De Carlos III a los Príncipes de Gales, todos los invitados de la boda real: las imágenes de un enlace marcado por las grandes ausencias
El romántico ‘sí, quiero’ de Peter Phillips y Harriet Sperling en los Cotswolds se convierte en un desfile de elegancia y alta costura, bajo un firme blindaje familiar
Bajo la romántica atmósfera que siempre desprenden los bucólicos paisajes de los Cotswolds, la Familia Real británica se ha vuelto a reunir para celebrar el amor. Peter Phillips, de 48 años e hijo de la Princesa Ana, ha contraído matrimonio con Harriet Sperling, una abnegada enfermera especialista en pediatría del Servicio Nacional de Salud (NHS), de 45 años. Los alrededores de la idílica iglesia de All Saints, en Gloucestershire, se vistieron de gala y color para recibir a los sofisticados invitados que desafiaron los pronósticos de tormenta. Desde primera hora de la mañana, numerosos rostros de la realeza y la aristocracia hacían su entrada al templo, augurando un enlace íntimo pero provisto del inconfundible esplendor de las grandes citas de los Windsor. Entre los asistentes más esperados destacaron el rey Carlos III y la reina Camilla, los Príncipes de Gales y los Duques de Edimburgo, reflejando el inquebrantable apoyo familiar hacia el primogénito de la Princesa Real. Asimismo, sus hijas, Isla y Savannah, nacidas de su anterior matrimonio con Autumn Kelly, y la joven Georgina, hija de Harriet, ejercieron con orgullo como damas de honor en una jornada donde la devoción de los fieles admiradores de la Corona no decayó un solo instante.
Kate ha vuelto a demostrar que es una invitada ejemplar tanto en actitud como en estilo. Deslumbró a su llegada derrochando sutileza con un refinado vestido midi en un suave tono beige empolvado, confeccionado en un exquisito tejido de textura tweed de manga corta.
El monarca llegaba de lo más sonriente y cercano. En su llegada saludó afectuosamente a los asistentes vistiendo el tradicional y pulcro chaqué negro de gala.
La reina Camilla ha hecho su entrada al templo derrochando elegancia, mostrándose de lo más sonriente y feliz en todo momento mientras caminaba muy bien acompañada por su marido, el rey Carlos III.
Como no podía ser de otra manera, la Princesa Real ha ejercido de perfecta y orgullosa madre del novio. Ha deslumbrado por completo a su llegada al enlace con un alegre y colorido estilismo de lo más inusual en su armario, contagiando su felicidad a todos los presentes.
El matrimonio ha reaparecido haciendo gala de una sintonía admirable y una complicidad que habla por sí sola en esta gran celebración familiar. Con este paso al frente, radiantes y coordinados, la pareja disipa con absoluta naturalidad cualquier rumor del pasado sobre un distanciamiento, dejando constancia de que su unión sigue siendo tan sólida, fuerte y estable como el primer día.
Ha aparecido embarazada de su tercer hijo de lo más radiante y alegre por la boda de su primo. La presencia de las hermanas York ha despertado una enorme expectación, dado el blindaje y la estudiada discreción con la que han manejado sus agendas en los últimos tiempos.
La pareja forma un matrimonio muy consolidado dentro de la alta sociedad británica y mantienen un fuerte vínculo de amistad con la Familia Real. Aunque la celebración ha sido privada, su gran amistad con los novios ha hecho imprescindible su asistencia.
Como una de las grandes coprotagonistas de la jornada, se convirtió en la viva imagen de la alegría familiar a las puertas del templo. La hermana del novio, que acudió del brazo de su marido Mike Tindall y acompañada por sus hijas, Mia y Lena, asumió entusiasmada el papel de perfecta anfitriona improvisada, repartiendo cariñosos abrazos, besos y gestos de complicidad con todos los asistentes que iban llegando a la iglesia.