Los cambios sociales han hecho que la figura del profesor deje de ser reverenciada (e incluso temida) para casi pasar al otro extremo, donde muchas veces la autoridad se pone en entredicho. Este viraje también afecta a la relación entre padres y profesorado, mucho más cercana y menos jerárquica que en otras épocas. ¿Cómo se gestiona la diferencia de criterio entre progenitores y equipo docente? ¿Por qué es tan importante 'ir de la mano' durante la formación del niño o el adolescente?
Hablamos de todo ello con Ana Jiménez Perianes, directora del Máster de Psicología de la Salud Infanto-Juvenil de la Universidad CEU San Pablo y especialista en psicología infanto-juvenil.
Hay que evitar frases como: "Dile a tu profesora que está equivocada" o "dile a tu tutor que vamos a denunciar esto". El menor no debe asumir un papel que no le corresponde o que le genere una carga emocional innecesaria
¿Cómo afecta al niño que entre sus padres y sus tutores o profesores no haya buena sintonía?
Los niños necesitan percibir que los adultos que les cuidan y educan trabajan en la misma dirección. Cuando observan contradicciones entre ambas partes pueden sentirse confundidos respecto a las normas, tener ansiedad e incluso verse obligados a posicionarse al lado de una de las partes. Lo ideal es que familia y docentes mantengan una relación basada en el respeto y con un objetivo común: el desarrollo integral del niño y su bienestar.
Si surge algún choque entre un profesor y los padres, ¿hay que hacer partícipe de él al menor?
Los desacuerdos entre adultos deben resolverse principalmente entre los adultos y no conviene involucrar al menor en los conflictos. Sin embargo, si el niño percibe tensión o le afecta la situación de alguna manera, puede ser necesario proporcionarle una explicación adaptada a su edad y siendo objetivos.
Lo importante es transmitir tranquilidad y que entienda que existen diferentes puntos de vista y que los adultos están buscando la mejor solución, evitando culpabilizar a ninguna de las partes. A medida que los menores crecen, especialmente durante la preadolescencia y la adolescencia, pueden comprender mejor determinadas situaciones, pero aun así no deberían convertirse en mensajeros ni mediadores del conflicto.
Hay que evitar frases como: "Dile a tu profesora que está equivocada" o "Dile a tu tutor que vamos a denunciar esto". El menor no debe asumir un papel que no le corresponde o que le genere una carga emocional innecesaria.
Cuando los padres no están de acuerdo con alguna medida tomada por un profesor, ¿qué implica criticarla o cuestionarla delante del niño afectado?
Criticar sistemáticamente a un docente delante del menor puede, por un lado, deteriorar la autoridad educativa del profesor y dificultar que el niño acepte normas o correcciones en el colegio. Y, por otro lado, puede transmitir la idea de que las figuras de referencia son cuestionables o poco fiables. Los niños aprenden observando a los adultos. Si ven que cualquier corrección escolar es desacreditada automáticamente en casa, pueden desarrollar una menor aceptación de los límites y una percepción negativa de la escuela.
Delante del niño conviene transmitir respeto hacia el docente y enseñarle que los desacuerdos pueden abordarse de forma constructiva y dialogada. Si los padres no están de acuerdo con una decisión del profesor, es mejor que hablen directamente con él o con el centro educativo. Delante de su hijo pueden expresar algo como: "Vamos a informarnos mejor para entender qué ha ocurrido".
En la universidad estamos observando situaciones que hace años eran excepcionales. Cada vez es más frecuente que algunos padres contacten con profesores o responsables académicos para defender a hijos adultos que han suspendido una asignatura porque consideran que la calificación no refleja sus capacidades. Es importante recordar que una de las tareas del desarrollo consiste precisamente en aprender a afrontar frustraciones, responsabilizarse de los propios resultados y gestionar los desacuerdos de forma autónoma.
En un conflicto entre el niño y el profesor en el que los padres creen que la razón la tiene su hijo, ¿cuál debe ser la actitud de los progenitores para no desautorizar al docente, pero que el hijo se sienta apoyado?
La clave es combinar apoyo, respeto y objetividad. Los padres pueden validar las emociones de su hijo sin asumir automáticamente que una de las partes tiene toda la razón. Es importante escuchar al menor, mostrar interés por lo ocurrido y recabar información del profesor antes de extraer conclusiones.
El mensaje puede ser algo similar a: "Entendemos cómo te sientes y vamos a intentar comprender qué ha pasado". De este modo, el niño percibe apoyo y protección, pero también aprende que los conflictos deben analizarse teniendo en cuenta diferentes perspectivas. Con esto, trabajamos la empatía, el pensamiento crítico y la resolución adecuada de problemas.
Cuando las diferencias de criterio entre el tutor o un profesor y los padres son constantes o muy intensas, ¿conviene pedir la mediación de la dirección del centro?
Sí. Cuando los intentos de comunicación directa no están funcionando o cuando el conflicto empieza a enquistarse, contar con una figura neutral suele ser una buena estrategia: la dirección del centro o los equipos de orientación.
En principio, si se hace bien y de manera objetiva, la mediación ayudaría a buscar una solución eficaz aceptando el bienestar del menor. Cuanto antes se intervenga, más posibilidades habrá de reconducir la situación y evitar que el menor se convierta en el principal perjudicado.
Con mensajes como "entendemos cómo te sientes y vamos a intentar comprender qué ha pasado", el niño percibe apoyo y protección en el problema con su profesor, pero también aprende que los conflictos deben analizarse teniendo en cuenta diferentes perspectivas
Por la evolución de los últimos años, ¿los menores siguen percibiendo al docente como una figura de autoridad?
La autoridad no ha desaparecido, pero sí ha cambiado. Las generaciones actuales responden menos a una autoridad basada exclusivamente en el cargo y más a una autoridad construida a través de la competencia profesional, la coherencia, la comprensión, la cercanía y el respeto.
Además, vivimos en una sociedad donde los menores tienen acceso a una enorme cantidad de información y donde las relaciones familiares suelen ser más horizontales que hace décadas. Todo ello ha transformado la forma en la que entienden la autoridad. No obstante, la solución no pasa por recuperar modelos autoritarios, sino por fortalecer el concepto de autoridad a través de las figuras y teniendo en cuenta la colaboración común y el respeto.
Si con un hijo hubo problemas entre el docente y los padres y ahora lo tiene como profesor otro hijo, ¿es conveniente mantener alguna conversación previa entre los adultos para que no haya problemas?
En muchos casos puede ser una excelente idea. Una conversación breve, cordial y orientada al futuro puede ayudar a cerrar etapas anteriores y empezar la nueva relación desde cero. Lo importante es evitar que experiencias pasadas condicionen la percepción del nuevo alumno. Cada hijo es diferente y cada relación educativa también.
Si los padres deciden tener esa conversación, conviene plantearla desde la colaboración y no desde la sospecha. Frases como: "Queremos empezar este curso con una buena comunicación y trabajar juntos por el bienestar de nuestro hijo" suelen generar un clima mucho más positivo.









