Este sábado, 18 de julio, el Sporting Monte-Carlo se ha convertido en el escenario de la 77ª edición de la Gala de la Cruz Roja de Mónaco, uno de los actos más emblemáticos en el calendario de la familia principesca, presidido por el príncipe Alberto II y la princesa Charlene, en calidad de presidente y vicepresidenta de la asociación, respectivamente. Se trata del gran evento benéfico de Mónaco y una de las grandes citas institucionales en la agenda de la exnadadora sudafricana, que en esta ocasión ha deslumbrado con un espectacular vestido dorado, de escote asimétrico y detalles drapeados.
Para Charlene, esta edición es especialmente significativa. Se cumplen 20 años desde que asistió por primera vez a este acto, que sirvió como su presentación oficial ante la sociedad del Principado. Hoy, esta cita es la más importante de su agenda. Es donde la mujer de Alberto II ejerce de anfitriona absoluta.
La gala rinde homenaje a las acciones que llevan a cabo la asociación y sus equipos, al tiempo que rinde tributo a la generosidad de los donantes, cuyo apoyo es esencial para prevenir y aliviar el sufrimiento de los más vulnerables. Más allá de ser un acto social, el evento sigue una línea filantrópica. Lo recaudado financia las emergencias internacionales de la organización y su actividad local, que incluye ayudas sociales de urgencia y formación en primeros auxilios.
Los invitados
La velada ha puesto de manifiesto el importante papel que desempeña Mónaco en la red humanitaria mundial. Entre los invitados, ha destacado la presencia de Kate Forbes, presidenta de la Federación Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. Tampoco ha faltado Caroline Cross, presidenta de la Cruz Roja francesa.
El príncipe Alberto y la princesa Charlene también han estado acompañados por Camille Gottlieb, hija de la princesa Estefanía de Mónaco y un rostro habitual en esta cita. Para la ocasión, se ha decantado por un vestido amarillo pálido, diseñado por Elisabetta Franchi. A la lista de invitados se ha sumado el gran duque Jorge Romanov, heredero de la Casa Imperial de Rusia, junto a su mujer, Victoria Romanovna.
Tampoco ha faltado Christophe Mirmand, ministro de Estado de Mónaco, junto a su mujer, Catherine. Además, destacadas personalidades de la cultura como Estelle Lefébure, actriz y modelo francesa, o Michel Boujenah, actor y director de cine tunecino.
El programa de la gala y una novedad
Como es habitual, la velada ha contado con una cena en el emblemático Salle des Etoiles, además de una tómbola. Sin embargo, esta nueva edición ha estado marcada por una novedad. Por primera vez, el Sporting Monte-Carlo ha ofrecido a los invitados una experiencia inmersiva de 360° nada más llegar al vestíbulo.
La cena ha corrido a cargo del chef con tres estrellas Michelin Marcel Ravin, elaborada junto a Thierry Saez Manzanares, chef del Sporting Monte-Carlo, y los equipos de cocina y sumillería de la Monte-Carlo Société des Bains de Mer. El postre ha sido obra del chef pastelero Cédric Grolet.
El acto también ha contado con el tradicional sorteo, compuesto por cuatro prestigiosos premios y amenizado por los fuegos artificiales lanzados desde el mar. Tras ello, ha tenido lugar el espectáculo. Este año se ha presentado una creación inédita, producida por Monte-Carlo Société des Bains de Mer: SOUL! Where legends come back. Después del éxito de la edición de 2025, este show regresará esta temporada con una actuación en directo única que recorre la trayectoria de la música afroamericana, desde los pioneros del rock’n’roll y el funk hasta los iconos contemporáneos del R’n’B.
La velada ha continuado en el Jimmy’z Monte-Carlo, que se ha transformado excepcionalmente en una suerte de bar clandestino, amenizado por una Live Jazz Band para acoger a los invitados que quieran prolongar la celebración.
En paralelo, el artista Johan Creten ha donado su obra Eloge de l’Espoir a la Cruz Roja de Mónaco. Pionero del renacimiento de la cerámica contemporánea, ha ofrecido una escultura mural modelada a mano. Esta pieza, perteneciente a la emblemática serie Odore di Femmina (expuesta, entre otros lugares, en el Museo del Louvre y en el Centro Pompidou), encarna la resiliencia y la fuerza humanitaria a través de su cruz roja esmaltada que evoca los emblemas improvisados en zonas de catástrofe.












