París vivió una de esas noches que parecen rescatadas de épocas doradas. El pasado sábado, el histórico baile de la Orden de Malta convirtió el Cercle de l’Union Interalliée en el gran salón de la aristocracia europea con 420 invitados, decenas de títulos principescos y nobiliarios y una figura que acaparó todas las miradas: Carolina de Mónaco. La princesa de Hannover fue la gran estrella de esta cita marcada por la elegancia y por un hecho difícil de repetir: la reunión en una misma noche, y en un mismo escenario, en pleno corazón de Francia, de distintas ramas de la dinastía Borbón. Entre los asistentes destacaron el duque de Anjou, Luis Alfonso de Borbón; Pedro de Borbón-Dos Sicilias; miembros de las familias reales de Luxemburgo, Borbón-Parma, Liechtenstein y Orleans, la princesa Eulalia de Orleans-Borbón, ahijada del rey Juan Carlos, que acudió con su madre; o la princesa Sibila de Luxemburgo, que asistió con el príncipe Guillermo y dos de sus hijos, los príncipes Carlota y Pablo Luis de Nassau.
La Orden de Malta, una de las instituciones nobiliarias y humanitarias más antiguas del mundo (nueve siglos de historia) mantiene un enorme prestigio internacional. Tradicionalmente vinculada a casas reales, alta nobleza y jefes de Estado, combina su dimensión histórica con una intensa labor asistencial y benéfica. De hecho, la recaudación de la gala se destinó a la 68 peregrinación de la orden a Lourdes.
La fiesta comenzó con la recepción de la Guardia Republicana en la escalinata del edificio parisino, seguida de un cóctel amenizado por un cuarteto musical. Tras la cena tuvo lugar una subasta organizada por Christie’s, y una tómbola solidaria antes de que se abriera la pista de baile, que permaneció llena hasta las tres de la madrugada entre música en directo y DJ. El evento fue organizado por Alejandra Poupel Events, con el apoyo de Grupo Novelty e Inspiration Musics & Arts. Más allá del brillo social, la imagen de tantos apellidos históricos reunidos en París dejó una impresión: la capital francesa volvió a parecer una corte real por una noche.
La colección de zafiros y diamantes de la princesa Carlota
Como comentábamos en líneas anteriores, Carolina de Mónaco se convirtió en una de las grandes protagonistas de la noche. La princesa recuperó para la ocasión un espectacular vestido azul marino -decorado con hileras de pedrería y lentejuelas brillantes, y una discreta abertura frontal en forma de lágrima- que había llevado hace dos años en la fiesta de gala del Día Nacional del Principado -y que firma Jenny Packham, una de las preferidas de Kate Middleton-. Pero marcó la diferencia: esta vez, optó por otros accesorios con mucha historia.
Carolina llevaba la colección de zafiros y diamantes de su abuela, la princesa Carlota, haciendo así un guiño al pasado -aunque no es la primera vez que saca del joyero piezas especiales-. Hace casi sesenta años, su madre, la princesa Grace, presidió la última gala de la Orden de Malta en París junto a su primo, el príncipe Guy de Polignac, y ahora a ella le tocaba tomar ese testigo.
Y también estaba Eulalia de Borbón, espectacular con un vestido entallado en color negro. La princesa, que estudia en la Universidad de St. Andrews, tampoco quiso perderse esta noche, después de asistir, hace apenas unos meses, a la 43ª edición del baile benéfico de la Orden de Malta, que se celebró en el Hotel Bellevue Palace de Berna, en Suiza -otra cita que organizó la Orden de Malta para ayudar a los que más lo necesitan-. Sin duda, una joven de su tiempo y muy comprometida.










