El idílico matrimonio de Beatriz de York y Edoardo Mapelli-Mozzi se enfrenta a uno de sus momentos más delicados, rodeado de una creciente inquietud por parte de sus seres queridos. Según ha revelado Daily Mail en exclusiva, los amigos de la pareja temen que la presión familiar y los reveses económicos estén pasando factura a la estabilidad del matrimonio, especialmente tras unas recientes vacaciones en Saint-Tropez que no resultaron ser el bálsamo esperado. Mientras la hija del duque de York intenta lidiar en la intimidad con el dolor por el declive público de su padre y la pérdida de su propio empleo, su marido se encuentra volcado en salvar su firma de diseño y propiedades de lujo, una dualidad que, según el mencionado medio, los ha llevado a pasar más tiempo separados de lo habitual.
Casi siete años han transcurrido desde que el aristócrata italiano sellara su compromiso en las redes sociales con una romántica promesa a la princesa: "Nunca estarás sola, mi amor, mi corazón es tu hogar. De la mano, hoy, mañana y siempre". Sin embargo, la realidad actual dista mucho de aquellas imágenes en blanco y negro tomadas en Royal Lodge, el refugio familiar de Windsor. La tormenta perfecta se desató hace un par de semanas, cuando el presentador británico Piers Morgan compartió una serie de instantáneas de un almuerzo en el exclusivo Le Club 55 de la Costa Azul. En ellas, se veía a Edoardo disfrutando de una jornada festiva junto a celebridades como la presentadora Amanda Holden o la nutricionista Gabriela Peacock, mientras la gran ausente era la propia Beatriz. La estampa avivó los rumores de distanciamiento, hasta el punto de que, según el rotativo británico, un testigo llegó a comentar que el empresario actuaba "como si estuviera soltero".
Un viaje de desconexión truncado por la salud
A pesar de las especulaciones iniciales, la cabecera británica ha confirmado que la princesa sí viajó a Francia. De hecho, la escapada fue un regalo de su íntima amiga Gabriela Peacock para ofrecerles un respiro frente a las tensiones en Londres. No obstante, los planes se truncaron rápidamente: tras pasar la primera jornada en el club playero, Beatriz se indispuso y pasó el día siguiente en la cama, "demasiado enferma" para salir de la residencia, mientras su esposo continuaba cumpliendo con los compromisos sociales de la agenda.
Este episodio no es un hecho aislado, sino el reflejo de una preocupante tendencia al distanciamiento físico que ha encendido las alarmas en su círculo íntimo. Una fuente cercana detallaba la compleja situación que atraviesa el matrimonio debido a la necesidad de mantener a flote la empresa de Edoardo, Banda Property: "Las cosas le han alcanzado y creo que mucha gente se está distanciando de él. Además, el trabajo no va bien, razón por la cual viaja al extranjero todo el tiempo. Está buscando nuevos clientes. Si este negocio sale mal, es posible que no tengan mucho dinero, especialmente si ella es apartada por la familia real. Su estilo de vida es extremadamente caro".
La alargada sombra de Royal Lodge y la presión financiera
El distanciamiento no responde únicamente a motivos de agenda, sino también a una estrategia reputacional. El negocio de Mapelli-Mozzi, enfocado en grandes fortunas internacionales que buscan la máxima discreción, se benefició en el pasado de sus vínculos con la realeza, pero la situación actual del príncipe Andrés resulta incómoda para su cartera de clientes. Al respecto, otra fuente del entorno revela el estado anímico de la sobrina del rey Carlos III y la división de opiniones entre sus allegados: "La gente simpatiza mucho con Beatriz. Ella es muy dulce e ingenua, y se ha sentido muy frágil. Pero hay menos personas dispuestas a dar la cara por Edo. Sorprendentemente, hay uno o dos miembros del círculo íntimo de los York que no le tienen simpatía por alguna razón. Dicen que sus problemas financieros son 'karma'".
La tensión comercial obligó al italiano a realizar un viaje de trabajo de tres semanas a Estados Unidos a principios de año, recorriendo enclaves como Palm Beach, una zona inevitablemente unida al controvertido pasado de los York. Ante las inevitables suspicacias que despertó aquel viaje junto a una colega de su firma, el propio Edoardo defendió la normalidad de sus traslados profesionales: "Como bien sabes, es completamente normal que el propietario de un negocio viaje por trabajo. Sucede en todas las industrias". Mientras tanto, Beatriz permanecía en el Reino Unido cuidando de sus dos hijas, Sienna y Athena, nacidas en 2021 y 2025.
El incierto futuro de los York frente al nuevo reinado
A sus 37 años, la princesa afronta una etapa de gran incertidumbre económica. Tras la quiebra a finales de 2024 de la firma tecnológica Afiniti, donde ejercía como vicepresidenta, sus ingresos privados se han visto reducidos. Aunque actualmente disfrutan de una residencia en el palacio de St. James financiada por las asignaciones reales, el futuro se plantea complejo. Fuentes cercanas al príncipe Guillermo han dejado claro que, una vez que asuma el trono, tiene la intención de retirar estas prebendas habitacionales que en su día instauró la reina Isabel II y que actualmente mantiene el rey Carlos, obligando a la pareja a ser completamente autosuficiente.
Este bache coincide con los esfuerzos de Beatriz por mantener cierta normalidad social, como demostró el mes pasado al viajar en solitario a Italia para asistir al 40º cumpleaños de su amiga Lauren De Niro Pipher en el exclusivo hotel La Posta Vecchia. Allí, ataviada con diseños de The Vampire's Wife y Zimmermann, se la vio sonriente y relajada, alejada por unos días de las lágrimas que, según sus confidentes, a veces derrama en la intimidad cuando la presión familiar resulta insoportable. Atrapada entre la lealtad a sus padres y el futuro de su propio hogar, la princesa busca refugio en sus amigos más fieles mientras el reloj sigue corriendo para el matrimonio.











