquello que no nos gusta de nuestro cuerpo que, muchas veces, ni siquiera nos planteamos otra opción. Si nos sentimos incómodas, asumimos que el problema está en nuestro cuerpo y que, por tanto, la solución pasa por modificarlo".

La consecuencia es un bucle que conocemos bien. "Quizá por eso, cada vez que aparece la incomodidad, volvemos al mismo lugar. Empezamos una dieta, intentamos perder peso, hacer más ejercicio o buscar la manera de recuperar un cuerpo que sentimos que hemos perdido, como si sentirnos bien con nosotras mismas dependiera inevitablemente de conseguir que nuestro cuerpo sea diferente”, apunta Mónica Salazar. 

Y lo complicado es que esta búsqueda puede alargarse mucho más de lo que imaginamos. "Así, sin darnos cuenta, podemos pasar años persiguiendo una versión distinta de nosotras mismas con la esperanza de que, cuando por fin la alcancemos, llegará también la tranquilidad", señala.

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Cómo es tu cuerpo vs. cómo lo percibes: la eterna batalla

Aquí aparece una pregunta incómoda, pero bastante necesaria: ¿qué pasa cuando conseguimos ese cambio que llevábamos tanto tiempo persiguiendo y seguimos sin sentirnos bien? La nutricionista responde: "La relación que tenemos con nuestro cuerpo no depende únicamente de cómo es, sino también de cómo lo percibimos, de lo que pensamos sobre él y de cómo nos sentimos dentro de él".  Y basta con pensar en esos días en los que nuestro cuerpo parece diferente dependiendo de cómo nos encontremos. “Por eso hay días en los que podemos mirarnos al espejo y sentirnos bien y otros en los que, viendo exactamente el mismo cuerpo, solo somos capaces de fijarnos en aquello que no nos gusta”.

Un mismo cuerpo, dos percepciones completamente distintas. Ahí está uno de los puntos clave de esta conversación. "Nuestra percepción cambia, puede verse influida por nuestro estado de ánimo, una comparación, un comentario, la ropa que llevamos o simplemente por el momento vital que estamos atravesando. A veces sentimos que nuestro cuerpo ha cambiado cuando, en realidad, lo que ha cambiado es la forma en la que lo estamos mirando”, señala Mónica Salazar. 

Una idea que conecta directamente con la reflexión de Isabelle Junnot, como reafirma la experta: "Entender puede ser importante, pues sentirnos incómodas con nuestro cuerpo no siempre significa que haya algo que tengamos que cambiar. Quizá aquí convenga hacer una pausa”, propone la nutricionista.

isabelle junot helado© @isabellejunot

Sentirse incómoda con el propio cuerpo tampoco es algo extraordinario. Así lo detalla la nutricionista: "Al contrario, es algo profundamente humano. Lo que puede resultar agotador es vivir creyendo que esa incomodidad tiene que desaparecer por completo para poder seguir adelante con nuestra vida". 

El problema, en este caso, aparece cuando empezamos a poner nuestra vida en pausa. El bikini que compraremos cuando perdamos peso. Las fotos que nos haremos cuando nos veamos mejor. El plan al que iremos cuando recuperemos nuestro cuerpo de antes. Estas promesa, dice la experta, "siempre están situadas en el futuro y parecen depender de una transformación física que, supuestamente, cambiará también nuestra forma de sentirnos. Sin embargo, la experiencia nos demuestra que no siempre funciona así”.

Isabelle Junot en sus vacaciones de este verano 2026© isabellejunot
Isabelle Junot en sus vacaciones de este verano 2026

El problema no suele estar en nuestro cuerpo

Podemos cambiar de talla, modificar nuestros hábitos o acercarnos a ese ideal que durante años hemos considerado deseable y, aun así, continuar encontrando defectos.  De hecho, si nos fijamos en nuestro entorno podemos verlo claro. Personas con diferentes físicos arrastran sus propios complejos, incluso aunque hayan tratado de hacer todo para cambiarlos, como expone la especialista.

"El cuerpo puede cambiar y la inseguridad permanecer. Podemos alcanzar una talla que durante años consideramos deseable y seguir encontrando algo que no nos gusta. Podemos acercarnos al ideal que perseguíamos y descubrir que la paz que esperábamos tampoco estaba allí”, reconoce. Quizá por eso la pregunta importante no sea conseguir que nuestro cuerpo nos guste todos los días, sino descubrir cuánto condiciona nuestra vida el hecho de que no nos guste. 

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De la inseguridad al TCA

No es lo mismo tener un día malo frente al espejo que vivir pendiente constantemente de nuestra apariencia. La diferencia puede parecer pequeña, pero para Mónica Salazar es importante: "Hay una diferencia entre pensar ‘hoy no me gusta demasiado cómo me veo’ y pasar gran parte del día pendiente de cómo te queda la ropa, evitar determinados planes por no sentirte cómoda o sentir que tu estado de ánimo depende de lo que marca una báscula o de lo que ves en el espejo”.

Algo parecido sucede con la alimentación. Cuidarse no debería convertirse en estar permanentemente haciendo cuentas: "También hay una diferencia entre querer cuidarte y vivir constantemente intentando compensar lo que has comido, restringiendo alimentos por miedo a ganar peso o sintiendo culpa cada vez que te sales de las normas que te has impuesto”, advierte la experta.

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Esas situaciones pueden ser la parte más difícil de detectar, e incluso el principio de los TCAs. Cuando la preocupación empieza a ocupar tanto espacio que dejamos de ver todo aquello a lo que estamos renunciando. "A veces, la relación con nuestro cuerpo y con la comida empieza a ocupar tanto espacio que dejamos de darnos cuenta de todo lo que nos está quitando. Dejamos de ponernos determinada ropa, evitamos hacernos fotos, rechazamos planes que antes disfrutábamos, posponemos experiencias esperando sentirnos diferentes", matiza Mónica Salazar

La frase de Isabelle Junot, como experta, coincide con la opinión de Mónica Salazar. No se trata de obligarnos a amar nuestro cuerpo todos los días, pero tampoco de convencernos de que todo nos gusta cuando no es así. La idea parece clara: debemos entender que un día en el que no nos sentimos cómodas con nuestra piel no tiene por qué convertirse en otro día de nuestra vida puesto en pausa.