Qué pasa cuando un niño traga agua en la piscina: claves para saber cuándo preocuparse según una pediatra


Es una situación habitual que puede preocupar a los padres, pero que, en general, no suele tener mayores consecuencias


niño jugando en el agua de una piscina© Getty Images
26 de junio de 2026 a las 17:03 CEST

¿Quién no ha tragado agua alguna vez en la piscina o la playa? Los chapuzones del verano suelen venir acompañados de este gesto tan común. Cuando hablamos de niños pequeños, nos planteamos si esto puede ser peligroso. ¿Cuándo debemos preocuparnos de verdad? La pediatra María Jesús Pascual, jefa del servicio de Pediatría de los hospitales universitarios Vithas Madrid La Milagrosa y Aravaca, recuerda que en la mayoría de los casos no suele tener mayores consecuencias.

 Sin embargo, advierte de que la clave está en distinguir entre tragar y aspirar agua, porque solo lo segundo puede comprometer la respiración. Hemos hablado con la especialista para entender mejor qué ocurre fisiológicamente, qué señales son normales, cuáles requieren vigilancia y qué medidas sencillas ayudan a prevenir sustos en el agua. 

Dra. María Jesús Pascual, jefa del servicio de Pediatría de los hospitales universitarios Vithas Madrid La Milagrosa y Aravaca.© Cedida
Dra. María Jesús Pascual, jefa del servicio de Pediatría de los hospitales universitarios Vithas Madrid La Milagrosa y Aravaca.

¿Por qué es tan habitual que los niños traguen agua? ¿Es normal?

Es muy habitual porque los niños (especialmente los menores de 5 años) están aprendiendo a coordinar su respiración, saltan, juegan, abren la boca debajo del agua con la inmersión y su “sistema de cierre” (la laringe) está aún entrenándose. En la mayoría de los casos es algo normal, sin importancia, el clásico “buche que el niño traga” y va directo al tubo digestivo.

¿Qué ocurre fisiológicamente cuando un niño traga agua?

Fisiológicamente es muy sencillo. El agua entra por la boca y sigue el mismo camino que cuando comemos y bebemos, pasa por la faringe, baja por el esófago y va a parar directamente al estómago. No va al pulmón.

El cloro diluido de una piscina bien cuidada no es tóxico al tragarse; a lo sumo puede irritar las paredes del estómago y provocar náuseas o un vómito aislado

Dra. María Jesús Pascual, jefa del servicio de Pediatría de los hospitales universitarios Vithas Madrid La Milagrosa y Aravaca.

¿Existe una cantidad aproximada a partir de la cual hay riesgo?

No hay una cifra exacta en mililitros. El estómago infantil tolera pequeños volúmenes sin enterarse. El único "riesgo" de que traguen mucha cantidad de golpe es que la tripa se hinche y el niño acabe vomitando por pura distensión, o que el sabor a cloro les dé “asco”. El peligro real no es la cantidad de agua que se traga, sino si el agua se va por la vía equivocada y va al pulmón.

tres niños jugando en la piscina© Getty Images/Image Source

¿Qué riesgos reales existen por el cloro o los microorganismos?

El cloro diluido de una piscina bien cuidada no es tóxico al tragarse; a lo sumo puede irritar las paredes del estómago y provocar náuseas o un vómito aislado. El riesgo real viene de los microorganismos (bacterias, virus o parásitos) que a veces sobreviven al cloro si la piscina está muy masificada. Si se tragan esos gérmenes, lo peor que suele pasar es que a los aparezca una gastroenteritis típica con fiebre, vómitos o diarrea.

¿Qué señales leves pueden aparecer y no deberían alarmar?

Lo normal es que tras el “buche” de agua aparezcan estas señales que no deben preocuparte: una tos inmediata (es el reflejo del cuerpo para cerrar la vía aérea), algún eructo o sensación de gases. Un vómito justo después del trago (por el asco o el agobio). Si a los 5 minutos el niño está corriendo, riendo y pidiendo volver al agua, podemos estar tranquilos.

¿Cuál es la diferencia entre tragar agua y aspirarla?

Esta es la clave de todo: tragar es ir al aparato digestivo (estómago). El agua se digiere y no pasa nada. Aspirar es ir al aparato respiratorio (pulmones). Si el agua entra en los pulmones, irrita el tejido, altera la oxigenación y puede causar problemas graves para respirar. Esto último es lo que médicamente nos preocupa y lo que requiere vigilancia. El agua por la vía normal no ahoga; el agua en el pulmón, sí.

Sobre todo, y lo más importante, es mantener la calma: si tú te asustas, él entrará en pánico y respirará peor

Dra. María Jesús Pascual, jefa del servicio de Pediatría de los hospitales universitarios Vithas Madrid La Milagrosa y Aravaca.

¿Qué medidas sencillas ayudan a que traguen menos agua

  • Usar sistemas de flotación adecuados: Manguitos o chalecos homologados que mantengan su cabeza siempre por encima del nivel del agua.
  • Aprender a soplar: Enseñarles como un juego a hacer "burbujas" con la boca dentro del agua. Si están expulsando aire, es imposible que entre agua.
  • Respetar los tiempos: No forzar los juegos de "ahogadillas" o hundirse si el niño aún no controla bien el juego de aguantar la respiración (apnea).

¿Qué deben hacer los padres justo después?

Sobre todo, y lo más importante, es mantener la calma: si tú te asustas, él entrará en pánico y respirará peor. Luego, sacarlo del agua, sentarle erguido en la toalla. Dejar que tosa: La tos es la mejor defensa del cuerpo para limpiar la entrada a los pulmones. No le golpees la espalda con violencia si está tosiendo con fuerza de forma eficaz. Y observar, ver cómo evoluciona.

Camisetas que salvan vidas: la tecnología antiahogamiento que puede marcar la diferencia este verano© Getty Images

¿Qué señales vigilar en las horas posteriores?

Vigilar una tos que va a más o una respiración fatigosa o rápida, y somnolencia excesiva o comportamiento extraño. Si aparecen, acudir a Urgencias.

¿Cuándo deberíamos preocuparnos de verdad?

Nos preocuparemos de verdad si el agua, en lugar de ir al estómago, se ha desviado hacia los pulmones. Debéis acudir a urgencias si en las horas siguientes notáis:

  • Tos persistente: Una tos que no para, que va a más y que parece "de perro".
  • Dificultad para respirar: Si notáis que respira más rápido de lo normal, se le marcan las costillas, hunde el pecho o ensancha las fosas nasales para meter aire.
  • Cambia de color: Labios o dedos azulados o muy pálidos.
  • Está muy decaído, excesivamente adormilado, "atontado", irritable o no se comporta como siempre.

¿Qué mensaje final daría a las familias?

Que las piscinas son para disfrutar. Que el agua que va al estómago se bebe, no ahoga. Si un niño traga un buche de agua, tose un par de veces y sigue jugando feliz, no le va a pasar nada por la noche mientras duerme. El "ahogamiento seco" no existe como entidad médica silenciosa; si el agua ha entrado al pulmón y le ha hecho daño, los síntomas son claros y visibles.