Los alrededores del Castillo de Windsor acogen cada año el mayor despliegue de miembros de la alta sociedad británica, así como a los miembros más destacados de la Familia Real, con motivo de Royal Ascot, el evento de carreras de caballos más prestigioso del Reino Unido y uno de los más importantes del mundo. Un acontecimiento que, con sus presencias —y ausencias—, desvela realidades que se fraguan dentro de la dinastía, marcando un antes y un después en la misma, como es el caso de las princesas Beatriz y Eugenia de York, quienes hasta el momento no han hecho acto de presencia en uno de los grandes actos sociales del año, sumándose a otras ausencias en eventos destacados tras el despojo de los títulos reales de su padre, Andrés Mountbatten-Windsor. Un papel en el que Zara Tindall —hija de la princesa Ana— ha tenido un destacado protagonismo junto a la hermana del actual Aga Khan.
Una imagen de distancia en Windsor
Las últimas reuniones celebradas por la Familia Windsor —tanto aquellas de carácter público como privado— han experimentado diferentes cambios a raíz del despojo de los títulos del ex príncipe Andrés por parte de Carlos III. Una sucesión de acontecimientos que, meses después del histórico comunicado emitido por el Rey, derivó en un mayor distanciamiento institucional del padre de Beatriz y Eugenia debido a la controversia generada por su relación con el fallecido delincuente sexual Jeffrey Epstein. Un hecho del que, inevitablemente, ambas princesas no han podido desvincularse por completo, a pesar de no estar relacionadas de forma alguna con las polémicas que han rodeado a su padre. Sin embargo, es una realidad que las sobrinas del Monarca han desaparecido en gran medida del ojo público, una estrategia con la que se ha buscado evitar que los escándalos se entrelacen a la propia Corona.
La primera ausencia destacada de las hermanas York se produjo con la ruptura de la tradición de asistir a la misa del Domingo de Pascua en Windsor. Ahora —por segunda vez en el mismo año— quedan fuera del evento hípico y social más importante de la alta sociedad británica y de origen centenario, en el que la Familia Real se da cita para estrechar unos lazos más que profundos entre los asistentes. Un vacío difícil de ignorar que, como ya ocurriera en anteriores ocasiones, vuelve a desligar la imagen de las dos jóvenes de la Familia Real, al menos por el momento. Mientras tanto, Zara Tindall ha ocupado un lugar que el pasado año correspondió a la princesa Beatriz. Y es que, obre la tercera carroza de la Royal Procession, la hija de Andrés Mountbatten-Windsor acompañaba a la princesa Zahra Aga Khan, un gesto que ahora, la hija de la princesa Ana ha tenido que protagonizar ante la ausencia de York.
Una posición que la hija de la Princesa Real ha desempeñado con gran acierto, cumpliendo con las expectativas de acompañar a uno de los miembros de la realeza más enigmáticos de nuestro tiempo. Es habitual que los invitados de honor cuenten con guías de excepción; por ello, la princesa Zahra Aga Khan estuvo acompañada en su día por la hija del exduque de York. Ahora, después de toda la controversia generada, ese papel recae en Zara Tindall, quien ha puesto el broche de oro a esta tercera jornada de Royal Ascot acompañando a la hija del Aga Khan IV.
La princesa Zahra Aga Khan no es una desconocida para la Familia Real británica ni para Royal Ascot. Hija del difunto Aga Khan IV, una de las figuras más influyentes de la alta sociedad internacional y estrecho aliado de la Corona británica, ha mantenido una estrecha vinculación con el mundo ecuestre que convirtió a su padre en una leyenda de las carreras de caballos. Propietaria y criadora de caballos de competición, Zahra ha continuado el legado familiar y ya había participado anteriormente en la Royal Procession por invitación de Carlos III. Su presencia en Ascot simboliza, además, la histórica relación que une a la Casa de Windsor con la familia Aga Khan, fortalecida durante décadas por la amistad personal y la pasión compartida por la hípica. Un nuevo capítulo de entre dinastías que, deja vuelve a subrayar las incógnitas sobre cuál será el papel de Beatriz y Eugenia dentro de una monarquía que, bajo el reinado de Carlos III, parece haber redefinido sus prioridades.








