A sus 61 años, Estefanía de Mónaco ha pasado de ser princesa rebelde a feliz abuela. La hija menor de los príncipes Rainiero y Grace se ha convertido en la madurez en uno de los principales activos para su hermano, el príncipe Alberto, en una madre que adora a sus tres hijos, Daniel y Pauline Ducruet y Camille Gottlieb, y en una entregada abuela que siente devoción por sus dos nietas, Victoire y Constance. Sin embargo, no siempre fue así. Todos conocemos su agitada juventud y sus relaciones sentimentales, pero algo más desconocido fue cómo transcurrió su infancia, en la que estuvo muy unida a su hermano.
Una entrevista de Alberto y Estefanía que concedieron a la revista Point de Vue, en 2023 con motivo del baile del Centenario de la Ópera de Montecarlo, dentro de los festejos por el nacimiento del príncipe Rainiero, ha vuelto ahora a la actualidad. Esto se debe a la visión que dieron del profundo vínculo que les une. Además de la devoción que siente por su padre, el príncipe Alberto alabó su figura por ser el "príncipe constructor" que convirtió al pequeño Principado en un punto turístico de primer nivel, algo que destacó también su nieta, Camille Gottlieb, hace unas horas con motivo del 21º aniversario de la muerte de su querido Papoune.
La entrevista fue un viaje excepcional a través de los recuerdos del soberano monegasco y su hermana pequeña, en la que desvelaron las dinámicas familiares y las lecciones de vida que se han llevado consigo ya como adultos. Precisamente, Estefanía de adolescente ya dio muestras de su carácter díscolo cuando no quería asistir a los grandes acontecimientos de Mónaco como los Bailes de la Rosa o de la Cruz Roja. "Cuando era adolescente ¡No quería ir! A cierta edad, no es muy divertido encontrarse vestida de gala, con tu mejor traje, sentada en una mesa durante cuatro horas y siendo observada por todos. Pero solíamos ir en familia, y se convirtió en nuestro propio momento". "Es cierto que cuando tienes 16 o 17 años, quizá quieras estar haciendo otra cosa. Y estos eventos pueden ser muy intimidantes y abrumadores":
El príncipe Alberto también contó cómo fue su gradual aprendizaje mientras fue heredero en la oficina de su padre. "Esto se hizo poco a poco. Por supuesto, mantuvimos conversaciones a lo largo del tiempo, pero no hubo ningún acontecimiento trascendental en el que mi padre me dijera: 'Toma este expediente y dime qué te parece' Fue un aprendizaje gradual: asistí con él a consejos gubernamentales y reuniones de gabinete. Me transmitió algunos principios, consejos y recomendaciones".
Por su parte, la princesa Estefanía tuvo otras circunstancias de joven al ser la pequeña. "Sin duda, la diferencia de siete y ocho años con mi hermano y mi hermano influyó. Mi hermano era encantador, me aguantaba muchísimo: siempre quería jugar con él. Su paciencia conmigo ha sido inagotable. Sobre la infancia de su hermana, Alberto recordó: "Jugábamos al Monopoly y a pequeños juegos de construcción", mientras que la princesa Estefanía añadió: "Yo te robaba tus figuras de Action Man para celebrar bodas con mis Barbies." Además de también jugaban mucho al aire libre, especialmente en Roc Agel, que Alberto de Mónaco ha definido como "nuestro refugio": era un lugar de "libertad, juegos y momentos especiales".
Estefanía también rememoró el tiempo que pasaba de niña con su padre. "Quería estar con él siempre que fuera posible. Recuerdo que al mediodía iba al zoológico. Yo salía del colegio a las once y media y corría para poder estar con él (...) Quizás, por ser la más pequeña, me mimaban más o me salía con la mía en más cosas. Pero creo que me aprovechaba demasiado. Y debo admitir que mi hermano fue muy paciente conmigo, sobre todo porque de niña era un poco hiperactiva".










