María José Ortolà, psicóloga, sobre el mensaje de Paula Echevarría a su hija: "Uno de los aspectos que más favorece el aprendizaje es la coherencia"


Daniella está a punto de cumplir 18 años, sin duda un momento importante también para los padres


Paula Echevarría con look de invitada en la boda de los hijos de unos amigos, 2026.© pau_eche
20 de julio de 2026 a las 18:03 CEST

Cuando los hijos se acercan a la mayoría de edad, el reto de los padres ya no es dirigir cada paso, sino confiar en todo lo que han sembrado. A punto de vivir ese momento, Paula Echevarría reflexiona sobre ello y comparte el mensaje que le ha dado a su hija Daniella.Que tenga cabeza, que con cabeza se puede disfrutar. Hay que tener un ten con ten y ser disciplinada y disfrutona a partes iguales. Ella sabe que yo no soy nada monjil: me gusta que se lo pase bien, que disfrute, que salga, pero también hay que ser muy constante con todo en la vida, los estudios, el trabajo”. A partir de este testimonio, María José Ortolà Sastre, psicóloga clínica integradora de la clínica Libélula, analiza cómo enseñar a los jóvenes que la disciplina no es un freno al placer, sino la estructura que les permite disfrutar sin culpa, sin caos y con verdadera autonomía. 

María José Ortolà Sastre, psicóloga clínica integradora© María José Ortolà Sastre
María José Ortolà Sastre, psicóloga clínica integradora

A menudo asociamos "disciplina" con castigo o aburrimiento. ¿Cómo podemos redefinir la disciplina ante un hijo para que la vea como la herramienta que, precisamente, le va a permitir disfrutar de su libertad con tranquilidad?

Creo que uno de los grandes errores que hemos cometido como sociedad es presentar la disciplina como una renuncia al placer, cuando en realidad ocurre justo lo contrario. En consulta veo con frecuencia a adolescentes y adultos jóvenes que sienten que la disciplina les "quita libertad", pero cuando profundizamos descubrimos que es precisamente la falta de hábitos la que acaba generándoles más estrés, más culpa y más sensación de descontrol.

La disciplina no debería enseñarse como una obligación impuesta desde fuera, sino como una forma de cuidarse. Es la capacidad de tomar decisiones hoy que favorezcan el bienestar del "yo" de mañana. Cuando un adolescente entiende que estudiar, descansar, cuidar su salud o ser responsable con el dinero no son castigos, sino herramientas para disfrutar después con mayor tranquilidad, cambia completamente la forma en la que vive esas responsabilidades. Desde mi punto de vista no se trata de transmitir el mensaje de "primero sufre y luego disfruta", sino de enseñar que ambas cosas pueden convivir.

A las puertas de la mayoría de edad, el control de los padres disminuye drásticamente. En este punto, ¿el mensaje de "ten cabeza" es una instrucción que se da a última hora o es el resultado de una siembra de años?

La realidad es que un "ten cabeza" dicho a los 18 años tiene muy poca fuerza si durante toda la infancia y la adolescencia no ha habido una educación coherente detrás. La capacidad de tomar buenas decisiones no aparece de repente el día que una persona cumple la mayoría de edad. Se construye durante años, a través de pequeños aprendizajes cotidianos: permitiendo que los hijos se equivoquen en situaciones manejables, enseñándoles a asumir las consecuencias de sus actos, ayudándoles a regular sus emociones y ofreciéndoles un entorno donde preguntar, expresar dudas y sentirse escuchados.

Muchas veces los padres piensan que educar consiste en controlar. Sin embargo, como psicóloga opino que el objetivo no debería ser formar hijos que obedezcan cuando están vigilados, sino personas capaces de autorregularse cuando nadie las está mirando. Cuando llega la mayoría de edad, el control externo disminuye, pero idealmente ya debería haberse desarrollado un control interno. Y ese no se construye con discursos de última hora, sino con cientos de conversaciones aparentemente pequeñas que, con el tiempo, terminan “moldeando” la manera en la que un joven entiende la responsabilidad.

Cuando un adolescente entiende que estudiar, descansar, cuidar su salud o ser responsable con el dinero no son castigos, sino herramientas para disfrutar después con mayor tranquilidad, cambia completamente la forma en la que vive esas responsabilidades

María José Ortolà Sastre, psicóloga clínica integradora

Desde la psicología, ¿qué impacto tiene en un adolescente a punto de la mayoría de edad que sus padres se muestren humanos, con deseos de disfrutar y sin esa máscara de "perfección moral"? ¿Ayuda a que el mensaje cale mejor?

¡Sin duda! De hecho, uno de los aspectos que más favorece el aprendizaje es la coherencia. Los adolescentes tienen una enorme capacidad para detectar las contradicciones y si un padre transmite continuamente normas que él mismo no cumple, el mensaje pierde credibilidad. En cambio, cuando un hijo ve que sus padres también disfrutan, salen con amigos, descansan o se permiten momentos de ocio, pero al mismo tiempo cumplen con sus responsabilidades, está observando un modelo mucho más realista.

