El lado más personal de la Reina en 'Paola, côté jardin'

Confesar una infidelidad: la decisión sin precedentes de Paola Bélgica

La esposa de Alberto II se ha sincerado en un documental hasta el punto de contar con todo detalle su crisis matrimonial con el Rey, algo insólito en una consorte

Por L.F.S.

Paola de Bélgica no es el primer miembro de la realeza en confesar una infidelidad, aunque el grupo es reducidísimo. Carlos de Inglaterra y Diana de Gales lo hicieron en su día, cuando su matrimonio hacía aguas, pero nunca antes lo había hecho una reina consorte. Mientras que los deslices de los monarcas muchas veces salían a la luz en forma de demandas de parternidad, como es el caso de Alberto II, los avatares sentimentales de sus esposas siempre se han guardado con hermetismo. Pero Paola Ruffo di Calabria nunca fue una reina al uso. La aristócrata italiana siempre ha sido un alma libre en un tiempo en el que el protocolo y a institución monárquica no admitía demasiada flexibilidad. Ahora, a sus 84 años, asegura que su matrimonio está mejor que nunca y ya nada le impide mostrar su vida tal cual ha sido, con sus luces y sus sombras. 

En el documental Paola, côté jardin, habla sin tapujos sobre las dificultades de su matrimonio. “Mi vida era un completo desastre y me sentía miserable. No sabía a dónde ir. Nuestro divorcio estaba en el aire. Durante diez años me distancié de mi relación”, cuenta. Era infeliz y se encontraba sola, y la situación le llevó a tener una relación con otro hombre. Se trataba de un fotógrafo de Paris Match, Adrien de Munt. "No me siento culpable. Pasó en un momento en el que las cosas no iban bien", asegura la reina Paola, que tuvo que enfrentarse también a la infidelidad de su marido con Sybille de Selys Longchamps, la madre de la princesa Delphine, finalmente reconocida por Alberto de Bélgica después de una ardúa batalla legal. Eran tiempos en los que el divorcio era un tabú y mucho más en la realeza, así que el matrimonio siguió hacia delante. 

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Todo comenzó con un flechazo...

Según ha contado el propio Rey, que también participa en el documental, cuando conoció a Paola el flechazo fue instantáneo y solo tardaron ocho meses en darse el 'sí, quiero' en la catedral de Bruselas. Alberto II reconoce que ella no tenía tanta prisa, pero finalmente accedió y pronto tuvieron a sus tres hijos. La que fuera reina de los belgas admite ahora que hubo un momento que se replanteó su vida. "Quería ser enfermera, pero mis hijos eran pequeños", asegura en el documental, en el que ambos confiesan cómo en su momento se vieron superados por la paternidad. "Mi padre era bastante autoritario y yo lo repetía  inconscientemente. Hasta que un médico un día me dijo: 'Tu hijo se enfermará si sigues así'. Entonces tuve una mala reacción, perdí el interés por él", afirma con franqueza Alberto II.  "Necesitas una educación para ser padre. Es una pena que no puedas empezar de nuevo. Ahora entiendo lo importante que es darle cariño a tus hijos", añade Paola. 

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Son confesiones sinceras y duras para cualquiera. Mucho más si quienes se abren sin tapujos han sido reyes y más aún si has sido la reina consorte, inevitablemente, más sometida al escrutinio público, más criticada, a la par que admirada. El paso que ha dado Paola de Bélgica no tiene precedentes y se enmarca en una nueva concepción de la Monarquía, abierta y cercana, a la que no se suelen sumar los royals de su generación, pero quizás es el tipo de Corte que hubiera necesitado la entonces princesa de Lieja para ser feliz.

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El hecho de que los dos participen en el documental ya adelanta que su matrimonio ha acabado mucho mejor de lo que empezó. La madre de Felipe de Bélgica recuerda el punto de inflexión en el que su relación se recondujo. “Hasta que Alberto en un momento dijo: ‘Siempre te he amado’. Fue muy bueno escuchar eso de nuevo” asegura. Después de echar la vista atrás, reflexiona sobre lo que valora hoy en día: “Solo ahora me doy cuenta de lo importante que es mostrar suficiente afecto. Estoy cada vez más fascinada por el amor que siento ahora. Es el amor que quería cuando tenía 20 años, sin limitaciones sociales, sin fronteras”.