El Palacio del Príncipe de Mónaco ha publicado unas imágenes inéditas, preciosas y que forman parte de su archivo íntimo y familiar. Es una excepción a modo de homenaje a Georges Lukomski, fotógrafo oficial de la familia principesca durante veinte años y cuyo funeral se celebró hace dos días en la catedral de Mónaco con presencia del príncipe Alberto, que se quiso despedir personalmente del hombre que retrató su infancia.
"Desde 1957 hasta principios de los 80, acompañó fiel y discretamente a la Familia Real, convirtiéndose en el primer fotógrafo permanente en el Palacio. Entrenado por Howell Conant (1916-1999), fotógrafo adjunto a la Princesa Grace, deja una importante colección de fotografías, conservadas por los Archivos del Palacio, reflejando un ojo profesional, pero también un testimonio íntimo de la historia del Principado y de la Familia Real. En este momento de reflexión, el Palacio Real extiende sus más sinceros pensamientos a su familia y seres queridos", escribe el Palacio del Príncipe en la nota oficial que acompaña las imágenes.
Las fotos son muy bonitas, como casi todas en las que salía la princesa Grace; Grace Kelly antes de su matrimonio, cuando fue una oscarizada actriz de Hollywood que supo introducir de un modo muy adelantado a su tiempo otras formas de comunicar en la corte monesgasca. Que era una mujer que dominaba a las cámaras es evidente, pero es que Georges Lukomski supo retratar mucho más, el mundo la conocía como actriz, conquistó Europa como princesa, pero en estas imágenes, de una ternura desgarradora al conocer lo pronto que terminó su vida, lo que destaca es la madre.
El Palacio del Príncipe de Mónaco, que publica estas imágenes ahora con el único fin de rendir un sentido tributo al hombre y a su legado, no ha contado en qué se ha basado la selección de las imágenes pero es evidente que ha escogido precisamente las que muestran a Grace de Mónaco como madre y al actual soberano, Alberto II, disfrutando de una infancia que, según los tres hermanos, fue inequivocamente feliz y cálida. Ya que tanto Grace como Raniero, según ha pasado a la historia, fueron padres presentes, cercanos y cariñosos. Un papel que solo el príncipe Raniero pudo hacer extensivo a sus nietos, ya que la princesa Grace falleció en 1982 con 52 años y Raniero vivió hasta el 2005.
El príncipe Alberto sentado en el regazo de su padre, los primeros pasos de Estefanía de Mónaco, Carolina de Mónaco sosteniendo a su hermana mientras la princesa Grace lee un cuento mítico de la literatura infantil francesa, Tintín: Objetivo la luna... Las fotos hablan de otro tiempo, un tiempo que el soberano de 68 años y con más de dos décadas en la jefatura del Estado, no quiere olvidar.








