Paola de Bélgica cumple este 11 de septiembre 89 años: la prensa belga no le dedica grandes monográficos y los canales oficiales, de momento, tampoco han marcado el día con una imagen inédita o un gesto público, como sí suelen hacer cuando la fecha es redonda. Hace tiempo que la que fuera reina consorte durante dos décadas dio un paso atrás; sufrió un derrame cerebral en el 2018, del que se recuperó, y hoy lleva una vida tranquila entre Bélgica y el sur de Francia y ha encontrado, junto a su marido Alberto II, la tranquilidad, felicidad, compañía y complicidad que en otro tiempo no tuvieron. Paola no tuvo un reinado que dejara una huella muy profunda en términos institucionales, pero sí un legado humano indiscutible: ha sido una de las pocas reinas europeas que se atrevió a contar que la vida en palacio no es un cuento de hadas, que los matrimonios reales también atraviesan crisis, silencios y heridas.
Paola Ruffo di Calabria tenía 21 años cuando conoció al entonces príncipe Alberto en Roma y fue durante una recepción diplomática con la embajada belga en la Santa Sede. Paola era una aristócrata que llamaba la atención por su belleza, fue considerada la mujer más guapa de Europa y comparada constament con la princesa Grace de Mónaco, y venía de una de las familias como mayor linaje de Italia. Se casaron nueve meses después, el 2 de julio de 1959, en Bruselas. Él tenía 25 años; ella, 22. Con el tiempo, Paola admitiría que todo fue "demasiado rápido" y que ambos perdieron su juventud y la libertad por el camino.
La presión mediática, las expectativas sobre ella como futura reina, la vida oficial y la maternidad marcaron unos primeros años que Paola describió como difíciles y solitarios. Aunque la pareja era popular y fotogénica, y aunque entonces reinaba el hermano mayor de Alberto -Balduino de Bélgica, casado con la española Fabiola de Mora y Aragón, una consorte muy querida-, Paola nunca logró sentirse cómoda en el papel que le tocó desempeñar. La vida oficial, las obligaciones militares de Alberto y la exposición constante hicieron que la felicidad le esquivara. Instalados en el Belvedere, nacieron sus tres hijos: Felipe, el actual soberano, (1960), Astrid (1962) y Laurent (1963), el único que también se ha atrevido a contar que pasó más tiempo de su infancia con tutores, niñeras y personal del servicio que con sus padres.
Entre 1970 y 1980, Paola atravesó lo que ella misma definió como "los años más infelices" de su vida. En el documental Paola, côté jardín, que se emitió en el 2022 en la cadena pública belga ella habló sin tapujos: la vida institucional la asfixiaba, su matrimonio atravesaba crisis profundas y hubo infidelidades por ambas partes. No hay que olvidar tampoco que cuando la reina Paola contó esto un tribunal de Bruselas, tras una larga batalla judicial, había ya reconocido que Alberto II era el padre de Delphine Boël, que pasó de ser hija ilegítima a princesa de Bélgica. Aun así, la sinceridad de la reina Paola sobre un tema del que no habla la realeza, sus propias infidelidades y su profunda tristeza, humanizó a una institución que siempre había preferido el silencio.
"Durante diez años fui muy muy infeliz. Estaba muy triste y me sentía muy sola. No sabía a dónde ir. Y existía el peligro del divorcio, pero en aquellos días la gente no se divorciaba", relató la reina Paola recordando un tiempo que coincidió con la infancia de su hijos, un momento vital que también se tiende a idealizar y al que ella le quitó cualquier romanticismo. "Al pensar en el divorcio, los abogados me dijero que ella perdería a los niños con la separación. Me pareció injusto", explicó el propio rey Alberto en el documental. Fue entonces cuando lucharon por seguir adelante y ella recuerda que hubo una cosa que le hizo tomar esa decisión, una declaración del propio Alberto II.
"Él me dijo: 'Siempre te he amado'. Fue muy bueno escuchar eso de nuevo", aseguró una reina que con también confesó que le gustaría volver en el tiempo y hacer las cosas de otra manera. "Solo ahora me doy cuenta de lo importante que es mostrar suficiente afecto. Estoy cada vez más fascinada por el amor que siento ahora. Es el amor que quería cuando tenía 20 años, sin limitaciones sociales, sin fronteras", explicó. Posiblemente el gran legado de la reina Paola sea el de haber sido una mujer que no maquilló la verdad.