En clínica suelo decir a los padres que los hijos aprenden mucho menos de lo que les decimos y muchísimo más de cómo vivimos.

Mostrar humanidad para mí no significa convertirse en un amigo del hijo ni eliminar los límites, más bien enseñar que ser adulto no consiste en dejar de disfrutar, sino en aprender a integrar el disfrute dentro de una vida equilibrada. Ese modelo suele generar mucha más conexión que intentar aparentar una perfección que, además de irreal, resulta muy difícil de sostener.

¿Cómo se le enseña a un joven que la autodisciplina y el disfrute no son enemigos, sino que se necesitan mutuamente?

Creo que es importante dejar de plantearlo como una elección entre dos extremos. Nosotras vemos que muchos jóvenes sienten que existen dos opciones: o ser extremadamente responsables y renunciar a disfrutar, o vivir constantemente buscando el placer inmediato y en verdad de eso no trata la vida. Podemos enseñarles a observar las consecuencias de sus decisiones. Cuando una persona organiza su tiempo, estudia con cierta constancia, duerme bien o aprende a gestionar sus responsabilidades, normalmente disfruta mucho más de su tiempo libre porque lo hace sin culpa, sin ansiedad y sin la sensación de estar dejando todo para mañana.

La autodisciplina no limita el disfrute; lo sostiene. Es como construir unos buenos cimientos para que la casa pueda mantenerse en pie.

¿Cómo procesa el cerebro de un joven de 18 años este concepto de "hacer las cosas con cabeza"? ¿Es realista pedirles ese equilibrio exacto?

Es importante recordar que el cerebro sigue madurando durante toda la veintena, especialmente la corteza prefrontal, que participa en funciones como la planificación, el control de impulsos o la anticipación de consecuencias. Bueno en verdad vivimos toda nuestra vida aprendiendo de las experiencias que nos van ocurriendo y eso nos forma como personas más conscientes.

Eso no significa que un joven de 18 años no pueda tomar buenas decisiones, pero sí que, en determinadas situaciones —sobre todo cuando hay presión social, emociones intensas o búsqueda de sensaciones nuevas—, le resultará más difícil mantener ese equilibrio que a un adulto; y es por eso que más que exigir perfección, deberíamos enseñar estrategias. Hablar de cómo tomar decisiones, cómo pedir ayuda, cómo reconocer una situación de riesgo o cómo manejar la presión del grupo resulta mucho más útil que limitarse a repetir "ten cuidado".

El objetivo desde mi punto de vista es que desarrollen recursos para aprender de esos errores sin que estos definan su trayectoria.

Nosotras vemos que muchos jóvenes sienten que existen dos opciones: o ser extremadamente responsables y renunciar a disfrutar, o vivir constantemente buscando el placer inmediato y en verdad de eso no trata la vida

María José Ortolà Sastre, psicóloga clínica integradora

¿Por qué es importante que los hijos vean que disfrutar y ser disciplinado no son opuestos?

Ya que la forma en que entendemos el esfuerzo durante la adolescencia suele acompañarnos durante toda la vida. Si un joven crece creyendo que la responsabilidad implica renunciar constantemente al bienestar, es probable que termine rechazando cualquier hábito saludable o viviendo el ocio con culpa. En cambio, cuando aprende que una vida equilibrada incluye compromiso, descanso, diversión y autocuidado, desarrolla una relación mucho más sana con sus responsabilidades. La evidencia en psicología muestra que las personas que mantienen hábitos de forma estable no suelen hacerlo desde la obligación permanente, sino porque encuentran un sentido personal a lo que hacen. Disfrutar también forma parte de una vida saludable.

¿Cómo se construye una relación basada en confianza y no en vigilancia?

La confianza no aparece de un día para otro; se construye a través de muchas experiencias repetidas en las que el hijo siente que puede hablar sin miedo a ser juzgado. Cuando los padres reaccionan únicamente desde el castigo o el enfado, muchos adolescentes aprenden a ocultar información para evitar las consecuencias. Sin embargo, cuando saben que pueden contar un problema sin perder el vínculo con sus padres, es mucho más probable que pidan ayuda precisamente cuando más la necesitan. Una relación basada en la confianza no significa ausencia de normas, sino más bien significa que esas normas se sostienen desde el diálogo, la coherencia y el respeto mutuo.

Al final, el gran objetivo de la educación no es criar hijos que hagan caso porque tienen miedo a sus padres, sino adultos que sepan cuidarse incluso cuando ya no haya nadie vigilándolos. Ese es, probablemente, el mejor significado que podemos darle a una frase como "ten cabeza".